En este mundo hay mucho odio y rencor. Vemos enemistades entre naciones, razas, familias, vecinos e incluso entre padres e hijos, esposos y esposas. ¿Qué debemos hacer con aquellos que nos atacan y nos odian sin causa alguna? La respuesta del Dios de amor es no perpetuar el mal sino vencerlo mediante el amor en acción. Pero cuán complicado se nos hace, le buscamos muchos razonamientos para justificar nuestra repulsión hacia quien nos hace daño y por ello Jesús nos dedica estas palabras.

Al igual que nosotros los escribas del tiempo de Jesús habían buscado justificaciones para actuar con odio al enemigo, ellos habían interpretado Lv. 19:18 “amarás a tu prójimo como a ti mismo” como diciendo amarás solo a tu projimo y además, tu prójimo es tu familia, tu pueblo y tus seres queridos, no tus enemigos. Dt. 10:19 decía “amarás al extranjero” pero pasajes como Sal. 139:21,22 no ordenan odiar al enemigo pero dan el ejemplo de David quien dijo “odio… a los que te aborrecen”, aún así el salmo termina diciendo “examíname,… y ve si hay en mí camino de perversidad y gúíame por el camino eterno” con lo cual deja este sentimiento a corrección.

Jesús dijo Mat 5:43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Mat 5:44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

Jesús dijo “amad al enemigo”: El amar es un verbo que se conjuga, es más que un sentimiento. Significa buscar y hacer el bien por la persona que nos tiene en este caso como objeto de su odio personal. Hay por lo menos tres formas en que este amor al enemigo se puede expresar:

  1. Bendecid a los que os maldicen: Un enemigo podría ser alguien que nos maldice, que desea toda clase de mal contra nosotros y nos lo declara. La reacción natural es pronunciar maldiciones aún más terribles contra esa persona. Jesús mismo nos dio el ejemplo en la cruz, 1Pe 2:23 “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;”. La reacción del cristiano debe ser el bendecir, hablar bien acerca de la persona, responder con amabilidad y cortesía.
  2. haced bien a los que os aborrecen: Mientras que los que nos aborrecen procuran hacer daño contra nosotros nosotros debemos responder haciendo bien hacia ellos. Pablo dice Rom 12:17, 20 “procurad lo bueno delante de todos los hombres,…Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.” Éxo 23:4,5 “Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo. Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás sin ayuda? Antes bien le ayudarás a levantarlo.”
  3. orad por los que os ultrajan y os persiguen: Jesús oró desde la cruz por los enemigos que lo estaban crucificando “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34), también vemos a Esteban el primer mártir de la iglesia al ser apedreado y a punto de morir diciendo “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (Hch. 7:60).

Aunque David dijo odiar a los que aborrecían a Dios (no a él), vemos que cuando fue perseguido por el rey Saúl sin causa alguna (1 Sa. 24), le perdonó la vida y pensó lo mejor acerca de él, también dijo “mi mano no será contra ti” y lo llamó “el ungido de Jehová” a pesar de estar alejado de la voluntad de Dios. Su verdadero amor hacia su enemigo se vio en que cuando Saúl murió no celebró sino lloró por él (2 Sa. 1).

Al amar al enemigo nos parecemos al Padre

Mat 5:45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

Ya había dicho Jesús en las bienaventuranzas Mat 5:9 “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” ¿Cómo será conocido una persona de ser un hijo de Dios? al parecerse a su Padre Efe “5:1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.” En su forma de ser Dios no solo hace salir el sol y deja caer la lluvia sobre los buenos y los justos sino también sobre los malos y los injustos. La orden de amar al enemigo está basada en la imitación del Padre celestial

Deu 10:17-19 Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho; que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.

Al amar a los enemigos nos distinguimos de los publicanos y gentiles

Mat 5:46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Mat 5:47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?

Amar a los que nos aman no tiene nada de extraordinario. Eso lo hacen los pecadores. Los publicanos eran los recaudadores de impuestos que eran considerados ladrones de cuello blanco y los más repudiados de la sociedad y los gentiles eran los no judíos, personas que no conocían ni la ley ni la voluntad de Dios. Es decir, cualquiera ama a sus amigos, se saludan entre ellos, se devuelven sus favores

Luc 14:12-14 Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.

Por tanto, otra razón para amar al enemigo es que un día serás recompensado por lo que hagas por aquel que te odia o es tu enemigo.

Jesús termina esta sección diciendo, Mat 5:48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. La perfección que Dios demanda de nosotros va en varios niveles. Debemos ser perfectos en el amor hacia los demás, no en un amor parcial sino hacia todos incluso a nuestros enemigos. También debemos ser perfectos en el guardar los mandamientos de Dios en el sentido pleno que nos lo indica esta sección (Mt. 5), sin añadirle y sin quitarle, con fidelidad, en la forma externa pero mucho más en la interna. Por último debemos ser perfectos en amor, bondad, santidad, justicia,… porque Dios es nuestro modelo y nuestro Padre.