Los medios nos dicen que no podemos ser felices si no tenemos lo que nos ofrecen. ¿te has sentido triste al ver algún programa porque no tienes lo que otros tienen? El problema no es que no tenemos sino que deseamos más.

Ningún tribunal humano condena la codicia porque es difícil de determinar quien la tiene y porque parece no afectar a nadie más, sin embargo Dios sí lo hace porque él conoce el corazón y a él le afecta y le ofende.

La codicia es hermana de la envidia y los celos. La codicia quiere lo que no alcanza. La envidia desea lo del otro y le hace feliz si este no lo tiene. Los celos, no quieren perder lo que tienen.

La codicia es el comienzo de casi todo pecado que es cometido por nosotros. Santiago dice:

Stg 1:14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia (malos deseos del corazón) es atraído y seducido. Stg 1:15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. (paréntesis mío)

Santiago nos habla del proceso de la tentación y el pecado. Primero nos dice que el corazón es codicioso (concupiscente) de cosas o personas. Esto es lo que genera la atracción o seducción a cosas prohibidas. El pensamiento se incuba y llega a dar a luz el pecado, es decir, la acción. El robo es consecuencia de la codicia del dinero que surgió en el corazón, el adulterio es consecuencia de la codicia de sexo por parte de una persona y que llegó a concretarse.

El primer pecado cometido por el hombre fue producto de la codicia de nuestros primeros padres:

Gén 3:6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

Eva yel fruto

Dios había dado todos los árboles del huerto para comer excepto uno (Gn. 2.16,17). El diablo con su engaño hizo ver a Dios como un ser egoísta que no quería que ellos fueran como él. Cuando una persona es tentada a codiciar algo se fija en el objeto prohibido y pierde de vista todas las cosas que Dios ya le dió. La codicia es un ataque contra la dependencia en la bondad de Dios. Hoy en día el mundo nos presenta cosas prohibidas por Dios las cuales nos son presentadas por Satanás encubiertas de buenas y deseables cualidades.

Juan nos dice

1Jn 2:16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 1Jn 2:17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

  • Deseos de la carne: referente a aquello que físicamente nuestro cuerpo desea, tanto el hambre como la sensualidad, el descanso, etc.
  • Deseos de los ojos: se refiere a todo aquello que estéticamente se ve bonito, a esa envoltura que nos atrapa.
  • Vanagloria de la vida: orgullo humano que nos lleva a desear para que los demás vean que tengo y puedo.

Todas las cosas del mundo son buenas en sí mismas pues Dios las hizo buenas (Gén. 1), el problema es cuando estas se convierten en nuestro centro, en nuestro dios, el problema es cuando las usamos fuera de tiempo y por las razones equivocadas. El sexo no es algo malo si se usa dentro del matrimonio, por ejemplo. Tampoco el dinero es malo si nos sirve como un medio de subsistencia y no ponemos la esperanza en ello.

El décimo mandamiento dice: Éxo 20:17 “No codicies la casa de tu prójimo: no codicies su mujer, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca.” Este mandamiento prohíbe el deseo de todo aquello que le pertenece a nuestro prójimo. Los otros mandamientos prohíben acciones pero este nos prohíbe deseos. Dios no prohíbe desear cualquier cosa sino lo del prójimo:

  • La casa: seguridad
  • Esposa: matrimonio
  • Siervos: ocio
  • Animales: riqueza y posición

Antes de entrar a la tierra prometida Dios dijo a los israelitas: Deu 7:25 Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios;

Los paganos habían puesto lo mejor de sus metales en sus dioses falsos. Dios no solo deseaba que ellos eliminaran estos falsos dioses sino también su oro. Esto no era nada sencillo para personas que en toda su vida habían visto tanto dinero.

Pablo dice que la avaricia es idolatría (Col. 3:5). La avaricia es la codicia del dinero o de las posesiones materiales y esto llega a ser un dios que compite por el corazón del hombre.

Acán no obedeció esta orden según nos dice,

Jos 7:21 “Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.”

Él dice vi, codicié y tomé. Este es el proceso que sigue el pecado de la codicia y cuyas acciones pueden traer consecuencias funestas para nosotros y nuestras familias.

Recordemos también la ocasión en que Israel tuvo hambre en el desierto y comenzaron a codiciar la comida de Egipto y a quejarse del maná que Dios les había dado (Nm. 11). No es que Dios no quisiera darles carne pero su enojo vino contra un pueblo malagradecido, incrédulo y codicioso. Por este pecado Dios aunque les concedió tener carne de aves que milagrosamente bajaron del cielo perecieron al comerla.

A veces, tal y como vemos con Israel codiciando carne, nuestras oraciones oraciones pueden estar basadas en la codicia y en la avaricia y por eso Dios no nos responde.

Stg 4:2 Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Stg 4:3 Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

Imagínemonos que Dios contestara las peticiones codiciosas de los que desean riquezas, placer y fama, sería algo caótico y destructivo, pero Dios mira el corazón y la intención de lo que pedimos.

Hay un montón de cosas que el hombre desea pensando que si las tuviera sería feliz, pero cuando las llega a tener se siente harto de ellas. Ecl 2:10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena.

Salomón tuvo diversión, muchísimas mujeres (300 esposas y 700 concubinas), riquezas, fama, posesiones, placer, la mejor casa, los mejores sirvientes la mejor comida y al final halló insatisfacción. Él escribió, Ecl 5:10 El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.

De los israelitas codiciosos se nos dice, Núm 11:33 Aún estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese masticada, cuando la ira de Jehová se encendió en el pueblo, e hirió Jehová al pueblo con una plaga muy grande. Los malos deseos no duran nada, pues el quebranto y la satisfacción temporal es su consecuencia.

Hay un montón de cosas que pueden desearse sin que sean pecado, incluso la palabra codicia puede usarse para lo bueno o lo malo. En el libro de Cantares se nos habla de la codicia a la pareja, se nos exhorta a desear la Palabra, y Pablo dice que desear ser obispo es un buen deseo, tener algo no es pecado si es noble y justo.

Pablo dice que uno debe apartarse de personas que toman la fe como fuente de ganancias 1 Ti. 6:5. 1Ti 6:6 Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento. La verdadera riqueza es la piedad. Dios no está en contra de que deseemos sino quiere que deseemos lo que vale la pena, lo eterno. Como aquel hombre que por el tesoro que encontró vendió lo que tenía (Mt. 13:44, 45)

Acompañada de contentamiento: contento con lo mucho o lo poco. La felicidad no depende de la cantidad. 1Ti 6:7 porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 1Ti 6:8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Podemos estar contentos con lo básico, pero eso no significa que no tengamos sueños y deseos, el punto es que no podemos estar infelices. No podemos pensar que seremos felices cuando lo tengamos. ¿Estás contento ya con lo que tienes ahora?

1Ti 6:9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición. El diablo tienta y pone trampas a los codiciosos y los llevan a la ruina. O sea que en la búsqueda de más termina perdiéndolo todo. Séneca dijo “el dinero no ha hecho a nadie rico” Ecl 5:11 Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos? 1Ti 6:10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Uno puede perder la fe en la búsqueda de las riquezas, puede acabar teniendo problemas y sufrimientos. Jesús dijo Mar 4:19 pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

1Ti 6:11 Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.

Cristo fue tentado en el desierto por el diablo mediante la comida, los reinos del mundo y la fama pero el venció al anteponer la voluntad de Dios, confiando en él y mediante un corazón de adoración al Padre.

Los deseos codiciosos solo pueden ser cambiados al sustituirlos por un deseo mayor o mejor. Heb 13:5 Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré. Por tanto, amemos a Dios y demosle gracias por sus bendiciones con la confianza de que Dios nos dará todo aquello que necesitamos.