Jesús dijo que muchos son los llamados y pocos los escogidos en el sentido de que hay pocos que están dispuestos a pagar el precio necesario, son más los que no se comprometen. Aunque Jesús alcanzó llegar a multitudes su interés principal era hacer discípulos de ellos. La diferencia entre el observador de la multitud y el discípulo es que este último estaba permanentemente con él aprendiendo de sus enseñanzas y de sus acciones, seguirle implicaba dejar su hogar, el trabajo y los negocios personales e ir tras él a toda aldea y ciudad a donde fuera.

Un día un escriba vino al Señor y le dijo “Maestro, te seguiré adondequiera que vayas” (Mt. 8:19). Un escriba era un hombre religioso que se encargaba de estudiar la ley y transcribirla. Los escribas usualmente eran personas de una buena posición social y enemigos de Jesús por cuestiones de interpretación de la ley, sin embargo, en este caso éste escriba había visto algo diferente en Jesús que decidió seguirle. La declaración de intención era realmente loable, pero ¿entendía realmente el precio de lo que tenía que dejar? Jesús quería asegurarse que entendiera realmente las implicaciones de su decisión y no tener a alguien que al poco tiempo se volviera a su casa. No tenía la intención de desanimarle sino dejar las cosas en claro en que no hallaría comodidad o riquezas como las que él estaba acostumbrado, no todo sería fama, momentos de gloria y estar rodeados de multitudes. “Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.” (Mt. 8:20), en otras palabras, Jesús le decía que a diferencia de la seguridad de una guarida o nido de estos animales, él no gozaba de un lugar fijo. Jesús y sus discípulos habían dejado sus casas en Galilea y a sus familias con miras a una recompensa mayor al final del ministerio. La cuestión es que, aunque el Señor y los discípulos a donde iban encontraban el respaldo de otros seguidores quienes les daban alojamiento y alimento en ocasiones también se encontraban con antagonistas que los rechazaban (Jn. 6:66, Mt. 8:34, Lc. 9:35). En Juan 1:12 dice que el creador y dueño del mundo vino a lo suyo, y los suyos no le recibieron.

Si dices te seguiré a donde vayas, ¿estás dispuesto a no tener incluso una casa propia en la que puedas descansar? ¿estás dispuesto a depender de Dios en cuanto a casa y comida y no en tus propias fuerzas?

Luego de esto “Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.” (Mt. 8:21). Se ha discutido si esto se refiere a que el padre de aquel hombre acababa de morir o si se refería a que era un anciano al que él se encontraba cuidando.  El punto es que pedía permiso para seguirle después de cumplir con un deber familiar. Cuando “Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.” (Mt. 8:2) en otras palabras, permite que los que están muertos espiritualmente se encarguen de sus muertos. Las razones de esta respuesta sorpresiva pueden ser varias:

  • El tipo de ceremonias funerarias de aquel tiempo no era de edificación para su vida por lo que era preferible que en vez de estar en agonía se fortaleciera por la predicación de la palabra.
  • Tal vez este hombre necesitaba el recordatorio de que Jesús como rey soberano debía ser seguido sin reservas ni condiciones.
  • O quizá quiso decirle que su llamado era urgente porque ya había ordenado la salida, por lo que debía confiarle el entierro a otras personas.
  • Jesús quería enseñarle que los lazos de la familia de Dios son más fuertes y eternos que los de la familia natural.
  • Otros necesitan una palabra similar porque son de aquellos que postergan la decisión de seguir al Señor con excusas al parecer legítimas, nunca hay tiempo, siempre hay algo que toma nuestro tiempo y corazón.

Podemos ser discípulos de Jesús sin ser parte del grupo íntimo de sus seguidores. Si Dios te llama a seguirle de cerca tendrás que tomar decisiones importantes respecto a la familia, el trabajo, las posesiones y otras cosas importantes. La recompensa es grande pero no todos están  dispuestos. Jesús quiere que tengas claridad de expectativas y decisión firme.