Muchos cristianos no disfrutan de Dios, de su Palabra y de sus promesas, viven una vida seca, sin pasión, sin esa euforia que está disponible para ellos. El regocijo es esa expresión de dicha, de alegría y júbilo que surge del corazón. Para el cristiano, el regocijo debe ser una emoción continua pues es una orden y una invitación de Dios. Pablo dice “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Flp. 4:4). Hay varias razones para regocijarnos en medio de los problemas y de las circunstancias adversas.

  • Jesús exhortó a los discípulos a no regocijarse tanto por echar fuera demonios como porque su nombre estuviera escrito en el libro de la vida (Lc. 10:20). Eso implica gozarse por su salvación y todas las promesas del cielo. María se regocijó en Dios como su salvador (Lc. 1:47)
  • Jesús mismo, el Hijo de Dios se regocijó al considerar la voluntad de Dios al darse a conocer a los humildes (Lc. 10:21). Cuando conocemos a Dios nos regocijamos en su voluntad, en su amor y sabiduría.
  • El salmo 149:5 nos dice que los santos se regocijen por la gloria de Dios.
  • Debemos regocijarnos porque grande es Dios en medio de nosotros (Is. 12:6)
  • Dios invita a su pueblo a regocijarse con anticipación con la seguridad de que él nos dará una patria lleno de hermanos espirituales (Is. 54:1).
  • El devoto se regocija en la Palabra más que por despojos (Sal. 119:162).

El regocijo es una meta y una actitud que debe acompañar al proceso. Para llegar a tener regocijo por la cosecha se debe sembrar con lágrimas (Sal. 126:5,6) pero también el salmo 100:2 nos invita a servir a Dios con regocijo en todo momento.  No solo debemos regocijarnos con las cosas buenas que nos suceden sino también regocijarnos con el éxito y la bendición que otros experimentan (Fil. 2:17), lo cual nos dará motivos para estar contentos.

Desde la cárcel Pablo invitó a sus hermanos filipenses a regocijarse en el Señor. Años atrás cuando había sido apresado en Filipos, después de ser azotado y metido en el calabazo, él y Silas cantaban alabanzas a Dios y experimentaron la liberación del Señor. ¿Cómo podemos regocijarnos en Dios? poniendo la vista en él, en sus obras, meditando en su caminos, considerando su grandeza. Siempre habrá motivos para sonreír un día más, porque si lo tenemos a él tenemos todo.