Continuando en el tema sobre las prácticas religiosas que los fariseos tergiversaban y daban mal ejemplo a la gente Jesús se refirió a la oración. Los discípulos de Cristo no deben ser como los hipócritas. En la antiguo Grecia un hipócrita era un actor teatral y luego tomó una connotación negativa para referirse a los que fingen ser algo sin serlo en verdad. Jesús advirtió sobre aquello que en aquel momento era evidente en el comportamiento de los fariseos:

Mat 6:5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

Jesús no está condenando la oración en pie en los templos o al aire libre, él mismo oró en público y los apóstoles oraban en el templo como vemos en el libro de Hechos. A lo que a Cristo le desagrada es hacer exhibición de la espiritualidad para recibir alabanza de los hombres. La recompensa que ellos reciben es la de la admiración temporal de las personas aquí en la tierra pero no de parte de Dios.

Contrario a esto Jesús aconsejó tener una vida privada e íntima de oración:

Mat 6:6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Jesús aconsejó que si uno quiere recibir recompensa celestial debe uno buscar al Señor en secreto, encerrarse en el cuarto para ser vistos por el Padre en lo secreto. La oración es una práctica que aunque puede llevarse a cabo en público será hueca y solo aparente si no se lleva una vida de oración íntima y personal la cual nadie más puede ver, pero sus resultados se dejarán ver al final.

Por otro lado Jesús advirtió contra el uso de vanas repeticiones en la oración:

Mat 6:7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. Mat 6:8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

De nuevo, Jesús no estaba diciendo que no debemos repetir una oración varias veces, él mismo oró tres veces en el huerto de Getsemaní, Mat 26:44 “… se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.” Lo que Jesús rechazó fue la vana repetición, el uso de palabras inútiles, que los gentiles practicaban pensando que por su palabrería serían oídos, es decir, que entre más hablaran serían oídos. Hay personas que piensan que la oración es más efectiva entre más palabras uno diga, pensando que de alguna forma Dios se impresiona.

Más bien Jesús pide que sus discípulos confíen en Dios. El conocimiento de nuestras necesidades de parte de Dios es anterior incluso a que nosotros lo podamos expresar en palabras. Esto deja una pregunta, si Dios ya sabe lo que pediré ¿para qué oro? La razón es que la oración es una vía de comunicación de los hombres hacia Dios pero tiene la finalidad de ser sencilla y no algo muy complejo. Esto implica que la oración debe ser algo del corazón y no con palabras meramente aprendidas, pero sí cosas dichas con honestidad en la confianza que Dios aunque ya sabe quiere que se las digamos.

La oración puede ser vana o inútil en verdad si no lleva buenas actitudes del corazón, hoy vimos dos importantes, primero, debemos hacerlo para ser vistos por Dios mediante una búsqueda secreta de su respuesta y segundo mediante una confianza sencilla y genuina hacia el Padre.