Mucha gente hoy en día tiene dos empleos sin mucho problema, unos horas sirven a un jefe y otras horas del día a otro, pero en el siglo I la sociedad estaba dividida en libres y esclavos. Un esclavo o siervo tenía 100% del tiempo disponible para su señor o amo, no tenía derechos y tenía que obedecer sí o sí. Ya de por sí, tener dos señores sería algo inaceptable e imposible por el hecho de que ambos demandarían el señorío, sino que también la lealtad del siervo quedaría dividida. Jesús dijo:

Mat 6:24  Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Jesús supone que a diferencia del uso de aquel entonces el hombre elige de quien quiere ser siervo. También uno puede escoger tener dos amos lo cual no sería prudente. Jesús dice que la consecuencia sería amar a uno y aborrecer a otro en primer lugar y en segundo lugar estimar a uno y menospreciar al otro. Al estar sirviendo a dos personas la persona llega a identificarse con uno y siente preferir a uno más que al otro. Esta relación continua llega a causar hasta odio y menosprecio hacia uno de ellos. Hay una competencia por un lugar en el corazón del individuo.

Jesús usa esta comparación para referirse a la relación del cristiano con Dios y las riquezas. Dios quiere ser el único Señor, pero las riquezas aún sin ser una persona se convierten en un amo que controla el tiempo, el corazón y las prioridades. Servir a las riquezas es tenerla como la señora que nos ordena, que nos dirige la vida completa.

Si Jesús dice “no podéis servir a Dios y a las riquezas” significa que hay que escoger a uno y solo a uno de ellos. El problema es que ese binomio no funciona porque nos cargamos hacia las riquezas en detrimento de nuestra relación con Dios. Esto obviamente no significa que servir a Dios quiera decir ya no utilizar dinero sino ponerlo en su justo lugar. Servir solo a Dios es hacer al dinero un siervo nuestro, a Dios el proveedor y a nosotros honrarle a él con nuestras riquezas. Mucha gente, sin embargo, escoge servir a las riquezas aún que pierda su fe, su paz y el gozo que Dios da.

El Señor dice “no se puede servir…” a los dos al mismo tiempo. No se puede, quiere decir que pensar que se puede, es hipocresía o masoquismo. Hay quienes quieren a Dios como un medio para recibir bendiciones revelando realmente su corazón, pero se encontrarán con un constantemente menosprecio a sus ordenes y no se sujetarán por amor.

Jesús nos llama a elegir a Dios por prudencia. Y tú ¿a quién escoges?