Hay algunas razones que parecen sugerir que el Espíritu Santo es una energía o poder que fluye de Dios. En primer lugar el término “espíritu” tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento significa “viento”, el cual es un elemento impersonal. Esto pareciera, junto con el hecho de que en el Antiguo Testamento no parece existir otra persona distinta de Jehová (Yahweh), que en realidad el Espíritu es solo un espíritu sin personalidad. Pero veamos con más detenimiento lo que nos dicen varios pasajes de las Escrituras.

  1. Textos que presentan en coordinación al Espíritu Santo con el Padre y el Hijo. No tendría sentido colocar al Espíritu Santo si fuese cosa o energía junto a dos personas, en pasajes como Mt. 28:19 “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, 2 Co. 13:14 “la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo…” (Cf. 1 Co. 12:4-6, Ef. 4:4-6, 1 P. 1:2).
  2. El pronombre masculino se usa para hablar del Espíritu Santo: Hay pasajes donde el pronombre masculino él (gr. ekeinos) se usa para el Espíritu a pesar de que el término espíritu (gr. pneuma) es un sustantivo al que se le agregaría de forma normal el pronombre gr. ekeino (Jn. 14:26, 15:26, 16:13-14). También se usa el término consolador (gr. parakletos) que se refiere a un persona que ayuda a otra persona (Jn. 14:26, 16, 15:26, 16:7).
  3. Al Espíritu Santo se le adscriben actividades personales:  como enseñar (Jn 14:26), dar testimonio (Jn 15:26; Ro 8:16), interceder u orar a favor de otros (Ro 8:26-27), escudriñar las profundidades de Dios (1 Co. 2:10), conocer los pensamientos de Dios (1 Co. 2: 11), decidir repartir algunos dones a algunos y otros dones a otros (1 Co. 12:11), prohibir o no permitir ciertas actividades (Hch. 16:6-7), hablar (Hch 8:29; 13:2; y muchas veces en el Antiguo y Nuevo Testamentos), evaluar y aprobar un curso sabio de acción (Hch 15:28), y entristecerse por el pecado en la vida de los creyentes (Ef 4:30).
  4. Hay pasajes que no se entenderían si el término Espíritu se entendiera como poder: Por ejemplo: Lc. 4:14 dice “Jesús regresó en el poder del Espíritu” diría “Jesús regresó en el poder del poder”; también Hch. 10:38 “Como lo ungió Dios con Espíritu Santo y con poder” diría “como lo ungió Dios con el poder de Dios y con poder” lo cual no tendría sentido.

Estas evidencias bíblicas hacen que podamos concluir que el Espíritu Santo es una persona y no es una actividad divina, ni una energía o el poder de Dios. No solo eso sino que también es una persona divina porque se le atribuyen los atributos divinos lo cual se verá en otra ocasión, pero algo de eso podemos inferir de los puntos 1. y 3. Hay que añadir que el Espíritu Santo tampoco es una paloma, ni es fuego, ni aceite, sino que estos son símbolos de sus diferentes ministerios y en el caso de la paloma se trata de una manifestación visible del mismo para darnos a entender su mansedumbre y como símbolo de paz.