Cada vez que el ser humano reconoce el vacío de su ser interior y se da cuenta que es más que carne y hueso está acercándose a dilucidar su aspecto espiritual. Él desea elevarse sobre su debilidad humana y pecaminosa, a la que la Biblia llama carne, buscando alcanzar de este modo la plenitud de su desarrollo interior. Para ello recurre a la búsqueda de la sabiduría, de la contemplación, del ascetismo, la meditación y aún el contacto con seres extraterrenos como ángeles y espíritus. El medio de alcanzarlo es mediante la autodisciplina del “no manejes, ni gustes, ni aun toques”. Pablo llama a lo anterior mandamientos que el mismo hombre se autoimpone, los cuales son el intento desesperado por alcanzar lograr la plenitud del ser. El apóstol reconoce que otras religiones, en este sentido, tienen “cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” (Col. 2:21-23).  Tristemente algunas corrientes del cristianismo han caído en esta confusión y no aceptan la verdad sencilla de lo que Pablo predica como una revelación: “vosotros estáis completos en él” (Col. 2:10). En otras palabras, para estar completos hay que adherirse por la fe al único que tiene la capacidad de ser perfecto y agradar a Dios, el cual es Jesús.

La plenitud de la espiritualidad se halla en Jesús y no en nosotros mismos. En Juan 15  Cristo dijo “Yo soy la vid verdadera,… permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, … así tampoco vosotros” (Jn. 15:1,3). Nosotros no podemos ser la vid verdadera por mucho esfuerzo que podamos hacer, nos basta con ser las ramas de la vid para poder dar frutos mediante la permanencia en la fe. El apóstol Pablo dice que el hombre antes de conocer a Jesús el hombre está muerto en delitos y pecados, pero al conocerle adquiere vida en Cristo, a lo que podemos llamar vida espiritual (Ef. 2:1,5).

Ahora bien, lo que causa la unión con Cristo no es una vida estática sino un caminar dinámico y revitalizado mediante el poder del Espíritu Santo. Jesús da vida espiritual a los suyos a través del Espíritu de Dios. Notemos que lo primero que Jesús hizo luego de resucitar fue ir con sus discípulos y “sopló, y les dijo: recibid el Espíritu Santo” (Jn. 20:22), el Señor había dicho antes de su muerte “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (Jn. 16:7). Él es el que opera el nuevo nacimiento, la justificación y la santificación del cristiano (1 Co. 6:11). Él es el elemento necesario en la adoración que a Dios le agrada “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn. 4:23).

La espiritualidad cristiana es andar en el Espíritu y no satisfacer los deseos de la carne (Gá. 5:16). Pablo dice que los que son del Espíritu piensan en las cosas del Espíritu (Ro. 8:5) y esto es realmente lo que motiva a la búsqueda de las cosas de arriba por medio de las disciplinas espirituales. Pablo enseña que no son las disciplinas ascéticas practicadas mediante las fuerzas humanas las que nos acercan a Dios, y el hecho que nos diga que estamos completos no significa que no podamos estar más llenos del Señor. Un niño es un ser humano completo pero no está maduro, del mismo modo, el hombre sin Cristo no puede ser agradable al Padre y alcanzar la llenura de su alma, pero el cristiano sí lo hace, puede profundizar más en su relación con el Dios que es vida. Pablo ora por la iglesia de Éfeso:

para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones,…  y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. (Ef. 3.16-19)

Notemos que Pablo confía en que el Espíritu es quien puede fortalecer el hombre interior para al final llenarlos de la plenitud de Dios, pero Dios está dispuesto a usar la vida suya quien está orando por los demás. El medio que Dios utilizará para llenarlos del conocimiento de Cristo, por tanto, los medios de la oración, el ayuno, la lectura y meditación de las Escrituras son formas que el Espíritu utilizará para fortalecer al hombre para hacerle un hombre fuerte espiritualmente hablando.

También debemos añadir que la espiritualidad cristiana bien vivida logrará que exista la libre manifestación de los dones del Espíritu, pero la presencia de ellos no necesariamente significa que haya espiritualidad. Pablo dice a los corintios que a pesar de que tienen muchos dones no tienen amor, y por tanto, son carnales (1 Co. 3, 12-14). Lo ideal en el ejercicio de la espiritualidad cristiana es manifestar los dones con una integridad de verdadero amor, paz y gozo en el corazón. En otras palabras, ser espiritual es ser como Jesús o irnos pareciendo más a él.

De alguna manera Dios permite que participemos en el desarrollo de nuestra espiritualidad porque esta es ahora nuestra naturaleza pero llegará el día en que al verle seremos transformados a su imagen en un abrir y cerrar de ojos (1 Jn. 3:2). Pablo confía en que el que comenzó la buena obra en nosotros, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Fil. 1:6), por ello también ora ” el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Ts. 5:23), pero eso no quita las exhortaciones a no apagar el Espíritu, a orar sin cesar y a dar gracias en todo (1 Ts. 5:17-19), por ejemplo.

Si hay un vacío en ti que deseas llenar clama al Señor por el agua que él prometió y permanece en la constante dependencia de su savia espiritual. Cristo dijo “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” (Jn. 7:35)