El ayuno como práctica de piedad cristiana tiene sus antecedentes en el judaísmo. Para el tiempo de Cristo los fariseos ayunaban dos veces por semana (Lc. 18:12) y también lo hacían los discípulos de Juan. Siglos antes el profeta Isaías (Is. 58) había denunciado el uso del ayuno como una fórmula mágica pues el pueblo se quejaba de que Dios no les respondiese pese al comportamiento injusto y opresor de la sociedad israelita. Dios llamó a su pueblo a un verdadero arrepentimiento que incluyera el buen trato, la justicia y la ayuda social, lo cual sería un verdadero ayuno. Lo cual significa que Dios no se fija en el acto de ayunar sino en el corazón con que se hace.

Unos siete siglos después Jesús dijo Mat 6:16 “Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.” Se suponía que el ayuno era acompañado de vestiduras rasgadas, otros se vestían de cilicio y otros se echaban ceniza en la cabeza y lloraban a Dios mostrándole su contrición por sus pecados. Pero no se trata de cuantos elementos físicos lo acompañen sino la realidad del corazón. El profeta Joel había invitado al pueblo de parte de Dios siglos antes:

 Joe 2:12 Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Joe 2:13 Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.

Los fariseos, sin embargo, lo que menos buscaban era el agrado de Dios. Ellos querían el reconocimiento y la gloria de los hombres. Querían que la gente viera sus caras tristes y sintieran cierta admiración por ellos al estar en este estado.

La austeridad del ayuno no es un fin en sí mismo pero para algunos se ha convertido en un estilo de vida religioso sin entender los propósitos de lo que se hace. Algunos grupos monásticos creían que el sufrimiento era una forma de expiar sus pecados o de santificarse por lo que pasaban muchos días sin comer, sin dormir y deliberadamente buscando posturas físicas insufribles para “matar la carne”. A la vez, muchos de ellos buscaban distinguirse del resto de la gente mediante estas prácticas logrando el respeto eclesial o religioso. Pablo diría Col 2:23 Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

Jesús no dijo que no debíamos de ayunar, pues aunque sus discípulos no lo hacían pues estaban de fiesta mientras el novio (Cristo) estaba con ellos, un día ayunarían. Lo que Jesús enseñó es que aún esta práctica de austeridad debe ser llevada a cabo en secreto.

Mat 6:17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, Mat 6:18 para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Jesús mismo se fue al desierto y estuvo ayunando por 40 días y noches (Mt. 4). Lavarse la cara y ungir la cabeza como si estuviese uno de fiesta es para pasar desapercibido ante los demás pero uno sabe en el corazón lo que está llevando a cabo. La tentación religiosa a la que todos somos tentados es a querer quitar la mirada de aquel ante quien estamos haciendo las cosas, confundir el propósito de los actos, convertirnos en gente de apariencia.

La recompensa que podemos obtener al vivir hipócritamente es el respeto superficial de las personas, si somos buenos actores. Pero la recompensa que vendrá de parte de Dios será la que promete el libro de Isaías Isa 58:8 Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia Isa 58:9 Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí…