Babilonia fue el instrumento que Dios usó para castigar a Israel y a las naciones pero no quedaría sin castigo por sus pecados. Cuando Jeremías dio esta profecía Babilonia era el imperio más grande del mundo, el más poderoso, el más glorioso.

Jeremías anuncia la toma de Babilonia lo cual sucedió en el 539 a.C. Sus dioses Bel y Marduc serían deshechos y confundidos (Jer. 50:2) pues no podrían frente a sus adversarios los medo persas los cuales vendrían del norte (v. 3).

Dios anuncia el regreso de su pueblo (vv. 4- 10)

Dios anuncia que en aquel día (de la caída de Babilonia) los israelitas llorando irían a buscar a Dios (Jer 50:4). Jeremías dice que el pueblo de Dios preguntará por el camino de Sión (Jerusalén) y tendrán como meta hacer pacto eterno con Dios, el cual anunció en Jer. 31, que es el Nuevo Pacto que Dios haría.

A causa de sus gobernantes Israel habían sido como ovejas descarriadas perdidas en los collados, y sus devoradores (sus enemigos, entre ellos los babilonios) se sentían justificados de hacerles daño por sus pecados cometidos (vv. 6,7).

Ahora Dios llama a su pueblo a huir de Babilonia e ir como machos cabríos delante del rebaño (v. 8), pues Dios levantaría a enemigos del norte contra los babilonios (vv. 9, 10).

Caída de Babilonia (vv. 11- 16)

El pecado de Babilonia fue el haberse alegrado al destruir la heredad de Dios (v.11), por tal motivo terminarían siendo un desierto, un sequedal y páramo (v. 12). Dios anuncia que esta ciudad quedaría inhabitada en asombro y burla de quienes la vieran (v. 13).

Los arqueros dispararían contra ella por su pecado (v. 14). Dios en su venganza derrumbaría sus cimientos y sus muros, haciendo contra ella como ella hizo (v. 15). Lo cual nos habla de la justicia divina aplicada en su momento. Tal sería su ruina que no habría quien sembrara o cosechara más de sus esclavos sino que volverían a sus lugares de origen (v. 16).

Retorno de Israel (vv. 17- 20)

El rebaño descarriado de Israel había sido dispersado por Asiria en el siglo (VIII) a.C. y ahora Babilonia lo había deshuesado (v. 17). Por ello ahora castigaría al rey de Babilonia como castigó al de Asiria (vv. 18).

Dios traería a su pueblo como un rebaño a las hermosas tierras del Carmelo y Basán para saciar sus almas (v. 19). Retomando el tema del Nuevo Pacto Dios anuncia que perdonará la maldad de Israel al volver  (vv. 20).

Derrota de Babilonia (vv. 21- 46)

Babilonia sería destruida en todas sus regiones conforme al mandato divino (Jer 50:21). Entonces vendría gran lamentación por la guerra que destruiría el martillo babilónico (vv. 22-23).

Babilonia caería en una trampa como un animal cazado por haber provocado al Señor (v. 24). Dios sacó de dentro de sus instrumentos de ira el castigo para los caldeos (v. 25).

Como con orden de general Dios ordena convertirla en ruinas (v. 26) y llevarlos al matadero como a novillos por la llegada de su castigo (v. 27).

A la par de esto la noticia sería oída en Sión mostrando que había llegado el tiempo de la retribución divina y la venganza de su templo destruido (v. 28).

La retribución consiste en pagarle según su obra, en hacerle como ella hizo porque se enorgulleció contra Dios. Por ello los flecheros pondrían sitio contra ella (v. 29). Sus jóvenes caerían en las plazas y sus hombres de guerra (v. 30). Dios se declara en contra de esa soberbia que le había caracterizado y anuncia que vendrá su día (v. 31).

Aunque Israel merecía el castigo, Babilonia no tenía que haberse ensoberbecido y por ello tropezaría y no tendría quien lo levantare (v. 32).

Los israelitas estaban oprimidos y cautivos sin esperanza de escapar pero Dios, Jer 50:34 El redentor de ellos es el Fuerte; Jehová de los ejércitos es su nombre; de cierto abogará la causa de ellos para hacer reposar la tierra, y turbar a los moradores de Babilonia.

La espada se desataría contra los caldeos, contra sus moradores, sus príncipes, sus sabios, sus adivinos y sus valientes, contra sus caballos, carros y tesoros (vv. 35-37). No importa la capacidad de su sabiduría y fuerza militar o económica, ellos caerían.

Dios anunció sequía en sus aguas por ser tierra idólatra que entontecía a sus moradores con sus ídolos (Jer 50:38).

La soledad vendría a ser tal que los chacales y las fieras harían morada en ella, junto con el avestruz. Sería un lugar que nunca más sería habitada por generaciones (v. 39), sino que sería como Sodoma y Gomorra (v. 40).

Quienes los vencerían vendrían del norte, guerreros crueles que vendrían contra ella montados a caballo (vv. 41,42).

Esta noticia haría temblar al poderoso rey de Babilonia ( v. 43), pues Dios vendría como un león que se levantaría contra ellos y no habría quien se le pueda enfrentar (v. 44). Este plan de Dios se cumpliría en su momento y la caída de este imperio causaría mucha conmoción (vv. 45, 46).

Lo que me queda claro es que aunque Israel sea pecador Dios no ha dejado de ser su Dios y su defensor por amor a sus promesas. También descubrimos que Dios es un Dios que castiga el pecado en las naciones y retribuye a cada país conforme a sus obras mediante su justicia y sabiduría.