Hay algunos que suponen que debido a que las cosas de este mundo suceden como resultado de las cosas naturales y humanas no hay cabida para un creador atento que dirige los acontecimientos del mundo. Suponen que si algo es posible explicarlo no hay por qué dar gracias sino a uno mismo o a los demás. El cristiano, sin embargo, debe dar gracias en toda situación porque confía en la soberanía divina, esto significa que cree que Dios permite de forma sabia toda circunstancia que sucede en su vida y en todo el mundo, y lo hace en última instancia para el bien de sus hijos (Ro. 8:28). Pablo dice: “den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.”  (1 Ts. 5:18, NVI). La razón principal para dar gracias es que es la voluntad de Dios para el pueblo de Dios. Quien no conoce a Dios no le puede agradecer, pero los hijos de Dios al confiar en él perciben su mano y su gracia, viven para agradecerle en todo y para generar acciones de gracias en otros. Dios es digno que le demos gracias y el no hacerlo solo revela orgullo o mezquindad de parte nuestra.

Como seres humanos damos gracias a las personas que nos hacen un favor o que nos dan un regalo bondadoso. El salmista dice que no debemos olvidarnos de sus múltiples beneficios con que a diario nos corona en el aspecto espiritual y material (Sal. 103):

  • primero, el perdón;
  • segundo, la sanidad de las enfermedades;
  • tercero, el salvarnos de la muerte;
  • cuarto, los favores y misericordias;
  • quinto, bienes y rejuvenecimiento interior;
  • sexto, librarnos de la opresión y hacernos justicia…

Pablo sigue diciendo: Col 3:15 “Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.” Practicar la gratitud es una disciplina interior que debe ser precedida por permitir que la paz de Dios gobierne en nuestros corazones, en estar dispuestos que los pensamientos equivocados sobre la vida y la turbación que esta trae junto con sus afanes salgan de nosotros y podamos ver la gracia y bondad de Dios en toda situación.

Es interesante que Pablo nos enseñe a orar con acción de gracias (1 Ti. 2:1). Cuando tenemos alguna necesidad, lo cual es a diario, solemos poner la vista en la necesidad del momento, que no vemos lo que Dios ya nos ha dado y lo que ha hecho en otras ocasiones. Dios quiera que la necesidad del momento no nos haga olvidar aquellas bendiciones y respuestas ya recibidas y por fe anticipar y agradecer por las cosas que nos habrá de dar.

Debemos dar gracias para tener un corazón sano pero sobre todo debemos dar gracias porque a Dios le agrada y porque es lo correcto. Si bien, esto podemos hacerlo solo de labios, debemos hacerlo de corazón pues Dios ve nuestro interior. Dar gracias nos abre el corazón a la alegría y a la esperanza y  una vida más feliz. Miremos las cosas que Dios nos ha permitido adquirir y fijémonos de la familia que nos ha dado y reconozcamos que toda buena dádiva y don perfecto ha descendido del Padre de las luces (Stg. 1:17), y que todo le pertenece a él y no a nosotros (Sal. 24:1). La tristeza más grande para Dios es cuando como Padre dice “crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí” (Is. 1:2), porque no pueden reconocer a su Señor y Salvador. Lo más difícil es cuando las personas habiendo conocido a Dios no le glorifican ni le dan gracias, por envanecerse en sus razonamientos, y profesando ser sabios se hacen necios (Ro. 1:21), pero gran sabiduría muestran quienes con humildad reconocen a su creador y le dan gracias por todo.