Los perros en el medio oriente antiguo no eran animales domesticados como los que hoy hay en las casas sino animales salvajes que podían ser agresivos, sucios y feos. Es por ello que junto con los cerdos eran animales considerados inmundos por los judíos. Hay un proverbio hebreo que decía “el perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 P. 2:22), para referirse a personas que habían vuelto a sus viejos hábitos porque no habían cambiado su verdadera naturaleza.

¿A qué se refería Cristo cuando dijo: Mat 7:6  No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen? Los perros y los cerdos son personas que hacen cosas sucias e inmundas.

Jesús recomienda no dar lo santo a los perros porque estos pueden volverse contra la persona que se lo ofrece y despedazarlo de ira. El perro es alguien que no puede tolerar lo santo porque ama lo pecaminoso y lo aborrece. El salmo 22:20, que es un salmo profético que habla sobre la muerte de Jesús en la cruz, dice “Libra de la espada mi alma, del poder del perro mi vida.” En este contexto los perros fueron todos los que con fiereza lo mandaron a crucificar por el simple hecho de haber admitido ser el Cristo, el Hijo de Dios. Otro proverbio dice Pro 9:7  “El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; el que reprende al impío, se atrae mancha.” Los escarnecedores son los burladores, son los que se dedican a mofarse con cinismo de todo lo que tenga que ver con Dios.

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Luego Jesús dice que no debemos echar las perlas a los cerdos porque lo único que harán es pisotearlas. El cerdo es un animal sucio que no sabe identificar lo bello y valioso. Le gusta el lodo y comer desperdicios de comida, por lo que si uno le da las perlas que posee lo único que logrará es que las aplasten como cosas sin valor alguno. Pro_23:9 “No hables a oídos del necio, porque menospreciará la prudencia de tus razones.”, es por ello que Dios dice Jer 6:10  “¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman. ” Creo que esta fue la razón por la que Jesús guardó silencio en su juicio con Poncio Pilato y Herodes.