Una de las creaciones más extraordinarias de Dios es el de las estrellas, y la luna y el sol. Porque si es asombrosa la existencia del planeta tierra, cuanto más las millones de trillones de estrellas. Se dice que hay más estrellas en el cielo que granos de arena en el mar, unas 10, 000, 000, 000, 000, 000, 000, 000, 000; aunque nosotros podemos ver unas 9096 estrellas a simple vista. Para explicar la formación de estas enormes cantidad de estrellas, de los cuales el sol es una de ellas dentro de la vía láctea, los astrónomos modernos cuentan con la teoría del big bang.1 Esta teoría nos dice que hace unos 13, 800 millones de años por “razones desconocidas”, toda la materia estaba concentrada en un espacio muy, muy pequeño, por tanto muy denso y caliente, y de ahí explotó y se expandió formando estrellas y galaxias. La evidencia observacional a la que apelan los proponentes de esta teoría es la expansión del universo y un universo que se está enfriando. Básicamente la teoría supone que las fuerzas ciegas de la naturaleza fueron capaces de dar forma a todo el universo. Visto desde el punto de vista externo la tierra y el hombre serían solo un accidente insignificante. Ahora veamos como es la concepción desde el libro de Génesis y sus diferencias.

Primero, la Escritura nos dice que las estrellas tienen varios propósitos. Si bien la Biblia no tiene el fin de enseñarnos astronomía si tiene el fin de enseñarnos verdad. Moisés dice:

Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. (Gén. 1:14,15)

Las lumbreras (luces) del cielo son para separar ciclos de tiempo en la tierra y para alumbrar sobre la tierra. Los científicos nos dicen que hubo un tiempo en que el que el universo estaba en una “edad oscura” hasta el alumbramiento de la primera estrella.2 También sabemos que los movimientos de traslación y rotación son generados por la fuerza de gravedad que es la atracción entre grandes masas como son las galaxias, estrellas y planetas. Estos movimientos son los que dan lugar al día y a la noche (rotación), a las estaciones, días y años (traslación). Aquí vemos la importancia que le da Dios al conteo del tiempo y los ciclos de edades (estaciones y años), ya que esta era tiene un orden temporal en la espera del tiempo de la eternidad.

Antes, en este relato habíamos visto que la primera cosa que Dios creó fue la luz, pero en este cuarto día tenemos la disposición del conteo de días y años atribuidos a la formación de las estrellas, el sol y la luna. Dios pudo haber dado luz sin necesidad de sol y luna pero las creó para servir de señales, en el libro de Apocalipsis 21 nos dice que en el nuevo cielo y la nueva tierra no habrá sol ni luna sino que Dios alumbrará. Esto implica que si creemos en el cielo (nuevo) que Dios traerá, con la misma confianza debemos creer en Dios como el creador del presente orden.

Algunos comentaristas bíblicos opinan que las lumbreras son señales para estaciones, años y días especiales los cuales tienen un significado profético y cúltico. Los judíos por ejemplo celebraban el sábado, cada siete días; celebraban el día de luna nueva, también ciertas fechas especiales del año. Las luces celestiales debían marcar los días festivos (cf.
18:14; Levítico 23; Deuteronomio 31:10) y los ciclos de descanso, trabajo y adoración (cf. Salmos 104:19-23). Un salmo 81:3 dice “tocad la trompeta en la nueva luna, en el día señalado, en el día de nuestra fiesta solemne.” Las lumbreras celestes son de señal “desde luego para incluir: 1) el clima (Mat_16:2-3); 2) el testimonio de Dios (Sal_8:1-9; Sal_19:1-14; Rom_1:14-20); 3) juicio divino (Joe_2:30-31; Mat_24:29). y 4) la navegación (Mat_2:1-2). estaciones. Es el movimiento de la tierra con relación al sol y a la luna lo que determina las estaciones y el calendario.”3

Otra cuestión interesante es que el texto nos dice que Dios hizo estas lumbreras y las colocó de tal manera que alumbrasen al planeta tierra. Esto es hermoso porque sabemos que pese a la gran cantidad de dinero invertido en la búsqueda de vida en otros planetas en otras galaxias del vasto universo no se ha hallado vida, porque para que pueda sostenerse se tienen que dar las condiciones de posición, iluminación a un astro como el nuestro que provoque la temperatura adecuada, la rotación y la traslación, así como los diversos efectos que genera la luna.

Para darnos una idea de cómo sería nuestro planeta sin estas luces celestiales, basta con estar en una noche oscura para darnos cuenta de la necesidad de estas. No solo eso sino que la luz y el calor son básicos para la vida de las plantas y para una serie de ciclos naturales del planeta que sin ellas no existirían. Notemos que el texto nos dice que en el día tercero Dios hizo las plantas y el cuarto los astros que le darían luz y calor.

Keil y Delitzsch comentan:4

Aquí no se nos enseña que en un día, el cuarto, que Dios creara todos los cuerpos celestes de la nada, y en perfecta condición; por el contrario, se nos dice que en el principio Dios creó el cielo y la tierra, y en el cuarto día que el hizo el sol, la luna y las estrellas (planetas, cometas, y estrellas) en el firmamento, para ser luminares de la tierra. De acuerdo a estas distintas palabras, el material primario, no sólo de la tierra, sino también del cielo y de los cuerpos celestes, fue creado en el principio.

¿Podría esto servir para conciliar la teoría de un universo antiguo pero una tierra joven? Es posible, aunque esa “antigüedad” no es posible precisarla si el tiempo se empieza a contar en el día uno con la luz divina y en el cuarto día con los astros. Pero continuemos leyendo:

E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto. (Gén. 1:16-19)

Notemos que el escritor bíblico nos habla de dos grandes lumbreras, una para la noche y otra para el día. Esta nos habla de la perspectiva de un hombre sobre el planeta. El sol “señorea” en el día y la luna en la noche. Los antiguos pueblos de Canaán, de Egipto, de Mesopotamia veían al sol y a la luna como dioses que se tenía que adorar, pero la Biblia fue la primera en decir que son solo creación de Dios y que señorean solo en el sentido de manifestar la luz que Dios les permite tener. Tal vez alguien diga que la luna no es lumbrera porque no tiene luz propia, a esto rebatiríamos diciendo que tampoco el sol tiene luz propia como si fuese inherente a él, sino que Dios permite que a través de los diferentes procesos físicos emane luz. Dios es quien concede la luz y la Biblia se encarga de recordarnos que esta es un don físico también. El mismo texto nos indica que estos astros dan luz por la orden divina, es decir por la palabra de Dios que las sustenta. La otra razón por la que Dios hizo las lumbreras es para iluminar este planeta, separando de este mundo la luz de las tinieblas.

Otra aplicación religiosa que podemos extraer del pasaje es que al ser las estrellas creación divina y no divinidades ellas no tienen poder sobre el hombre, por tanto, no necesitamos en confiar en la astrología, en los horóscopos que se rigen por las constelaciones del zodiaco sino en Dios. En la antigüedad la gente pensaba que su destino estaba preescrito y de algún modo era incierto, no salían a la guerra sin consultar al astrólogo, no hacían negocios dependiendo de la posición de la luna, etc… Nuestros días de la semana llevan nombres de astros los cuales eran considerados divinidades (luna, marte, mercurio, jupiter, …). Pero el cristiano confía en el creador y no en la creación.

Muchos han pensado que si el hombre es insignificante en este vasto universo esto quiere decir que Dios no tiene un propósito especial para él, porque si así fuera ¿por qué crearía tantas galaxias y planetas que el hombre jamás logrará alcanzar a conocer? La realidad es que Dios creó todo para su gloria y precisamente para poner de patente su gran poder y sabiduría ¿se pudo haber hecho esto solo? Segundo, hasta la estrella más alejada de nosotros es por siempre conocida por su creador,

Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio. Isa_40:26

Tercero, no creo que sea tan equivocado decir que Dios hizo de esta forma el universo para mostrar que la sabiduría, el conocimiento del hombre es insignificante y que debe andar en humildad reconociendo que es más lo que ignora que lo que conoce.

Bibliografía

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Big_Bang
  2. http://www.noticiasdelcosmos.com/2008/07/como-se-formaron-las-primeras-estrellas.html
  3. Comentario bíblico de Jhon McArthur.
  4. Comentario al texto hebreo del Antiguo Testamento, Keil- Delitzsch