Son muchas las razones por las que muchas mujeres hoy en día terminan solas y desamparadas teniendo que sobrellevar la carga de sus hijos, algunas por el abandono o divorcio del marido, por la separación debida al abuso físico o sexual, por la muerte de la pareja, etc. ¿Cuál es la esperanza que puede tener una mujer así cuando la sociedad, la familia e incluso la iglesia no ayudan sino más bien recriminan o no comprenden lo que les sucede?

En la Biblia tenemos el caso de una mujer en desventaja social, una persona sin familia, sin derechos, sin más futuro que ser siempre el segundo lugar, hablamos de la esclava egipcia Agar. La historia relatada en Génesis 16 comienza cuando su dueña, la señora Sara decide que ella tenga un hijo con su esposo pero que le sea entregado a ella en adopción. Nadie le pidió la opinión y aún contra su voluntad tuvo que permitir que Abraham se llegase a ella. Los errores de otros cambiarían su vida para siempre, no obstante por la gracia divina el mal sería transformado en bien.

Agar viéndose embarazada siente que por primera vez algo es suyo y se revela contra su dueña, decide que no será más victima de maltrato, ahora será madre y por ello la empieza a ver con desprecio. Sara la empieza a oprimir por su actitud desafiante y ella huye definitivamente, ¿por qué seguir aguantando semejantes injusticias?

En su huida se encontraría a la terrible realidad del desierto y allí la hallaría el Ángel de Dios que le mandaría a regresar y a sujetarse a su señora. Esto no parecía algo bueno, ¿avalaba Dios la injusticia? No, sin duda. Más bien su sujeción haría que ella fuese tratada bien por Sara. El ángel prometió que el bebé que llevaba en su vientre sería una gran nación, una persona muy importante que se multiplicaría sobre manera. Este debía llamarse Ismael, porque Dios oyó su aflicción (Ismael significa Dios oye). La aflicción de Agar era la aflicción del desamparo y de la falta de certezas para el futuro. Agar, una esclava que no contaba con la defensa ni los oídos de nadie, se encontró con el Dios Viviente que ve (Gén. 16:13,14) y fue rescatada de tomar decisiones equivocadas, y redirigida a caminar por las promesas de Dios.

Un segundo episodio en la vida de Agar lo tenemos en Génesis 21 dónde después del nacimiento del hijo de la promesa, Isaac, el ya adolescente Ismael se burlaba del niño recién destetado. Entonces Sara le pide a Abraham que eche a Agar con el jovencito porque no podían haber dos herederos. Ante esto Abraham se siente muy preocupado porque se trataba de un hijo suyo. Sin embargo, Dios le dijo que hiciera caso a su mujer y que no se preocupara por el niño porque de él haría una nación por ser su descendiente. Abraham despidió a su sierva dándole agua y pan, y ella viajó errante por el desierto.

Cuando Agar no tenía ya agua y viendo que su hijo estaba muy débil lo dejó bajo un arbusto mientras ella se fue adelante pues no quería ver como moría. Entonces el muchacho alzó la voz y lloró. Entonces el ángel de Dios le dijo a Agar que no temiera porque había escuchado el clamor del muchacho y que lo levantara porque no moriría sino sería una nación grande. Ella alzó la vista y vio una fuente de agua y bebieron y se salvaron. La Escritura nos dice que Dios estaba con el muchacho y este llegó a ser un cazador que vivió en el desierto.

¿Qué podemos aprender de esta historia?

  • Que las circunstancias negativas en la vida de muchas mujeres ha venido como consecuencia de de los errores, pecados y malas decisiones de otras personas.
  • Que la rebeldía, la prepotencia, el orgullo o el rencor ante estas injusticias no ayuda a mejorar la vida sino que genera muchos más problemas en la vida. Muchas mujeres terminan solas porque prefieren no cambiar de actitud ante las cosas.
  • La historia de Agar nos muestra que cuando uno está asociado con Dios, no importa quien haya sido el padre o a través de qué circunstancias se haya dado el embarazo, Dios promete bendecirlo y acordarse de él para darle un futuro de esperanza.
  • Dios es un Dios vivo que ve y oye la aflicción de una mujer desamparada.
  • Hay veces que Dios pide a esta mujer desamparada regresar y sujetarse al esposo o a los padres o familiares; en otras ocasiones será necesaria la separación. A veces es más prudente salir aunque no se sepa a dónde ir. Para entender cuándo se requiere esto se debe buscar la voluntad de Dios en oración.
  • La mujer que es dejada a su suerte no debe pensar que no podrá salir adelante aunque se halle en el desierto de la soledad y la escasez.
  • Dios oirá el clamor de sus hijos y le mostrará que cerca hay agua y tierra para asentarse.
  • El lugar desertico puede ser el lugar de fructificación con la ayuda del Señor. El desierto te puede fortalecer.
  • Dios promete enviar cerca de ti ángeles para recordarte que hay esperanza y que debes seguir adelante.

En el libro de Isaías leemos la siguiente promesa

“porque tu marido es tu Hacedor… Porque como a mujer desamparada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como a esposa de la juventud que es repudiada… y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos.” Is. 54: 5,6,13