Durante la edad media se desarrolló toda una teología basada en la creencia de que de algún modo el cristiano méritos ante Dios que serían la medida de su justicia que podían ser acumulables y canjeables para el beneficio de otros. De ahí que se considerase más digno uno que otro y por tanto se hacía necesario vincularse con esa persona para que rogase por ellos ¿No fue acaso la amistad de Abraham y de Moisés lo que logró la efectividad de su intercesión por los demás? Analicemos hasta qué punto la relación que estos personajes tuvieron con Dios lograron influirle.

En Génesis 18 Dios le confió a Abraham que destruiría Sodoma y Gomorra y él empezó a pedirle que no las destruyera si hubieran justos por amor a ellos. Dios le dijo que en efecto no lo haría por amor a por lo menos diez justos que hallase ahí. Abraham no pidió tanto por los sodomitas como por los justos y de manera colateral la protección vendría a los impíos. De este texto que Dios reveló a Abraham parte de su plan porque sabía que llegaría a ser en él y que prometió dar muestras de gracia por amor a los suyos. Aquí se cumplen algunos principios que Jesús dejó:

  • se puede tener una relación de siervo o de amigo con Dios, pero solo a sus amigos Dios les revela cosas (Jn. 15:14,15)
  • Para ser amigos hay que ser obedientes a sus mandamientos. La obediencia demuestra el amor a Dios y permite reciprocidad del amor divino “el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Jn. 14.21).
  • A estos les dice que si permanecen en él y sus palabras permanecen en ellos pueden pedir lo que quieran y les será hecho (Jn. 15:7)

En síntesis los obedientes son amigos de Dios y por ello les revela y les responde conforme a su deseo. ¿Se puede llamar a esto mérito? el mérito es cuando una persona hace cosas con tal de merecer una remuneración o pago, algo que se le cuenta como deuda. Según Romanos 4 se nos dice que Abraham fue justificado por la fe y no por las obras “pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda” (Ro. 4:4). En el mismo libro se nos dice que Dios nos amó siendo aún pecadores y nos sigue amando (Ro. 5:8,9).

La pregunta es ¿podemos ganarnos más del amor de Dios al punto que seamos llamados sus amigos y no simples siervos? Lejos del debate teológico es una realidad que la mayoría de los cristianos no permanece en obediencia completa a los mandamientos de Dios. Solo por teorizar diremos que hay un amor general al mundo (Jn. 3:16) por el cual Jesús lo demostró al dar su vida y hay un amor de comunión que es para los hijos obedientes de Dios (Jn. 14:21). Si lo anterior es correcto aún con eso no podemos hablar de méritos como si se tratara la relación de patrón y trabajador, sino de amigos, por tanto, Dios no contesta porque deba algo a esa persona sino porque es un compañero que lucha a su lado y con quien puede abrir su corazón. No es el mérito, es la amistad.

Así pues, ese amor de amistad se extiende en misericordias abundantes para los que se apelan a esta relación, “y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” (Ex. 20:6). Abraham intercedió por su sobrino y Dios hizo misericordia con él salvándole de la muerte (Gén. 19:16). Cuando Dios quiso destruir a Israel por romper el pacto de la ley al adorar un becerro de oro Moisés pidió que se acordara del pacto y de la promesa hecha a Abraham y Dios no los consumió (Ex. 32).

Luego Dios hizo un pacto incondicional con David a quien prometió darle descendencia en el trono por eso leemos que Dios tenía misericordia de la ciudad de Jerusalén y de la dinastía “por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo” (2 R. 19:34). Como ejemplo de lo que Dios hace con los humanos tenemos el pacto de David con Jonatán en que el primero prometió proteger a la descendencia del otro si este faltaba. Cuando murió Jonatán David hizo misericordia a Mefi- boset por amor a su amigo (2 S. 9:7).

Por tanto, hemos de concluir que el mérito no existe como medio de apelación ante Dios y aunque él recompensará a cada quien conforme a su obra, debemos basarnos en las promesas del pacto para con sus amados, lo cual está basado en su gracia, para obtener misericordia para nosotros y para con su pueblo. Cada uno puede tener amistad con Dios y establecer una relación de “privilegio”, que en realidad debe ser la vida cristiana normal, la invitación es para todos.