El capítulo 52 de Jeremías es otro relato de la caída de Jerusalén semejante a la de Jeremías 39. Los eventos de este capítulo son descritos para dar realce al juicio divino que finalmente vino sobre la ciudad de Jerusalén y que Jeremías había predicho desde su primer capítulo. El último rey fue Sedequías, un joven de aproximadamente 32 años que hizo lo malo ante Dios como lo habían hecho su hermano y sus padres. Si buscamos una causa de la caída de Jerusalén y su cautiverio siempre encontraremos que tuvo que ver con la ira divina contra Judá y Jerusalén su capital, por todos sus pecados.

¿Cómo llegó la caída? Por una rebelión política del rey Sedequías hacia el rey de Babilonia Nabucodonosor a quienes estaban sirviendo desde hacía unos años. El rey Babilonio sitió la ciudad de Jerusalén por más de año y medio hasta que toda la ciudad careció de pan, entonces se abrió una brecha en la pared por el cual trataron de escapar el rey acompañado de su familia, los funcionarios y hombres de guerra. Pero el ejército de Babilonia los siguió y los alcanzó en los llanos de Jericó. Los llevaron ante el rey Nabucodonosor en Ribla, y éste mató a sus hijos, y le sacó los ojos a Sedequías y lo encarceló en Babilonia hasta que murió.

Los versículos del 12 al 23 describen como el capitán babilonio Nabuzaradán por orden del rey quemó el templo y se llevó todos sus objetos valiosos a Babilonia. También quemó la ciudad y todo edificio grande así como los muros de la ciudad. También se llevaron a los pobres que habían quedado, a los que se habían pasado con los babilonios y al resto de la multitud del pueblo. Pero dejaron de los pobres del país para labrar la tierra y cuidar los viñedos. Se llevaron también todos los objetos de bronce de un peso incalculable, así como de oro y de plata que se encontraban en el templo que Salomón había edificado. El capitán llevó ante el rey de Babilonia al sacerdote de Israel, algunos guardas, consejeros del rey de Israel, al secretario de la milicia y a algunos hombres de la ciudad y los hirió y los mató.

El versículo 28 dice que en el 7mo. año de Nabucodonosor (597 a.C.) se llevó a 3023 hombres de Judá, el versículo 29 dice que en el año 18 (587 a.C.) se llevó a 832 personas. Finalmente en el año 23 (582 a.C.) Nabuzaradán se llevó a 645 personas. Pese a este panorama desolador, el libro de Jeremías termina diciendo que en el año 561 a.C. en el reinado de Evilmerodac en Babilonia puso en libertad a Joaquín rey de Judá (un rey que fue llevado en cautiverio en una de las primeras deportaciones y era hermano de Sedequías) y lo hizo comer con él a la mesa como un príncipe. En Mateo 1:11 Joaquín (o Jeconías) forma parte de la línea genealógica de Jesús el verdadero rey de Israel, con lo cual nos habla de la misericordia divina para restaurar el reino.

Así concluimos esta serie de reflexiones y enseñanzas del libro de Jeremías, mostrando que la Palabra del Señor se cumple y sus advertencias deben ser tomadas en cuenta y no ser necios que reciben el daño.