Cuatro años después de la caída de Jerusalén por parte de los babilonios que sucedió en el 598 a.C. Jeremías envió una carta a los deportados que se hallaban preguntándose por qué Dios había permitido que fueran humillados de esta manera y su templo profanado. Dios respondió a su pueblo diciéndoles que Babilonia recibiría el pago por haberlos atacado de esta forma tan cruel.

Así como cuando se limpiaba el trigo aventándolo al aire, para separarlo de la paja por medio del aire, así sería Babilonia, porque sería vaciada de sus moradores (1,2). Los flecheros no perdonarían a los jóvenes y destruirían al ejército babilónico (3,4). Esto es porque Dios no había abandonado (enviudado) a su pueblo a pesar de sus pecados (5). Por ello Dios invita a los judíos a huir de Babilonia para librarse del castigo con el cual caerían (6). Dios había usado a Babilonia como una copa de oro (un instrumento especial) para embriagar a las naciones (7), pero ahora caería hecha pedazos. La copa de vino es sinónimo de ira o castigo en Jer. 25:15-26 pero también de idolatría (Ap. 17:2,4) El Señor invita a traer bálsamo para tratar de curarla pero a pesar de ello no podría ser sana, por tanto la gente se iría a su tierra (8,9). Los israelitas alabarían al Señor por haber hecho triunfar su derecho y lo darían a conocer en Sión (10).

El versículo 11 dice que quienes se encargarían de esta venganza del Señor serían los reyes de Media por haber destruido el templo de Jerusalén. El Señor los despertaría para lograr este fin. Los planes del Señor se llevarán a cabo contra Babilonia (12). La codicia de la rica en tesoros llegaría a su fin (13). Dios hizo un juramento de llenarla de un ejército enemigo (14). Esto lo haría quien hizo el mundo con sabiduría y extendió los cielos con inteligencia (15), el que manda la lluvia con su palabra y hace soplar los vientos (16). Dios se burla de la necedad del hombre y de su falta de inteligencia con la que crean y confían en ídolos porque son vanidad (17,18). Jer 51:19 dice “No es como ellos la porción de Jacob; porque él es el Formador de todo, e Israel es el cetro de su herencia; Jehová de los ejércitos es su nombre.”

Babilonia había sido el martillo divino para destrozar naciones con sus ejércitos, animales y gentes (20-23), pero ante los ojos de Israel pagarían por el mal causado a su pueblo (24). Como a monte destruidor Dios reduciría a Babilonia a monte quemado (25), de la cual nadie tomaría piedra alguna para construir porque quedaría como asolamiento perpetuo (26). Dios ordenaría preparar a los pueblos del norte (reyes de Media) que vinieran con sus ejércitos, capitanes y príncipes (27,28). Dios haría temblar la tierra al cumplir sus planes de desolar Babilonia (29). La derrota vendría por su debilitamiento (30) y terror que les vendría al ver como tomarían sus ríos y baluartes (32) y los mensajeros irían corriendo a llevar la noticia de derrota (31). Babilonia sería segada (33) dando a entender que llegaría el momento de caída en la madurez de sus pecados.

Jerusalén podía decir que había vivido como  Babilonia la había devorado y desmenuzado para luego vomitarla (34), por lo cual pide que sobre ella caiga la misma violencia y su sangre sobre Caldea (35). A esta petición Dios dice que será quien juzgue su causa y la vengue secando sus corrientes y dejándola en ruinas para habitación de animales salvajes (36- 38). Dios haría que se embriagaran y les haría entrar en un sueño eterno (39). Caerían impotentes como animales al matadero (40).

La gente se admirará de su caída (41). Como un mar la cubriría en devastación (42) y quedaría como desierto en la cual no pasaría hombre por ella (42, 43). El Dios Bel sería juzgado y vomitaría lo que se había tragado, posiblemente aludiendo a los sacrificios que se le hacían, pero llegaría el día donde ya no lo adorarían (44).

De nuevo Dios ordena que su pueblo salga de ella, como cuando sacó a Lot de  Sodoma y Gomorra para poder destruirla (45). Dios les pidió tener calma, pues se empezarían a oír rumores de guerras (46). El Señor dice que él destruirá los ídolos de Babilonia y quedarían avergonzados (47). El gozo al ver esto llenaría los cielos y la tierra, es decir, a todas las naciones (48). Babilonia caería por los muertos causados en Israel y en toda la tierra (49).

Dios llama a los que fueron a parar a Babilonia escapando de la espada en Jerusalén a no olvidarse de Dios y de su ciudad (50). Ellos decían que se sentían avergonzados por la afrenta que se había hecho contra ellos y contra el santuario (51), por ello Dios mismo destruiría los ídolos de los babilonios y gemirían sus heridos (52). Esto sucedería aunque Babilonia se fortificara mucho (53). Se oiría el quebrantamiento (54)  porque Dios quitaría de ellos su jactancia y su bullicio (55), porque sus valientes caerían, porque “porque Jehová, Dios de retribuciones, dará la paga” (56). Dios, el Rey Jehová de los ejércitos, embriagaría a sus líderes  (príncipes, sabios, capitanes) para hacerlos dormir eternamente (57). Sus grandes murallas y puertas serían quemadas, en la cual gastaron su tiempo y dinero construyéndolas (58) pues eran asombrosamente lujosas y bellas.

Jeremías encargó a Serarías quien fue alrededor del año 594 a.C. en visita a Babilonia llevar una copia de su libro que contenía los males que estaban decretados sobre esa ciudad para leerlas a los deportados (59-61). Luego tenía que hacer una oración al Señor: Jer 51:62  “dirás: Oh Jehová, tú has dicho contra este lugar que lo habías de destruir, hasta no quedar en él morador, ni hombre ni animal, sino que para siempre ha de ser asolado.” Finalmente le tenía que atar una piedra y arrojarlo al Éufrates porque del mismo modo se hundiría Babilonia y no se levantaría jamás (63-64). Wikipedia nos habla algo acerca de como entraron los medo persas a cumplir esta profecía, en consonancia con lo que cuenta Daniel en Dn. 6:

“En la Ciropedia (7.5.20-33), Jenofonte, de acuerdo con Heródoto (I.292), dice que un ejército combinado de medos y persas ingresó a la ciudad a través de un canal del río Éufrates, que fue desviado hacia las trincheras que Ciro había cavado para la invasión, y que la ciudad no estaba preparada debido a un gran festival que se estaba celebrando.”