Después de que Jeremías anunció el juicio contra Israel y las naciones a través de la espada de Babilonia, ahora anuncia la caída de este poderoso imperio que parecía indestructible. Esto nos enseña que no importa la grandeza de un pueblo o nación, todos han de ser juzgados por Dios.

En primer lugar esta es una palabra dada por Jehová y no por cualquier otro dios, ni por ningún adivino el cual no puede conocer el futuro (1, nota: los versículos de este capítulo aparecerán entre paréntesis).

Dios anunció la caída de Babilonia para que las naciones reconocieran la soberanía divina sobre todos los pueblos, Él es mayor que todo rey y que todo dios, incluyendo a los dioses babilónicos Merodac y Bel que dejaría humillados (2).

Jehová revela que una nación del norte sería la que pondría en asolamiento el país (3), la historia nos dice que los Persas tomaron el dominio de este imperio unos 70 años después de esta profecía.

Retorno de Israel

También el Señor anunció por boca del profeta que esta sería la ocasión del retorno de los judíos quienes volverían llorando y arrepentidos a su tierra (4). El deseo de Israel al regresar sería establecer un pacto con Dios que no fuese olvidado como el de Moisés (5).

Dios ahora los vería con la compasión de un pastor hacia sus ovejas perdidas. Este descarrío había sido causado por malos pastores (gobernantes) (6) quienes las dejaron desprotegidas ante sus enemigos quienes las destruían ante el argumento de que de todas formas Dios los había abandonado (7).

Dios los llama a huir de Babilonia porque grandes pueblos del norte atacarían la ciudad de los caldeos y serían botín para ellos (8-10)

Caída de Babilonia
La razón de esta estrepitosa caída sería el gozo que sintieron al destruir la heredad de Dios (11), por eso quedarían avergonzados y desolados (12). Por ello ya no sería habitada y la gente se burlaría de ella al pasar (13).

Dios llama a atacarla con flechas por su pecado contra Él (14). El versículo 15, 16 describen su rendición, la caída de sus cimientos y muros porque es venganza del Señor. Ellos harían a la ciudad como ella había hecho con los demás (15).  La desolación de la ciudad se deja ver de que a diferencia de otros ataques en que se destruían ciudades en ellas no quedarían quienes trabajasen el campo (16).

Retorno de Israel

Israel como una oveja había sido devorado primero por Asiria y luego por Babilonia (17). Por ello Dios castigaría a Babilonia como lo había hecho con Asiria (18), y traería a Israel a pastos abundantes (19). Dios perdonaría su pecado y no se acordaría más de él (20).

Derrota de Babilonia

El Señor ordena el ataque y destrucción a la región de los babilonios(21). Un lamento por su caída se escucharía al ver admirados como ellos que habían sido un martillo de la tierra serían desolados (23). Ella misma se tendió una trampa al haber provocado a Jehová (24).

Dios sacaría sus armas de ira para traerla sobre los caldeos (25). Quedaría en ruinas (26) y sus soldados serían llevados al matadero (27). Esta buena noticia de la retribución sería llevada a Sión por la venganza de su templo (28)

De nuevo el Señor llama a los arqueros para pagarles de acuerdo a su obra por haberse ensoberbecido contra el Santo de Israel (29). Dios castigaría su soberbia (31). “Y el soberbio tropezará y caerá, y no tendrá quien lo levante;” (32). Ellos oprimieron a Israel y no querían soltarlos (33) pero Dios el redentor, el Fuerte sería su abogado para hacerlos reposar y turbar a los babilonios (34).

El juicio de Dios contra ellos sería espada contra los caldeos, contra sus príncipes, sabios, adivinos, valientes, caballos, tesoros, etc. (35-37). Los ríos se secarían porque era tierra de ídolos, con los cuales se entontecían (38). Por ello allí morarían fieras y animales salvajes y jamás volvería a ser habitada como lo fue Sodoma y Gomorra (39-40). Los enemigos que vendrían del norte serían crueles y no tendrían compasión de ellos (41,42). El temor se apoderaría del rey de Babilonia (43). Dios vendría como león contra ellos y pondría como rey al que él quisiera y nadie podría resistirle (44).

Dios declaró sus planes contra Babilonia: aún a los más pequeños del pueblo se los llevarían y destruirían sus moradas (45). En la toma de la ciudad la tierra temblaría y el clamor se oiría en las naciones (46).

De qué forma tan gráfica Dios declaró el futuro desastroso de esta malvada ciudad, pero también de la liberación que Dios haría con su pueblo. En conclusión, Dios es justo y bueno para con su pueblo y él ejecuta sus juicios a su tiempo. Vale la pena confiar en él.

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