En 1922 Carter y Carnarvon descubrieron la tumba de Tutankamón. El joven faraón apareció literalmente en oro. El tesoro de su tumba contenía 5000 objetos en su mayoría de oro entre mobiliario, carros, vestidos, comida, vasijas, muebles, ungüentos, amuletos, talismanes, etc. Los antiguos egipcios pensaban que había vida después de la muerte y que podían enviar a la persona muerta con sus pertenencias para que allá las disfrutara. Los objetos de la tumba de Tutankamón y su momia se encuentran hoy en día en un museo y él no los está disfrutando como sabemos. Jesús sin embargo, sí nos dice como podemos disfrutar de riquezas después de la muerte…

Un tesoro es algo hermoso, caro, valioso. Hoy podría consistir en ropa de marca, en muebles bonitos, en tecnología de punta, en auto, casa, terrenos, diversas propiedades, negocios, cuentas en los bancos, etc. Todos queremos disfrutar de estas cosas y pasamos años adquiriéndolas y acumulándolas para el futuro después de que las necesidades básicas han sido satisfechas. Jesús advirtió: “No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban” (Mat 6:19, LBLA). La polilla acaba con la ropa y los muebles, la herrumbre desgasta los objetos metálicos y los ladrones entran en las casas para robar los objetos de más valor. Aún muchas tumbas egipcias han sido minadas por ladrones profesionales.

El Señor no está contra que el hombre tenga tesoros pero sí en contra de los vanos tesoros que el hombre acumula. A él se le hace que estamos perdiendo nuestro tiempo y nuestras fuerzas en una carrera espuria por la acumulación de cosas. Nos quiere evitar el dolor de la perdida de nuestras esperanzas, de la desilusión y frustración que vendrá tarde o temprano a quienes ponen sus ojos en lo temporal.

Jesús mostró que hay por lo menos dos elementos que ponen en peligro los tesoros de la tierra, uno es el poder destructivo y erosivo de la naturaleza y el segundo el elemento codicioso de los hombres malos que quieren lo que nosotros tenemos. Alguien objetará que la solución a esto sería la prevención y el mantenimiento continuo, y eso está bien pero el punto de Cristo es que nada es para siempre, y lo que es peor nadie vive para siempre junto a las cosas de este mundo.

Por lo anterior Jesús dice “sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban;” (Mat 6:20). Hay dos lugares donde podemos acumular tesoros, uno es en la tierra y otro es en el cielo. A diferencia de lo que pasa en la tierra Pedro nos dice que esa herencia celestial “no puede destruirse, ni mancharse, ni marchitarse.” 1 P 1:4. En el cielo no hay ladrones, ni muerte,… Isa 65:22 “No sucederá que uno construya y otro viva allí, o que uno siembre y otro se aproveche. Mi pueblo tendrá una vida larga, como la de un árbol; mis elegidos disfrutarán del trabajo de sus manos.”

Notemos que Jesús habla de la acumulación, es decir, de cosas que se van colocando en un lugar para el futuro. Debemos ser como la hormiga la cual Pro 6:8 “asegura su comida en el verano, la almacena durante la cosecha.” (DHH). Este es el tiempo en el que podemos usar los tesoros temporales para hacer tesoros para la eternidad. Alguien dijo que no nos podemos llevar los tesoros de esta tierra pero si los podemos enviar por adelantado. ¿De qué manera? Pablo dice el método:

1Ti 6:18,19 Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.

Wao, se nos dice que lo que damos con generosidad a los necesitados lo estamos invirtiendo en el banco del cielo. ¿Cómo es esto? porque Pro 19:17 “A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.”

Jesús dijo Mat 6:21 “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” El corazón va hacia aquello que aprecia más. Nuestra unión con Cristo ha cambiado nuestro destino y esperanza por lo que debemos buscar lo que el busca Col 3:1 “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.” El más grande tesoro de los cielos es quien está sentado en el trono y su santa voluntad la cual es amar al prójimo. El salmista dice Sal 73:25 “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.”

Jesús contó sobre un hombre que acumuló muchas cosas y se dijo a sí mismo “tienes muchas cosas, descansa, come, bebe y goza de la vida” pero Dios dijo “necio, esta misma noche perderás la vida, y lo que has guardado ¿de quién será?”, así es todo el que es rico para sí mismo pero no para con Dios (Lc. 12:13-21). Me imagino que esto sucedió con el joven Tutankamón, esperando tal vez que en su vejez podría disfrutarlas pero sin saber que la muerte le tocaría en el mejor tiempo de su vida. La esperanza del cristiano está en la vida eterna que él Cristo ofrece y en su resurrección. Y tú ¿quieres ser rico? sélo para con Dios, ¿cómo administrarás tus posesiones? ¿dónde pondrás tus esperanzas?