Sin duda que los tiempos son difíciles y lo malo es que el cielo negro no augura cosas mejores para el futuro. Se necesita de una buena actitud en estos tiempos difíciles que vivimos porque sin la fuerza del ánimo el ser humano no tiene sentido para vivir. Pero no es por un positivismo hueco que el cristiano puede tener buena cara en los malos tiempos de la vida sino que hay razones fundamentadas en una esperanza viva.

Hoy hablaremos de lo que Pedro y Santiago nos dicen de por qué podemos levantar nuestra cabeza cuando las cosas no marchan nada bien. Santiago medio hermano de Jesús fue muy directo al escribir hace casi dos mil años:

Stg 1:2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas,

Los creyentes tenemos el deber de regocijarnos al atravesar diversas pruebas de la vida. El abanico de pruebas puede incluir adversidades, problemas, tentaciones, pruebas de amor y fidelidad relacionados con toda área de la vida.

La prueba usualmente produce preocupación y tristeza en nosotros como seres humanos. Es lo más natural. Santiago nos dice que tenemos la opción de tener una actitud diferente la cual es de la dicha espiritual. El gozo cristiano no es felicidad o deleite espúreo sino una seguridad de saberse en los caminos y en la voluntad de Dios más allá de todo dolor humano.

Es importante que los cristianos reconozcamos que las pruebas son parte de la normalidad de la vida. Es decir, no por ser cristianos estaremos ausentes de ellas, y no siempre la oración hará que las pruebas se quiten de inmediato. Pedro dice:

1Pe 4:12 Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese,

Si no nos debe sorprender el mal tiempo de la prueba significa que no deberíamos preguntarnos por qué nos pasa a nosotros. Es cierto que no todos pasamos por las mismas cosas en la vida pero no nos extrañemos que algunas cosas malas de la vida vengan a nosotros por el hecho de que estamos en un mundo caído.

Pedro continúa diciendo: 1Pe 4:13  Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también se llenen de alegría cuando su gloria se manifieste.

Pedro nos dice que el gozo nos debe venir del honor de participar juntamente con Cristo en este tiempo de humillación para que en su venida también nos gocemos con él en el día de su exaltación. Estas no fueron palabras dichas al aire sino que fueron vividas por los apóstoles. Después que fueron azotados por predicar sobre Jesús, Lucas nos dice Hch 5:41 Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.

En otra porción de su primera carta Pedro dice:

1Pe 1:6 En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas,

Nos alegramos en Cristo y en su salvación venidera, pero ese gozo se mezcla con una aflicción temporal pero real que tenemos en el mundo. ¿Cómo podemos estar tristes o deprimidos si sabemos que todo puede fallar pero menos su Palabra? No podemos caer en desesperanza si sabemos que Cristo no cambia jamás (Heb. 13:8).

El propio Hijo de Dios nos dio ejemplo de una actitud superior en las pruebas, Heb 12:2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

La expectativa de la recompensa nos lleva a afrontar la vida con valor y decisión como Cristo el triunfador. No se trata de un amor al sufrimiento, o que pensemos que el sufrimiento por sí mismo tiene mérito, sino lo que tiene mérito es que no importa la situación que pasemos lo podemos vencer por la fe en Cristo.

1Pe_1:7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,

Es interesante que Pedro diga que la prueba es como un fuego. Un fuego puede ser destructivo y consumir cosas a su paso, pero también puede ser purificador si se trata de metales. La prueba purifica la fe de los elementos desagradables y hace que el brillo se vea más claro. La verdadera fe es oro, la prueba no puede producir fe pero hace que la fe que hay en nosotros se manifieste y brille con el fruto del Espíritu en nosotros.

Ahora regresemos a Santiago. El nos dice que nos gocemos: Stg 1:3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

No puedes sentir gozo si ignoras el efecto de las pruebas en tu vida. La fe probada produce paciencia, (hupomoné), aguante, resistencia en el sufrimiento, dureza, firmeza, constancia. Es decir, las pruebas nos hacen fuertes.

La paciencia no es mera resignación pasiva sino perseverancia activa. Es cuando decidimos luchar contra la corriente, cuando nos disponemos una y otra vez a levantarnos, cuando con paciencia manifiestas amor y fe. Cuando puedes ser amable y bondadoso con los demás a pesar de ello. La paciencia o constancia se requiere para ganar una carrera, para vencer. Jesús dijo: Con paciencia ganaréis vuestras almas (Lc. 21:19)

La prueba nos obliga a actuar de cierta forma que de otro modo no tendríamos. Algunos eligen renunciar y pierden el efecto del proceso a otros no les queda más remedio que continuar y en el proceso se vuelven fuertes.

Volvernos en gente paciente y fuerte es motivo de gozo porque nuestra vida no consiste ni en la abundancia de las posesiones, ni en el placer sino en la conformación de nuestro carácter a imagen de Cristo (Ef. 4:13). Dios no nos felicitará por la comodidad vivida, ni por la fama, ni por el éxito, ni por el deleite temporal sino por las cualidades que logramos desarrollar en la tierra haciendo en el proceso su voluntad en medio de diversas pruebas vividas. Eso es oro para Dios.

Santiago nos pide que para que el gozo sea completo:

Stg 1:4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

Si cortamos el proceso no lograremos que la herida se sane, si dejamos de construir la casa quedará a medias, si nos rendimos no llegaremos a la meta. Debemos permitir que el efecto completo se logre en nosotros.

Esa fortaleza espiritual que Dios desarrolla por las pruebas debe llevarnos a la perfección y dejemos que trabaje en cada parte, llevándonos a una madurez completa.

Las palabras completa y perfectos son la traducción de la palabra griega teleios y puede significar completo o cabal, perfecto y maduro. En verdad que la madurez es el fruto de una vida disciplinada. Pero una vida disciplinada es lograda por un individuo que ha entendido el por qué de levantarse cada mañana para ir a entrenar, de por qué renuncia a ciertas comidas y diversiones, todo por un gozo que está puesto al frente de él.

No podemos apurar a la perseverancia. Necesita tiempo. Por ejemplo, un paciente recibe de su médico las noticias alentadoras de que su pierna fracturada se está curando satisfactoriamente. El doctor visita diariamente al paciente y cada vez le dice prácticamente lo mismo. El paciente se da cuenta que debe obedecer las órdenes de no apoyar peso sobre la pierna herida, aun cuando la misma esté sostenida por un yeso. El proceso de curación debe recorrer su curso normal. Si el paciente pone fin a este proceso abruptamente, el resultado sería desastrozo. Pablo le pidió al Señor que quitase el aguijón de su carne, “Tres veces rogué al Señor que lo quitase de mí”, escribe Pablo, “pero él me dijo, ‘Mi gracia es suficiente para ti, porque mi poder se perfecciona en la debilidad’ ” (2 Co. 12:8–9). Nótese el término perfecto, ya que Santiago utiliza la misma palabra. “Que la constancia tenga su perfecto resultado” (BdA). Es decir, no interfieras con el plan de Dios para tu vida. Persevera durante tus dificultades, para que la obra que Dios ha comenzado en ti sea llevada a su culminación. De ese modo oró David en uno de sus salmos:

El Señor cumplirá su propósito acerca de mí; tu amor, oh Señor, permanece para siempre— no abandones las obras de tus manos. [Sal. 138:8]

Conclusión:

Al mal tiempo buena cara es un buen dicho para los creyentes que creen en la soberanía  de Dios y en su bondad esencial, para los que confían que Dios tiene un propósito en toda circunstancia (Ro. 8:28) y este propósito es hacernos como Cristo.

Si podemos ver la recompensa al final del camino tanto en lo que se logra en nosotros, al ser moldeados por las manos divinas en el fuego de la prueba podremos dar gracias porque Dios no nos deja, y podremos sonreir por la seguridad que reposa en nuestros corazones con la firme ancla de la esperanza que traspasa el cielo (Heb. 6:18,19).

Desde la cárcel, en medio de los momentos más difíciles, el gran apóstol Pablo nos escribió a los que a veces nos vence la frustración, la queja y el desconsuelo Flp 4:4 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

Como diría un evangelista ya fallecido llamado Yiye Avila: Sonríe, Cristo te ama.