Jesús llama a entrar por la puerta estrecha porque conoce nuestra tendencia a escoger lo fácil y rápido. Lo más seguro es que si todo es fácil es porque no es el camino correcto, porque quien va en el sendero del bien va contracorriente, lucha contra el sistema del mundo, contra el diablo y contra sus propios deseos. Los otros solo se dejan llevar por el rumbo donde va la mayoría y se dejan vislumbrar y engañar por los placeres temporales. No hay tiempo para pararse a meditar y preguntar por las sendas antiguas, no hay tiempo para cuestionarse a donde dirige el camino ancho. El camino es ancho porque en él caben muchos, porque en él no hay requisitos, ni compromisos, ni luchas; el problema es que al final lleva hacia la perdición, a la destrucción. A veces, parte de esa destrucción se vive aquí mismo en la tierra pues el pecado siempre deja sus consecuencias en la vida personal y en los que nos rodean. Pero pocos aprenden de los fracasos y golpes que la vida les da y siguen escogiendo el camino equivocado. Es una elección que hoy tendremos que hacer, si “sufrir” ahora un poco para gozar después, o “disfrutar” ahora para sufrir después. Jesús dijo:

 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan (Mt. 7:13,14)

Una puerta es el lugar de acceso a algún lugar determinado. La puerta angosta nos dice que el evangelio no es cosa sencilla. Jesús dijo que él era la puerta y el que por él entrare hallaría pastos, ¿quién entrará a su lugar santo? hay que leer el Salmo 15 y el 24 para ver que se requiere de santidad e integridad. Si es cierto que la salvación es por gracia, pero esta conlleva el precio de renunciar al yo y tomar la cruz de Jesús. La tentación del camino es la de retroceder, el pensar que queda tan lejos y rendirnos. El poder de la gracia está en los que se esfuerzan a entrar, en los que se esfuerzan por obedecer día a día, ahí el poder de Dios se perfeccionará en nuestra debilidad. Pero hay de aquellos que desperdician la vida y se engañan con una fe superficial, con una confesión de labios solamente pero no quieren pagar ningún precio.

¿Vale la pena entrar por esta puerta? ¿vale la pena ir por el camino angosto? Sí, al final. No hay gloria sin cruz. Al cielo no llegaremos alabándonos a nosotros mismos por el esfuerzo que hicimos sino daremos gracias a Cristo que en todo nos ayudó y nos levantó cuando caímos. Ahí tendremos la recompensa y el descanso, ahí seremos como Cristo y tal como él veremos el fruto de la aflicción de nuestra alma. Perseveremos con el gozo puesto delante de nosotros. Sí, porque este camino aunque conlleve lagrimas no deja de contener profunda alegría de saber que no somos esclavos porque Dios nos ha liberado y que sí o sí venceremos porque él venció. Como dijo Pablo a Timoteo: esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.