Los padres son la primera autoridad a la que estamos expuestos al nacer. Ellos son los encargados de cuidarnos y guiarnos en nuestros primeros años de vida. Es interesante que después de los primeros 4 mandamientos que nos hablan acerca de nuestra responsabilidad hacia Dios, el primer mandamiento que se refiere a las relaciones con los demás es la que tiene que ver con nuestros padres. El quinto mandamiento dice:

Éxo 20:12  Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

¿Qué es honrar a los padres? y ¿por qué honrarles?

Honrar a los padres es darles valor, darles respeto de corazón y con acciones adecuadas. Ellos son los que nos enseñan a caminar y nos alimentan, nos dan educación y nos enseñan valores y normas de conducta. Si son cristianos nos enseñan la Palabra de Dios y nos corrigen cuando nos equivocamos. Cuando somos niños los admiramos porque nos parecen más sabios y fuertes (y lo son), cuando llegamos a la adolescencia solemos desafiarlos y creernos más sabios que ellos, la rebeldía en este momento de la vida puede aumentar bajo la excusa de que “estos son otros tiempos” y hasta llegamos a menospreciarlos y a señalar sus errores. Conforme pasa el tiempo y vamos madurando los vamos valorando, y al llegar a la edad adulta entendemos el por qué de su proceder, comprendemos el por qué de sus prohibiciones y el por qué de los regaños y de la disciplina. Al final, con el paso del tiempo nos vamos pareciendo a ellos cada vez más sin darnos cuenta. Lo que Dios quiere, no es que lleguemos a ser adultos mayores para empezar a comprenderlos y a valorarlos sino que en todas las etapas de la vida los valoremos y los respetemos.

¿Por qué honrarlos? Porque es justo dice Pablo en Efesios 6:1 y porque esto agrada al Señor. Para Dios es tan importante esta norma que en el Antiguo Testamento que quien maldecía a los padres estaba condenado a la muerte (Ex. 21:17, Lv. 20:9). Por si fuera poco, es el primer mandamiento con promesa y al mismo tiempo con advertencia. La promesa que Dios ha dado es que si los honramos tendremos una larga vida, lo cual no necesariamente significa que tendremos 100  años sino que tendremos una vida buena y sin problemas, no moriremos antes de tiempo por crímenes o pecados, no nos meteremos en tantos líos. No andaremos en la vida como huérfanos odiando a la sociedad. Aprenderemos a relacionarnos con las autoridades, con los maestros, los jefes y con la gente que nos rodea. Si no obedecemos a la orden divina llevaremos una vida llena de desprecio hacia todo, que se transmitirá aún a nuestra familia, frecuentemente tendremos problemas con otros y en general seremos infelices.

Dar honra tiene la bendición de que es algo que nos engrandece como seres humanos, pero denigrar, humillar y despreciar a otros nos hace ver y sentir como gente de bajo valor. Pero ¿por qué Dios ordenó que demos honra a los padres? ¿No es acaso algo que debería ser lo normal? es debido a que tendemos a desobedecer, a rebelarnos sin razón, a juzgar duramente e incluso a odiar, es debido a que los padres no son perfectos ni en su ética personal ni en su trato hacia nosotros. El reto de los hijos es obedecer y amarlos a pesar de sus errores y a pesar de lo difícil que esto sea.

¿Cuáles son algunas formas de honrar a los padres?

La primera manera es la obediencia (Col. 3:20,21). Nada honra más a los padres que los hijos obedezcan en lo pequeño y en lo grande y que sigan el buen camino. Obviamente, como en otros mandatos, esto tiene la única excepción, que es cuando los padres ordenan hacer algo que vaya contra la voluntad de Dios como robar, matar, mentir, prostituirse…

No seamos los jueces inquisidores de nuestros padres porque si ellos cometieron errores han de dar cuentas con Dios y nosotros de los nuestros. Más bien, demos gracias a Dios por las cosas buenas que ellos hicieron y perdonémoslos si hubiera necesidad. La mejor forma de hacer esto es escuchar sus historias, comprender su pasado y el contexto que los moldeó para que fueran lo que fueron. Lo que llegaremos a darnos en cuenta es que son como nosotros y que nos aman a pesar de todo.

Otra forma de honrarlos es cuidarlos cuando son ancianos (Mr. 7:10-12). Cuando ya hemos formado nuestras familias y empezamos a ganar dinero no debemos olvidarnos de ellos como si no los conociéramos, eso es ser ingratos.

La menor forma de honrarlos es seguir el camino de Dios. Proverbios 3:1 dice “hijo mío no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos.” Juan dice  “No hay para mí mayor alegría que saber que mis hijos viven de acuerdo con la verdad.” (3Jn 1:4).

Quizá el ejemplo de honra más grande lo vemos en Jesús quien siendo Dios se hizo hombre y en su adolescencia, aún entendiendo que su propósito sería ser el Mesías vivió sujeto a sus padres hasta los treinta años. Luc 2:51  “Entonces volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos en todo…”. Al final, cuando estaba muriendo en la cruz, no se fue sin pensar en su madre y encargarse de ella (Jn. 19:27). Si queremos ser como Jesús debemos amar y respetar a nuestros padres hasta el último día de nuestras vidas.