Mat 5:38-42 No te dejes, me decían, cuando con impotencia lleno de ira dentro de mí me sentía atado por la ley de no ser violento, porque no era lo correcto. ¿Qué debía hacer? ¿reaccionar con ira o violencia? ¿quedarme callado o dejarme pisotear? ¿o acaso existía una tercera opción? A nadie le gusta ceder en sus derechos, ni ser abusados en ninguna manera, pero Jesús nos muestra una actitud superior para enfrentarnos ante aquellas personas injustas y aún sistemas con las que nos hemos de enfrentar. No nos enseña a ser violentos o revolucionarios ni a ser pasivos o meras victimas del mal sino a ser activos en el bien.

La ley del talión no es venganza personal

Casi siempre creemos que vengarnos del otro es justo por lo que la otra nos ha hecho. Muchos judíos veían justificada la venganza personal por la ley del talión  o ley de reciprocidad directa, ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ Para algunos esta es una ley de la barbarie o del salvaje medio oeste pero nada más lejano de la realidad. En primer lugar esta ley de venganza no debía ser aplicada por el afectado sino por los jueces de la ciudad, quienes están autorizados para aplicar justicia y castigo (Ro. 13), el propósito es que la venganza no fuese desproporcionada, cegada por la ira y aplicada brutalmente. Era aplicada contra el ataque físico contra mujeres embarazadas (Éxo 21:23-25) pero también a cualquier persona herida Lev 24:19 “El que cause daño a alguno de su pueblo, tendrá que sufrir el mismo daño que hizo”. El propósito también era generar temor en las personas violentas y que ellas mismas reconocieran que al dañar a otro literalmente se estarían dañando así mismas. La ley del Talión también se aplicaba a aquellos que de forma vil querían acusar a otros falsamente (Deu 19:18, 19). Esta ley no promovía las venganzas personales sino que desalentaba la violencia pues habría remuneración justa por el gobierno. Tomar justicia en nuestra propia mano es indebido pues Dios ha dicho que la venganza y la retribución es suya (Dt. 32:35). El gobierno civil sirve a Dios y está autorizada por él para la aplicación de la venganza temporal.

No resistir al mal sino actuar en amor

La ley prohibía la venganza y el rencor y más bien ordenaba el amar al prójimo:

Lev 19:17,18 “No abrigues en tu corazón odio contra tu hermano. “Reprende a tu prójimo cuando debas reprenderlo. No te hagas cómplice de su pecado.  “No seas vengativo ni rencoroso con tu propia gente. Ama a tu prójimo, que es como tú mismo. Yo soy el Señor.

Jesús no contradijo la potestad del gobierno civil para aplicar castigos justos en caso de año físico o moral sino que corrigió el deseo reactivo de venganza dando a sus discípulos la libertad de accionar con el bien hacia sus enemigos.

Victor Frankl, creador de la logoterapia, siquiatra y neurólogo, pasó 3 años en los campos de concentración nazi sufriendo los abusos e injusticias lo mismo que el resto de sus compañeros judíos que pudieron sobrevivir. Años después se cuenta que se reencontró con otro exprisionero y al oírlo hablar con odio y rencor de los nazis él le responde que tiene malas noticias para él pues a pesar de que la prisión había terminado seguía siendo esclavo de sus deseos de venganza. Frankl descubrió que aunque su libertad física le había sido quitado aún así en su mente tenía la libertad de escoger quien quería ser él. Nosotros podemos ser reactivo ante el mal de los demás o podemos ser libres para escoger accionar con bien.

Jesús nos llama a escoger entre la venganza personal o el amor:

Mat 5:39 Pero yo les digo: No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra.

Cuando Jesús dice que no resistamos al que nos hace mal nos da 4 ejemplos de injusticia y maldad de las cuales sus discípulos podrían llegar a ser presas. Cuando Jesús habla de no resistirnos se refiere a que no procedamos a pagar con la misma moneda.

  1. La bofetada en la mejilla

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Para un judío el ser abofeteado en la mejilla derecha era algo realmente insultante, algo así como si hoy dijésemos el ser escupidos por otra persona. La reacción inmediata sería animosa y del mismo modo agresiva. Es decir, quien pegaba en la mejilla tenía el propósito de provocar a pleito. Jesús nos dice que la mejor forma de mermar el conflicto es humillarnos un poco más nosotros mismos ante nuestro adversario. Pero para esto se requiere tragarse el orgullo y no ser reactivo y conservar en el interior la dignidad de ser quienes somos. Es decir, no dejamos de valer por ser humillados, como tampoco un billete pierde su valor por estar arrugado.

Jesús no prohibe refugiarnos en las autoridades ante quienes nos dañan físicamente o defendernos ante quienes ponen en peligro nuestra integridad física o la vida misma, sino que está hablando de aquellos que gustan de humillar a otros pensando que al hacerlo son superiores. Esto tampoco contradice la justicia divina.

En 2 S. 16:5-13 cuando David huía perseguido por su hijo Absalón, Simei descendiente de su enemigo Saúl empezó a mal decirle aventándole piedras y llamándole sanguinario. Uno de sus generales pidió a David permiso para matarlo ante lo cual David dijo que no lo hiciera pues tal vez Dios lo enviaba. El lo aceptó de buena gana pensando que al ver Dios que al aceptar su humillación lo bendeciría. Eso significa poner la otra mejilla, estar dispuestos a la humillación justa y estar dispuestos a la injusta confiando en que Dios cambiará la maldición en bendición.

Jeremías escribió luego de la destrucción de Jerusalén que bueno le es al hombre someterse y humillarse cuando el Señor se lo impone y Lam 3:30 “debe ofrecer la mejilla a quien le hiera, y recibir el máximo de ofensas.” Esto es porque al hombre le sobra orgullo y autosuficiencia pero si aprendiese la lección no será quebrantado. No obstante Lam 3:31 “El Señor no ha de abandonarnos para siempre”, pues el vendrá a salvarnos del mal que nos aqueja.

Cuando Jesús fue golpeado en la mejilla en el juicio ante sus enemigos no devolvió literalmente la otra mejilla pero sí corrigió al soldado con dignidad  Jua 18:23 “Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?” Jesús estaba ante el tribunal y lo que más se espera en él era justicia y no la venganza personal como la que sus enemigos hicieron a mitad de la noche. Sin embargo, el no buscó venganza personal. Cuando sus discípulos fueron ofendidos por los samaritanos por no dejarlos entrar le pidieron hacer descender fuego del cielo, pero su respuesta fue reprenderlos porque él vino a salvarlos y no a perderlos (Lc. 9:51-56)

Vencer el mal no es vencer al otro sino que Cristo venza en nosotros y sea glorificado al hacer el bien.

2. Demanda y despojo

Mat 5:40 Si alguien te demanda y te quiere quitar la camisa, déjale que se lleve también tu capa.

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La vestimenta de los judíos consistían de un manto y una capa, una ropa interior y otra exterior, es como si hoy dijéramos si te quieren quitar la camisa dales también el saco, o al revés si te quieren quitar el saco dales la camisa lo cual sería más humillante. La RVR dice “si alguien quiere ponerte a pleito” lo cual implica un litigio o juicio.

En Israel el manto servía para cubrirse del frío de las noches y por tanto no podía ser quitado a las personas. La ley decía:

Éxo 22:26,27 Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás. Porque sólo eso es su cubierta, es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿En qué dormirá? Y cuando él clamare a mí, yo le oiré, porque soy misericordioso.

Una persona podría ser tan pobre que lo único que podía dar por un pago era su propio vestido. En verdad que hay gente abusiva en este mundo que buscan quitarnos lo poco que tenemos y el creyente debe responder aún con generosidad al darle más de lo que se le pide. ¿Cómo es posible? Por obediencia y por fe en un Dios que ha prometido ser misericordioso con el pobre y un Dios que proveerá al justo.

Podríamos entablar una disputa legal para defendernos. En 1 Co. 6 Pablo habla contra un par de hermanos que entablaron una demanda legal en un tribunal de gente incrédula, no cristiana, pero Pablo les dice que esto debieron haberlo solucionado en un tribunal de hermanos sabios de la iglesia, luego les dice, 1Co 6:7 “Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?” Un juicio puede terminar en pleitos y rencores con los que damos mal testimonio. Aunque Cristo no está en contra de ir a juicio, muchas veces para un cristiano es preferible sufrir el agravio aún cuando se esté cometiendo un fraude contra nosotros.

Jesús desde la cruz veía como los soldados se disputaban por su manto, mientras él estaba desnudo en la cruz padeciendo la injusticia del hombre pero cumpliendo con la justicia que por nuestros pecados se demandaba. Pero resucitó al tercer día vestido de gloria y magnificencia y vive para siempre.

3. Obligación militar

Mat 5:41 Si te obligan a llevar carga una milla, llévala dos.

soldados romanos

Este tercer ejemplo de no resistencia se refiere a que en aquel tiempo la autoridad romana obligaba por ley a cualquier persona transportar una carga hasta una milla de distancia, es decir, en cualquier momento podía ser solicitado para prestar servicio militar sin previo aviso. Esto era molesto. Por ejemplo, Simón de Cirene fue obligado por los soldados a llevar la cruz de Cristo (Mt. 27:32) y él no podía negarse.

Obviamente esto generaría ira y molestia en las personas. No precisamente deseos de venganza pero sí de animosidad contra el régimen. Cristo dice que la acción del discípulo debe ser de amabilidad y generosidad ofreciéndonos a hacer más de lo dispuesto pues de este modo no solo no nos sentiremos abusados en nuestra libertad sino que actuaremos en proactividad.

4. Peticiones y prestamos

Mat 5:42 A cualquiera que te pida algo, dáselo; y no le vuelvas la espalda al que te pida prestado.

pedir

De nuevo este no sería un caso donde la venganza sea una reacción general pero sí el resistirnos ante un posible fraude o abuso. En los casos anteriores no había opción contra el malo pues el abuso era sí o sí, en este caso tenemos la libertad de escoger. Cristo nos ordena elegir la generosidad. Cuando alguien nos pide algo no nos gusta dárselo a menos que se lo merezca como un pago o que veamos la necesidad, pero es que la verdad tenemos muchas dudas de los demás. No confiamos en quien nos pide o nos presta porque creemos que no nos lo devolverán. Es decir, tendemos a ser mezquinos. Nuestro corazón se va cerrando ante los casos de personas que se han quedado con cosas nuestras. El problema es con esos que no nos pagan o devuelven. Esa molestia que se genera en nuestra corazón y que hace rehuir del pobre y del necesitado revela la miseria de nuestro corazón. Cristo nos invita a ser generosos y amables con los demás.

Nota: Es importante aclarar que Cristo no está estableciendo leyes rigurosas sino que está esbozando principios generales que deben ser aplicados con sabiduría. Por ejemplo, no tiene sentido común darle todas nuestras posesiones al que nos lo pida. Tampoco dar dinero a quien sabemos que lo usará para hacerse daño con drogas o alcohol, pero sí podemos ayudarle con comida u hospedaje lo cual sí es amoroso.

Alguien dijo “Todos reaccionamos aguijoneados por un hondo sentido del derecho cuando creemos lesionados nuestros derechos”. ¡Cuánto cuesta ceder para poder mostrar a Cristo!

Conclusión:

Cuando no entendía estas palabras pensé que Jesús enseñaba a ser un trapo que podía ser pisoteado pero ahora veo que lo que enseñó es sobre como ser grande, sobre como volar sobre el espíritu ruín de la gente mala. Jesús dijo: Nadie me quita la vida sino que yo la pongo. Semejante actitud es la que Cristo quiere que tengamos, que nadie nos quite nada sino que nosotros lo ofrezcamos en bien a los demás. Esto requiere madurez y una gran medida de amor, saber quienes somos y reconocer que Dios nos ha puesto para alumbrar y no ser parte de las tinieblas.

Hoy vivimos en el día de salvación pero viene el día de venganza (Is. 61:1-3). Por tanto, hoy somos llamados a ser agentes de bien para la salvación de las personas hasta el día en que Dios proceda a arrancar toda semilla que él no plantó.

Vencemos el mal con el bien y dejando la venganza al que dijo mía es la venganza. La mezquindad, la injusticia y el abuso solo podrá triunfar temporalmente pero el bien que nosotros hagamos tiene recompensa, glorifica a Cristo y convence a los incrédulos más que mil luchas y batallas.

Rom 12:17-21 No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.