Un viejo chiste dice: ¿Por qué Pedro negó a Jesús?… porque le sanó a la suegra. Hay alguna mala fama de las suegras que se ha vuelto proverbial, pero esto no es así en todos los casos. Pedro tenía su familia y su casa en Galilea donde también se dedicaba a la pesca. No sabemos la edad de Pedro o si tenía hijos, pero se nos dice que su suegra vivía con ellos y esto nos habla del cariño mutuo que se tenían. Cuando Pedro se fue a seguir a Jesús en su predicación dejó a su familia por un cierto periodo de tiempo pero cada vez que volvía por la región se hospedaba en su casa. El apóstol Pablo menciona en 1 Co. 9:5 que Pedro y los demás apóstoles llevaban con ellos a sus esposas en sus viajes. Mateo nos relata que en una ocasión “Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre” (Mt. 8:14). Notemos que Jesús visitaba las casas de sus discípulos y así como servía a los suyos, se dejaba servir por ellos. No fue Pedro quien le dio la noticia del estado de su suegra y no hubo alguna petición al respecto, sino que él mismo la vio postrada en cama por algún tipo de fiebre. Recordemos que en aquel entonces una fiebre causada por alguna infección podía causar la muerte de una persona pues no existía la medicina actual. La reacción de Cristo fue inmediata, “y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía.” (Mt. 8:15). Solo bastó un toque de su mano para que la enfermedad la dejase y su cuerpo volviera a sentirse bien. La reacción de ella, como toda buena suegra, fue la de servir a Jesús y a los discípulos.

La historia pretende enseñarnos que donde quiera que Jesús iba él obraba milagros por medio de su poder sobrenatural. Pero podemos ver un contraste entre este caso y el de versículos anteriores en que aquel centurión dijo “no soy digno de que entres a mi casa, solo di la palabra”, porque aquí observamos más intimidad y un toque cariñoso. Sin duda que Dios tiene muchas formas de obrar, en el caso del centurión obró por tan gran fe, en este caso lo hizo por ver la gran necesidad y con un pequeño y cariñoso toque le concedió el don de la sanidad. También aprendemos que la mejor forma de mostrar gratitud a Dios es sirviéndole con las capacidades que él nos da, pues cuando estamos enfermos no podemos hacer nada. Pedro habrá dicho: “ven a mi casa Señor para que comas y descanses”. Pero él vio un problema y antes que pensar en sí mismo pensó en los demás. Cuando nosotros servimos a otros y ayudamos al necesitado y al enfermo él será libre para servir a Dios, hay gente que no lo puede hacer aunque este sea su deseo.

Invitar a Jesús a nuestro casa es en primer lugar para servirle a él pero en el proceso nosotros seremos también bendecidos de muchas maneras.