Dentro de la teología cristiana hay al menos tres posiciones al respecto: la posición tripartita que dice que el hombre está hecho de espíritu, alma y cuerpo; la posición bipartita que supone que solo está formado de espíritu y cuerpo; y finalmente la posición monista que dice que el hombre es solo alma.

Todos estamos de acuerdo que tenemos una parte física llamada cuerpo y una parte inmaterial llamada alma, otros consideran que también tenemos una parte que se relaciona con Dios llamada espíritu y que viene a la vida al hacerse cristiano “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.” (Ro. 8:10). Otros suponen que el alma es un término intercambiable con el de espíritu. El monismo asevera que no existe una parte independiente llamada alma en el hombre e interpreta los términos “alma” y “espíritu” como persona y vida. Puesto que la Biblia afirma la existencia del alma luego de la muerte en diferentes pasajes (Gn. 35:18; Sal 31:5; Lc. 23:43,46; Hch. 7:59; Fíl. 1:23-24;
2 Co. 5:8; He. 12:23; Ap. 6:9; 20:4) debemos rechazar esta última posición.

La posición tricotomista y dicotomista tienen muchos defensores en el mundo evangélico. Consideremos que nos dice la Biblia al respecto. En Génesis 2:7 encontramos al hombre como una persona unificada con cuerpo y alma actuando juntos “y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”. Toda acción del hombre es acción de la persona por lo que el Señor dice que debemos santificar el cuerpo y el espíritu (2 Co. 7:1). Veamos algunos puntos a favor del dicotomismo:

  1. Las Escrituras usan alma y espíritu de forma intercambiable: Al examinar el uso de alma (heb. nefesh, gr. psique) y espíritu (heb. ruaj, gr. pneuma) podemos ver que son usadas de manera intercambiable.
Qué se turba Ahora está turbada mi alma (Jn. 12:27) Jesús “se conmovió en espíritu” (Jn. 13:21)
Con qué se alaba Mi alma glorifica al Señor y Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador (Lc. 1:46,47)
Qué se va al cielo o infierno Espíritus de justos perfeccionados (Heb. 12:13), espíritus encarcelados (1 P. 3:19) Almas de los decapitados (Ap. 6:9, 20:4)

2. En la muerte el alma sale o el espíritu sale: Cuando muere Raquel su alma salió (Gén. 35:18), Elías oró “te ruego que hagas volver el alma de este niño a él” (1 R. 17:21), el mesías derramaría “su alma hasta la muerte” (Is. 53:12). En el N.T. se le dice al rico “esta noche vienen a pedirte tu alma” (Lc. 12:20). Por otro lado David dijo “en tus manos encomiendo mi espíritu” (Sal. 31:5, cf. Lc. 23:46), el espíritu volverá a Dios (Ec. 12:7), cuando Jesús murió entregó el espíritu (Jn. 19:30), lo mismo hizo Esteban (Hch. 7:59).

3. Se dice que el hombre es “cuerpo y alma” o bien “cuerpo y espíritu”. Jesús dijo: Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno (Mt. 10:28). En este pasaje “alma” no puede referirse a “vida” sino a una parte del hombre que puede existir aún después de matar el cuerpo. En otro pasaje Pablo se refiere al cuerpo y al espíritu donde dice que un pecador de Corinto debería entregarse a Satanás “para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor” (1 Co. 5:5). Santiago dice “el cuerpo sin el espíritu está muerto” (Stg. 2:26). Una persona puede consagrarse a Dios en cuerpo y espíritu (1 Co. 7:34) y santificarse en esas dos áreas (2 Co. 7:1).

4. El alma puede pecar o el espíritu puede pecar: Los tricotomistas consideran que el espíritu es más puro que el alma por estar sujeto al Espíritu Santo. Sin embargo la Biblia afirma que el espíritu se puede contaminar (2 Co. 7:1), Dt. 2:30 habla de un espíritu endurecido y Sal. 78:8 habla del espíritu infiel. Otros pasajes se refieren a la altivez de espíritu (Pr. 16:18) o espíritus extraviados (Is. 29:24). Si Dios pesa los espíritus (Pr. 16:2) implica que una persona puede estar equivocado en el espíritu.

5. Todo lo que se dice que hace el espíritu lo hace el alma y viceversa: Los tricotomistas definen al espíritu como la parte del hombre que ora y adora al Señor, y al alma como la parte que siente (emociones), piensa (intelecto) y actúa (voluntad) sin embargo las Escrituras no permiten esta delimitación.

Funciones del alma Funciones del espíritu
sentir El espíritu de Pablo se enardecía (Hch. 17:16), Jesús se conmovió en espíritu (Jn. 13:21), se puede tener espíritu triste (Pr. 17:22)
pensar Jesús supo cosas en su espíritu (Mr. 2:8), el E.S. nos hace saber cosas en el espíritu (Ro. 8:16). Nuestro espíritu conoce nuestros pensamientos (1 Co. 2:11)
A ti levanto mi alma (Sal. 25:1), podemos hallar descanso para el alma en Dios (Sal. 62:1) y alabarlo con el alma (Sal. 103:1) Adora
Ana derramó su alma en oración (1 S. 1:15), debemos amar a Dios con toda el alma (Dt. 6:5), podemos esperar en Dios con el alma (Sal. 41:1) y esperar en él (Sal. 42:5). También se habla del alma alegre en la salvación (Sal. 35:9) y del alma quebrantada (Sal. 119:20) Orar

Lo anterior no implica que estas cosas pueden hacerse solo con el alma o con el espíritu pues el cuerpo también está funcionando. Oramos y adoramos a Dios también con nuestro cuerpo.

De los cuatro puntos anteriores podemos concluir que las Escrituras se refieren al espíritu como al alma como a la parte inmaterial del hombre que piensa, decide, siente, ora, adora y puede existir independientemente del cuerpo al morir y no como elementos diferentes.

Argumentos y respuestas a pasajes que parecen afirmar el tricotomismo

Hay por lo menos dos pasajes que presentan al alma y al espíritu como si se tratasen de dos cosas distintas: “… y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Ts. 5:23) y Heb 4:12 donde dice que la Palabra “penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

Pablo podría estar acumulando términos sinónimos como se hace en otros pasajes de la Escritura. Por ejemplo, Jesús dice en Mateo 22:37 “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” y en Marcos 12:30 añade que debemos adorar a Dios con las fuerzas. Esto no significa que ser humano tenga cinco o seis partes: alma, corazón, mente, espíritu y cuerpo. Aquí debemos suponer que se están acumulando términos sinónimos para mostrar que debemos adorar a Dios con todo. Esta conclusión es plausible porque si analizamos las funciones del corazón y de la mente veremos que son semejantes a las del alma y el espíritu.

En Heb. 4:12 el fin no es mostrar que existe una parte llamada alma distinta que el espíritu sino que la Palabra de Dios puede penetrar lo más profundo del ser humano, ya sean coyonturas, tuétanos, pensamientos o intenciones del corazón.

En 1 Co. 2:14-3:4 Pablo distingue al hombre natural del espiritual pero en este contexto el espiritual se refiere al que está dominado y dirigido por el Espíritu pero no significa que el cristiano tiene un espíritu y los no creyentes no, como hemos visto.

Si bien cuando uno se convierte comienza a tener una percepción de las cosas “espirituales” distintas a la de aquellos que no son cristianos esto no implica que esta parte sea distinta al alma. Cuando una persona nace de nuevo es nueva criatura y su espíritu se vivifica ante Dios, no viene a adquirir un espíritu sino que al entrar en relación con Dios por Jesús comienza una comunión con Dios que estaba muerta. Por otra parte, lo que nos hace diferentes a los animales son las facultades espirituales que Dios le ha dado al cuerpo y al alma.

Si consideramos que el ser humano tiene tres partes donde el espíritu es la parte más elevada tenderemos a considerar las partes del alma (voluntad, intelecto o emociones) como partes no tan importantes y a pensar que solo la oración- adoración son cosas que debemos cultivar. Si pensamos que esas capacidades son parte de nuestro espíritu daremos importancia a desarrollar el intelecto, la voluntad y las emociones. El crecimiento cristiano y la santificación debe darse en toda área de la vida.