La palabra escudriñar significa examinar o estudiar con mucho cuidado las Escrituras para descubrir sus secretos escondidos. ¿Cuál es la importancia de analizar o estudiar en profundidad las Sagradas Escrituras? porque ellas nos pueden hacer sabios para la salvación (2 Ti. 3:15). Muchas personas consideran a la Biblia como un libro sagrado lleno de sabiduría, de valores y de verdade, y dedican tiempo para estudiarla. No obstante el estudiar por estudiar no es suficiente para la salvación pues se requiere de la fe en Jesús. La meta es más que un conocimiento intelectual sino alcanzar una relación personal con Dios. La Biblia es el libro más extraordinario del mundo cuyo contenido es insondable. No solo eso sino que es digno de que cada persona preste atención a sus palabras, frases, puntos y acentos.

En Juan 5:38, 39 Jesús dijo a los fariseos: “Ustedes estudian las Escrituras con mucho cuidado, porque esperan encontrar en ellas la vida eterna; sin embargo, aunque las Escrituras dan testimonio de mí, ustedes no quieren venir a mí para tener esa vida.” (DHH). La Biblia es un libro de revelación y no un libro de cosas ocultas, pero aunque esta nos hable con claridad sobre los asuntos de la salvación siempre podemos descubrir más en él. Realmente si no nos damos cuenta de que el objetivo de Dios al darnos este maravilloso libro es mostrarnos a Cristo para que creyendo en él tengamos la vida eterna, hemos perdido el tiempo. Nuestro estudio minucioso de las Escrituras nunca debe quitarnos de vista de su protagonista principal. Jesús no negó que las Escrituras fueran el libro que revelara el camino a la salvación pero enseñó que la clave de interpretación fundamental es él mismo.

En Hechos 17 Pablo y Silas llegaron a Berea y se nos dice que:

“Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres.” (Hch. 17:11,12)


Este pasaje nos presenta a judíos que tenían la Palabra pero aún no se les había revelado el evangelio de Cristo. Cuando estudiaron el Antiguo Testamento con una actitud noble de humildad lograron conocer la verdad. Por tanto, quien estudia la Palabra debe tener una mente abierta y no aferrarse a su preconcepción religioso o denominacional. También esto nos enseña que debemos ser perseverantes en la búsqueda de la verdad “escudriñar cada día las Escrituras”. El objetivo es alcanzar la fe real.

Hoy en día hay muchas doctrinas y denominaciones cristianas, unas más o menos apegadas a la verdad revelada, pero cada cristiano es responsable de la verdad que escoge creer. Por tanto, es nuestro deber oír el mensaje que se nos predica y tomar tiempo para comprobar la verdad estudiando los pasajes con empeño. Estar en un error puede ser perjudicial para nuestra vida espiritual y aún para la eternidad. ¿Cómo sabemos que nuestro estudio no nos está desviando de la verdad? examinando nuestros corazones y viendo si creemos más en el Señor, y amamos más a Dios y a los demás.

No tomemos a la ligera la Palabra de las Escrituras pues podemos perdernos incluso con ella como fue el caso de muchos judíos del tiempo de Cristo, y de muchas personas que hoy las tienen en sus manos. Satanás conoce la Biblia al derecho y al revés pero no la vive, por ello el conocimienot intelectual no es garantía de salvación, más bien dejemos que ella entre en nuestros corazones y no nos vanagloriemos en un conocimiento muerto. Busquemos revelación pues la verdad nos hará verdaderamente libres. La Biblia tiene mucho más que hablarnos que solo doctrina insípida y sin vida.