Dios es el arquitecto y constructor de su propia morada la cual no está hecha de piedras materiales sino de seres humanos un día muertos en sus pecados ahora vivos para él.

El Señor dijo a Israel “mirad a la piedra de la cual fuisteis cortados…” (Is. 51:1) recordándoles que ellos habían salido de Abraham, que a su vez había salido de Babilonia para formar un pueblo santo para Dios por orden de Dios: “deja a tu pueblo y a tu parentela”. Sin embargo, no todo judío era realmente hijo de Abraham sino que los verdaderos hijos tenían que mostrar el arrepentimiento para aceptar a Jesús, “y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.” (Mt. 3:9). Esa idea de que Dios puede levantar hijos de las piedras es de nuevo afirmado por Jesús cuando los mismos fariseos quieren callar a los discípulos “Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lc. 19:40), refiriéndose a las piedras del templo de Jerusalén donde iba a entrar.

Cuando Jesús conoció a Simón le puso por sobrenombre Pedro que traducido es piedra, “tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mt. 16:18). Casi cada vez que la Biblia se refiere a la roca se refiere a Dios mismo, como vemos: “El es la Roca” (Dt. 32:4), Sal_42:9 “Diré a Dios: Roca mía” (Sal. 42:8), “El solamente es mi roca y mi salvación;” (Sal. 62.2), “En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.” (Sal. 62:7), “Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador; (2 S. 22:2), “¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?” (2 S. 22:32). En el Nuevo Testamento nos dice: “porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.” (1 Co. 10:4). Y Pedro señala 1Pe 2:4 “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,” Este texto es una cita de Is. 28:16 donde Dios dice que pondrá en Sion por fundamento a una piedra angular, escogida y preciosa, de cimiento estable, sobre la cual se edificará el resto del edificio. Pablo dice: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.” (1 Co. 3:11).

Por tanto, Pedro dirá “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” (1 P. 2:5). Esto es interesante porque nos dice que al igual que a Jesús somos llamados piedras vivas. Jesús es la piedra principal (la piedra del ángulo) y nosotros las piedras o ladrillos que debemos ser edificados como la casa espiritual y sacerdocio santo y nuestra finalidad es ofrecer sacrificios espirituales a Dios. Cuando Salomón construyó el templo de Dios “mandó el rey que trajesen piedras grandes, piedras costosas, para los cimientos de la casa, y piedras labradas.” (1 R. 5:17), del mismo modo la iglesia, él quiere lo mejor de nosotros. La ciudad de Jerusalén que había sido destruida y se hallaba en ruinas, Dios prometió edificarla con piedras preciosas, las cuales son los hijos de Dios:  “Tus ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de piedras de carbunclo, y toda tu muralla de piedras preciosas.” (Is. 54:12). La Escritura nos dice que la Nueva Jerusalén estará hecha de 12 piedras preciosas en sus cimientos y 12 perlas en sus puertas

 Recordemos que el altar de Dios era hecho de piedras enteras “De piedras enteras edificarás el altar de Jehová tu Dios, y ofrecerás sobre él holocausto a Jehová tu Dios;” (Dt. 27:6). Cuando Israel pasó por el Jordán Dios les ordenó sacar 12 piedras del río como testimonio para ellos de los milagros de Dios, uno por cada tribu (Jos. 4). Luego cuando Elías reedificó el altar de Dios lo hizo con doce piedras simbolizando que el pueblo de Dios debía ser el altar de adoración de piedra (1 R. 18:31)

Somos las piedras que adoran a Dios en espíritu y en verdad, que no eramos parte de la piedra cortada y que tomamos a Cristo como la roca de salvación, de refugio, de salvación y fundamento. Si somos piedras vivas debemos ser edificados para formar este templo vivo donde mora el Dios vivo.