Vivimos en tiempos donde la gente vive acelerada y llena de quehaceres. Hay poco tiempo para las cosas importantes como estar con Dios y con la familia. A todos nos mueve alguna motivación diaria: temor, ansiedad, o el anhelo ferviente por alcanzar cosas de este mundo a lo cual llamamos afán, por cosas que queremos hacer y controlar lo cual nos genera ansiedad y estrés. Jesús nos invita a vivir una vida en libertad.

El ejemplo lo vemos en Lc. 10_38-42 donde vemos a María sentada a los pies de Jesús mientras que Marta está preocupada con muchos quehaceres y hasta le dijo a Cristo “¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?” y Jesús le llamó afanada y turbada (inquieta) por demasiadas cosas.

En particular, los afanes más grandes de la vida para las personas de no muchos recursos son las cosas materiales que cubren las necesidades básicas como son  la comida y el vestido. Pero no solo ellos viven preocupados y afanados por estas cosas sino que también nosotros. Jesús presentó varias razones por las que los creyentes no deben afanarse por las cosas materiales.

  1. El propósito de la vida va más allá de lo material

25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

No vivimos para comer sino comemos para vivir, tampoco Dios hizo el cuerpo solo para que lo vistamos. Hay gente que trabaja para comer, beber e ir de compras y vive tan concentrado en esto que pierde en sentido de la vida misma. Mateo 4:4 dice que “no solo de pan vive la gente, también necesita obedecer todo lo que Dios manda” (TLA). Las cosas que nos sirven para el cuerpo tienen cierta importancia pero la parte espiritual es más importante que la primera.

Un día Jesús sentado al lado de un pozo le pidió agua a una mujer samaritana y él le ofreció agua viva que quien la bebiese no tendría sed jamás (Jn. 4). Ella creyó en él y recibió de esa agua espiritual. Cuando sus discípulos vinieron con la comida él les respondió “mi comida es obedecer a Dios, y completar el trabajo que él me envió a hacer” (Jn. 4:34). En Juan 6 Jesús multiplicó el pan y la gente pensó que si tenían a Cristo nunca más tendrían necesidad de trabajar así que lo fueron a buscar para hacerlo rey. Jesús les dijo que esa actitud no era la correcta: “no se preocupen tanto por la comida que se acaba, sino por la comida que dura y que da vida eterna” (Jn. 6:27). Esa comida que nos ofrece es el creer su carne y sangre ofrecida en la cruz.

2. La providencia en la naturaleza nos anima a confiar en Dios

26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?  

Jesús llama a observar la naturaleza, en especial las aves y los lirios. Este pasaje nos dice que las aves no hacen lo que hacen los humanos para obtener sus alimentos y sin embargo Dios las alimenta. Nuestra afán consiste en vivir en el proceso de sembrar segar, poner en graneros pasando por alto el amoroso cuidado de Dios. Jesús no quiere enseñar que nosotros no debemos hacer nada sino que debemos confiar en la providencia divina. El Señor quiso poner de relieve en que sí él se preocupa por los animales del campo de los cuales nosotros no tenemos memoria, ni cuidado y nosotros somos muchísimo más importantes, entonces ¿por qué pensamos que estamos solos?

28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

Tampoco los lirios trabajan o hilan como lo hacían las personas. En aquel tiempo la gente no iba a la ciudad a comprar su ropa, la ropa era hecha por la propia familia. Pero al observar los lirios del campo, no los cultivados en el jardín, podemos observar su belleza. Comparado con el rey Salomón el cual tuvo una enorme majestuosidad estas flores son hermosamente vestidas para una existencia temporal. Jesús pregunta “¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?” En otras palabras, la desconfianza en el Dios que viste a las flores nos lleva a afanarnos y a no permitir que Dios nos vista.

3. Afanarse es inútil

27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

Si tiene solución para qué preocuparse y si no, entonces para qué preocuparse. Esto no ayuda en nada. No podemos crecer un codo de estatura por mucho afán, otras versiones traducen “¿cómo podrá prolongar su vida ni siquiera una hora?”, no lo podemos hacer. Ese deseo de controlar lo incontrolable es lo que nos lleva al afán y la ansiedad, preocupación y estrés que lo único que hace es quitarnos la paz, el sueño y la salud, además de dañar relaciones interpersonales.

4. No debemos afanarnos porque somos hijos de Dios

31, 32 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

Jesús dice que no debemos vivir con afán porque los gentiles buscan todas estas cosas. Los gentiles eran todas aquellas personas que no eran parte del pueblo de Dios. Una característica de ellos es vivir preocupados en su búsqueda afanosa de las cosas materiales. A diferencia de esto los creyentes debemos vivir en paz bajo la confianza de que nuestro Padre celestial sabe que tenemos necesidad de todas estas cosas, mucho antes que se la pidamos. Así como un padre terrenal se preocupa por sus hijos para darles el alimento, la educación y todo lo que requiera y sus hijos no están afanadas por estas cosas, del mismo modo debemos vernos como hijos los cuales dependen totalmente del Padre.

5. Al buscar el reino y su justicia nuestras necesidades serán suplidas

33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Tal como dijimos en el punto 1, nuestra búsqueda de las cosas de arriba y el deseo de agradar a Dios debería ser el propósito por el cual debemos vivir y lo que llene nuestro corazón. Cuando tengamos estas cosas como el propósito de nuestra vida lo demás que requiramos vendrá por añadidura. Esta añadidura será a través de diferentes maneras que Dios usará en su providencia, ya sea a través del trabajo, la ayuda de otros o provisión milagrosa.

El Señor enseñó a buscar primeramente el reino y su justicia. Este es el orden de la importancia de la vida, pensar si estoy en el reino y cómo agradar a Dios dentro de él.

5. Vivir un día a la vez

34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Jesús no dice que nunca nos debemos preocuparnos, pero sí vivir el día a día sin preocuparnos por las cosas de mañana, porque cada día traerá sus propios problemas. Nos atiborramos de pensamientos, de ideas que nos complican el día de hoy. Esto no significa tampoco que no debemos planificar sino que debemos encomendar el futuro en las manos de Dios mientras vivimos el hoy con la mayor disposición y actitud.

Nos enseña a dividir los problemas en pasos que podamos controlar, en acciones concretas, en metas y en una lucha diaria que podemos vencer. Jesús dice que todos los días tendremos problemas, esa advertencia es verdadera y muy útil porque hay quienes creen que solucionando los problemas que viven ya serán felices y lo único que encuentran es frustración a la siguiente semana. Jesús es más objetivo y nos dice que habrá problemas mañana, y pasado, y pasado ese día, hasta que nos muramos, por tanto, aprendamos a vivir más relajados, pero no mañana sino hoy.