A diferencia de la sabiduría griega (filosofía, amor por la sabiduría) el concepto judío de la sabiduría era esencialmente práctico. No se trataba de un conjunto de ideas especulativas que podían quedar en el aire sino que debían aterrizar a la realidad del día a día. La sabiduría no es un lujo para intelectuales sino una necesidad para todo ser humano, es un asunto que no se puede soslayar. Dios no nos pide que dejemos nuestro cerebro en la puerta sino todo lo contrario que lo usemos para evaluar y separar la verdad del error, lo bueno de lo malo, sin embargo, sus mandamientos no son tan complejos como para que un niño no los pueda entender. El mayor problema no es entender la Palabra como aplicarlo en la vida, alguien dijo alguna vez “no tengo tanto problema con lo que no entiendo de la Biblia como con aquello que sí entiendo”. Para ilustrar esta verdad Jesús usó la imagen de una construcción que habría de enfrentarse a la lluvia, y a los embates de los ríos y los vientos. Él dijo:

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. (Mt. 7:24-27)

La construcción simboliza nuestra vida, y la arena y la roca son los fundamentos que podemos usar para construir nuestra vida. La lluvia, los ríos y los vientos para muchos representan los problemas de la vida, yo pienso que se trata de algo más que eso, del juicio divino. No creo que se trate de los problemas de la vida pues aunque la sabiduría divina sirva para esta vida, hay unos que tienen menos problemas que otros y hay muchos que no obedecen a Dios y no les va tan mal aquí abajo. Pablo dice en 1 Co. 3:11-15 que el fundamento de nuestra vida es Jesucristo mismo, y que podemos sobreedificar con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno y hojarasca pero el fuego pondrá de manifiesto con qué construimos. Salomón, el hombre más sabio de la antigüedad concluyó su discurso en busca del significado de la vida diciendo “teme a Dios y guarda sus mandamientos,… porque Dios traerá toda obra a juicio” (Ec. 12:14). Es interesante que la palabra obra también sea utilizada al hablar de construcción, pues bien, Dios evaluará lo que sirva y lo que no, lo determinante será si hicimos o no hicimos lo que él enseñó. Pablo ilustra el mismo principio en Gálatas 6:7,8 pero ahora comparándolo con una siembra y su cosecha, nos dice que “el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (v. 8), unos cosecharán destrucción y otros vida eterna según si se dejan guiar por su carne o por la gracia del Espíritu, pensar que sucederá lo contrario es tratar de engañarse a uno mismo (v. 7). ¿Quién en su sano juicio hace una casa en la playa exponiéndose a la destrucción y aún a la muerte misma?, pero, así hay muchos que creen que les es suficiente llamarse creyentes, oír la Palabra o leerla, pero no se preparan para el día que tendrán que pararse ante el “fuego consumidor” (Dt. 4:24). Para algunos habrá una enorme devastación, para otros habrá permanencia y vida eterna.

Muchos no creyeron a Noé cuando les anunció que vendría un diluvio que destruiría a todo ser viviente y como consecuencia no se prepararon. Jesús nos dice que podemos prepararnos para la próxima devastación mundial no construyendo búnkers, o tratando de escapar al espacio exterior sino al hacer su voluntad. Pedro concluye “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,” (2 P 3:11). ¿Serás prudente?

Pro 22:3  El avisado ve el mal y se esconde;
Mas los simples pasan y reciben el daño.