Hubo un tiempo en mi adolescencia en que pensé que la idea de la existencia de un ser maligno llamado Diablo o Satanás era solo una enseñanza medieval basada en la superstición. Mucha gente cree que el único mal que existe es el que se genera en el interior de las personas por consecuencia los únicos demonios serían los seres humanos. Otros cuestionan la realidad del diablo porque creen que Dios no puede haber creado malo si es bueno.

La palabra Satanás es una palabra aramea que significa adversario o enemigo; mientras que diablo quiere decir calumniador o acusador. La Biblia descarta la posibilidad de un diablo al estilo medieval, con cola, cuernos, rojo y de capa. Pablo dice que el diablo se disfraza como ángel de luz (2 Corintios 11:14) pero su maldad es ejemplificada con la imagen de un terrorífico dragón y una astuta serpiente antigua (Ap. 12:9). La identidad de Satanás es la de un ángel líder que encabezó una rebelión en el cielo y que fue arrojado de allí junto con sus seguidores a este planeta. Jesús lo llamó homicida, mentiroso y padre de mentira (Jn. 8:44) y como ladrón busca robar matar y destruir a los hombres a quienes el creador les dio la herencia del reino que el deseaba tener. Apolión (destructor), otro nombre para el diablo, no es quien genera el mal del mundo pero sí es el tentador que seduce las almas mediante los deseos personales que estos tienen, para que a su vez estos pequen contra Dios y así vayan con él al fuego eterno que fue preparado para él y sus ángeles (Mt. 25:41).

Entonces, ¿existe el diablo? en primer lugar si creemos en la Biblia encontraremos a este personaje como antagonista de Dios y no solo de él sino nuestro, por tanto, no creer en él sería como ignorar al enemigo y no hay peor enemigo que el que no conoces o ignoras. Hay algunos cristianos que prefieren ignorar estos pasajes suponiendo que los primeros cristianos sinceramente creían en eso pero que tenía una base pagana o interpretándolos como un mal impersonal. Hay que mencionar que el fundador del cristianismo, Jesús, creía en la existencia de este ser espiritual, lo mismo que Pablo el principal escritor del Nuevo Testamento.

Ahora, ¿podemos explicar la maldad del mundo sin necesidad absoluta de Satanás? algunos creen que sí tal vez porque son inconscientes de la actividad satánica para tentarlos frecuentemente. No podríamos saber como sería el mundo sin el diablo realmente, en primer lugar, es posible que el pecado no hubiera entrado en el mundo a través de Adán y Eva, y aunque estos hubieran pecado es probable que no pecaríamos tanto o de formas tan terribles como hoy. Tampoco existirían muchos males que le son permitidos infligir a la humanidad por causa de su alejamiento con Dios.

¿Por qué es tan difícil identificar la actividad del diablo? Para eso tenemos que ver cual es su modus operandi. En Génesis 3 cuando tentó a Eva lo hizo a través de una serpiente con lo cual nos dice que gusta de trabajar encubiertamente, una razón más para pasar desapercibido, además de eso amistosa lo cual le quita el carácter espantoso. Hoy no se nos presenta mediante una serpiente pero sí a través de lo que la Biblia le llama el mundo, es decir, el sistema caído de personas que él ha convencido en seguirle en su filosofía de maldad, podría ser un amigo, un vecino, un familiar o los medios de comunicación; ejemplo de esto lo vemos en que aún dos de los discípulos de Cristo fueron usados por Satanás, Judas Iscariote para entregarle y Pedro para tentarle a no ir a la cruz, él le dijo “¡Quítate de delante de mí, Satanás!”(Mt. 16:23), con lo cual vemos que él sabía bien cuando se trataba de un hombre y cuando del enemigo. En segundo lugar sus argumentos suelen ser tan persuasivos en poner dudas a la voluntad de Dios y justificar el mal que podemos confundirlo frecuentemente con nuestra natural forma de pensar. Cuando el diablo tentó a Jesús en Mateo 4 se nos dice que lo llevó al pináculo del templo y que luego le mostro todos los reinos del mundo para ofrecérselos, lo cual implica que hace uso de imágenes mentales, de sueños, de visiones, de pensamientos, etc. para persuadir a la gente.

¿Por qué medios podemos estar conscientes de las maneras en que el enemigo nos tienta? Para identificar a un enemigo espiritual necesitamos de elementos espirituales. La primera es la Palabra de Dios, sí la Biblia le llama mentiroso ¿cómo podemos identificar sus mentiras? a través de la verdad que el desea destruir. Jesús dijo que la Palabra de Dios es la verdad (Jn. 17:17), por tanto, conforme a la revelación que esta nos da toda tentación que venga a nuestras mentes es un ataque a la voluntad de Dios y de este modo sabemos que quien la origina es el adversario. El objetivo más grande del enemigo es que las personas no conozcan a Cristo y se salven. Pablo dice que su meta es cegar el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca el evangelio de Cristo (2 Co. 4:4) y Jesús dijo que el enemigo roba la palabra.

La segunda manera es a través de una percepción espiritual la cual la Biblia le llama discernimiento de espíritus (1 Co. 12:10) que es un don del Espíritu Santo dado a los creyentes para poder discernir si una palabra  o pensamiento procede de Dios, del diablo o del hombre.

En ocasiones la presencia maligna es obvia en personas que tienen algún espíritu inmundo habitando en la persona y que es posible identificar por un comportamiento autodestructivo, constantemente movido hacia ciertos pecados de manera irresistible, voces extrañas, fuerza extrema, enfermedades sin explicación, etc. Esto mismo es evidencia consistente de la existencia del diablo. Estos casos no son posible explicarse ni por razones orgánicas (problemas cerebrales) ni por cuestiones sicológicas y van más allá de la capacidad humana. Jesús y los apóstoles echaron fuera demonios de lo cual hay muchos casos bíblicos relatos en los evangelios y Hechos: los endemoniados gadarenos (Mt. 8:28-34), el hombre de la sinagoga con espíritu inmundo (Mr. 1:21-28), la mujer esclava con espíritu de adivinación (Hch. 16:16-18), etc.

No solo debemos saber que el diablo existe sino que debemos entender cómo trabaja y que es un verdadero enemigo de nuestras vidas. Los que son nacidos de Dios no deben temerle pues él los guarda y el maligno no los toca (1 Jn. 5:18) pero sí nos puede tentar. Por tanto, debemos tratarlo de la forma que la Biblia nos muestra: resistir al diablo (Stg. 4:7) y siendo sobrios y velando (1 P. 5:8) porque el adversario anda como león rugiente buscando a quien devorar. Debemos vivir alertas para identificar sus ataques y una vez hecho resistirle.