Jesús dijo a un maestro judío llamado Nicodemo “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Jn. 3:3. Con esto Jesús estaba asegurando que sin importar que él fuera maestro de Israel, que fuese judío y que tuviera una religión necesitaba un cambio interior por la obra del Espíritu. Ni todas sus creencias o rituales podían darle entrada al reino si no tenía esta experiencia.

Este nuevo nacimiento es espiritual, no físico (Jua 3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.) y es del agua y del Espíritu (Jua 3:5 … el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.)

Pero ¿Qué significa nacer del agua y del Espíritu? veamos:

En el Antiguo Testamento Dios había ordenado practicar ciertos lavamientos con agua para quitar las inmundicias de la carne. Una forma de inmundicia era la lepra, y cuando esta se sanaba aún así requería de un rito de purificación, Lev 14:8 “Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con agua, y será limpio;” También lea Lev. 15 para ver diversos ritos de purificación en caso de impureza por algún tipo de flujo en el varón y en la mujer.

Los judíos habían añadido otros tipos de lavamientos a los ordenados por Moisés en sus tradiciones,

Mar 7:3 Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. Mar 7:4 Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos.

Ellos consideraban que al observar estos ritos de alguna manera se mantenían puros ante Dios, pero Jesús les llamó hipócritas y mostró que independientemente del lavado externo requerían una limpieza interna. Mat 15:18 “Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.” Es decir, el pecado una vez manifestado produce una contaminación espiritual que requiere limpieza pero el agua física no puede lograr.

Por tanto las aspersiones de agua no tenían poder para limpiar el corazón del pecado sino que eran un medio didáctico que mostraba la necesidad del ser humanos de la limpieza del pecado. El escritor de Hebreos lo explica:

Heb 9:9 Esto nos ilustra hoy día que las ofrendas y los sacrificios que allí se ofrecen no tienen poder alguno para perfeccionar la conciencia de los que celebran ese culto.  Heb 9:10 No se trata más que de reglas externas relacionadas con alimentos, bebidas y diversas ceremonias de purificación, válidas sólo hasta el tiempo señalado para reformarlo todo.

Tres acciones Dios llevaría a cabo con los judíos que se habían contaminado con toda clase de crímenes, pecados e idolatrías profetizó Ezequiel:

  1. Limpieza con agua pura: Eze 36:25 “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.”
  2. Darles un nuevo corazón y espíritu para hacer su voluntad: Eze 36:26 “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.”
  3. Poner en ellos su Espíritu para cumplir su Palabra: Eze 36:27 “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.”

Estas tres acciones correspondientes se debían que aunque Israel había tenido la ley la cual incluía mandamientos morales escritos en piedra, ceremonias y rituales de purificación y expiación hasta el momento habían resultado ser ineficaces en su tratamiento con el pecado del pueblo. Ellos necesitaban una obra interior y Dios prometió realizarla.

Por lo que nacer de nuevo es ser renovado interiormente, es decir, en el espíritu y el corazón para obedecer la Palabra de Dios. Del mismo modo el profeta Jeremías anunció que Dios haría un nuevo pacto que no estaría basado en leyes escritas en piedra sino en el corazón y la mente (Jer. 31:31-34).

El nuevo nacimiento, también se le llama regeneración, nacer del agua y el Espíritu, nueva creación o nacer de lo alto, porque del mismo modo que Dios hizo la primera creación mediante el Espíritu ahora ha comenzado a hacer una nueva la cual no pasará.

Entonces ¿qué es nacer del agua y del Espíritu? Es una misma experiencia interior mediante la cual el Espíritu limpia interiormente al hombre de los pecados e implanta en él una nueva naturaleza para hacer lo que a Dios le agrada.

Cuando David cometió adulterio confesó que era pecador desde el nacimiento (Sal 51:5 He aquí, en maldad he sido formado,) por lo cual pidió ser lavado por Dios pero no con agua física (Sal 51:2 Lávame más y más de mi maldad, y limpiame de mi pecado) y purificado pero no con sangre de animales, Sal 51:7 “Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve.”  El hisopo era una planta usada en ritos de purificación para personas o cosas contaminadas para esparcir sangre y otros elementos (Lev. 14). David dijo “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí” Sal. 51:10. Él le pedía a Dios que fuera regenerado o transformado en su interior mediante el agua y el Espíritu.

Pablo dijo “nos salvó,… por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cuál derramó en nosotros abundantemente…” Tit 3:5,6. Nacer del agua y del Espíritu es experimentar un lavamiento espiritual que regenera el alma, es decir lo pone como nuevo. Notemos que el agente que se encarga de esto es el Espíritu Santo “el cual derramó abundantemente”. El Espíritu es simbolizado como agua que se derrama sobre su pueblo.

  • Isa 44:3 Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación,
  • Joe 2:28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne,..
  • Jua 7:38,39 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él;…

El Espíritu opera esta limpieza mediante la Palabra, “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” Jua 15:3, además la Biblia dice que somos renacidos por la Palabra “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” Stg 1:18 (Cfr. 1 P. 1:23).  Pablo dice que Jesús se entregó por la iglesia “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,” Ef. 5:26.

Algunos han creído que nacer del agua es renacer por medio del bautismo en agua. No obstante cuando leemos Hechos 2:1-13 vemos personas que ya habían sido bautizadas y recibieron el Espíritu en Pentecostés, en Hechos 10:44-48 vemos personas que Dios bautizó con su Espíritu y luego fueron bautizadas en agua y en Hechos 19:1-7 los discípulos de Efeso fueron bautizados en agua luego de oír el evangelio y luego recibieron el Espíritu Santo. Pablo pregunta Gál 3:2 “… ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?” Por tanto, la regeneración es operado al momento de creer y no meramente en el bautismo en agua. No obstante, debido a que la práctica del Nuevo Testamento era bautizar de inmediato a las personas cuando manifestaban su fe, es común decir que el día de su bautizo nacieron de nuevo. Col 2:12 “sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.” Por sí mismo el bautismo no puede operar regeneración en las personas porque se requiere de la fe en Cristo y del arrepentimiento pero el bautismo es un símbolo exterior de aquello que el Espíritu opera internamente.

Todo aquel que está en Cristo es una nueva criatura (2 Co. 5:17), tiene una nueva naturaleza. Esta nueva naturaleza es llamada la simiente (semilla) de Dios (1 Jn. 3:9) la cual hace que él ya no pueda practicar el pecado pues nos imparte la naturaleza de Dios (2 P. 1:4). En 1 Juan 2:29; 3:9; 4:7; 5:1, 4 y 18, algunos de los resultados de la nueva vida incluyen la justicia, no practicar el pecado, amarse el uno al otro, y vencer al mundo.

Y tú ¿ya experimentaste es el nuevo nacimiento del agua y del Espíritu? ¿Qué necesitas hacer? Oye el evangelio de salvación y créelo, clama por regeneración como hizo David (Sal. 51) y confiesa tus pecados (1 Jn 1:9), “él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”