La depresión, la desilusión y el desánimo son grande enemigos del ministerio que pueden ser ocasionadas por razones circunstanciales, mentales e incluso físicas. La batalla contra ellas ha sido común en cada ser humano en algún punto de sus vidas, incluso ha afectado a grandes hombres de Dios como aquel gigante de la fe llamado el profeta Elías.

Un día Elías se hallaba haciendo descender fuego del cielo en el monte Carmelo y degollando a 850 falsos profetas mientras el pueblo parecía volver a la fe, y al día siguiente se hallaba huyendo de la malvada reina Jezabel queriendo morirse. Hay momentos de fracaso y desilusión repentinos que pueden llevar a hundirnos al punto de quitarnos el deseo de seguir trabajando o incluso hasta de vivir.

Las señales de la depresión de Elías están en su huida al desierto por temor. Antes Elías había huido de la persecusión y había ido al país extranjero de Sidón, pero esta vez fue al lugar de la soledad no solo para escapar del peligro sino para abandonar la misión y abandonarse a sí mismo. Elías se sentó bajo un enebro y deseando morirse pidió al Señor que le quitara la vida pues no se consideraba mejor que sus padres. En otras palabras, su desánimo le hizo perder el propósito de vivir y llegó al grado de pedir la muerte. Su boca también lo hizo hablar palabras de autocompasión y desvaloración propia “no soy mejor que mis padres”.

¿Qué hizo Dios para ayudar a su siervo para sacarlo de este estado tan triste?

a) Dios te fortalece: Un ángel llegó hasta donde él estaba y lo despertó con un toque y le ordenó que se levantara y comiera. Dios no tomó en cuenta en este momento la petición de que le quitara la vida sino que le le envió un ángel para fortalecerlo para que pudiera seguir adelante. Si queremos ayudar a alguien en depresión debemos amablemente y con amor ayudarle a descansar y comer con el fin de que pueda recuperar las fuerzas físicas y emocionales. De nuevo Elías volvió a dormir y de nuevo el ángel le pidió que comiera porque un largo camino le esperaba. Con toda la confusión mental y espiritual debía seguir caminando pero no lo podía hacer si no obtenía fuerzas. La persona que se encuentra en depresión debe seguir hacia adelante haciendo sus labores diarias con la fuerza que ofrece el Señor.

¿Cómo podemos adquirir fuerzas emocionales cuando nos sentimos deprimidos? por medio del alimento de la Palabra de Dios. Jesús dijo que no solo de pan vivirá el hombre. Puesto que parte de la depresión tiene que ver con los pensamientos erróneos y la acumulación de estos en nuestra mente hasta traernos debilidad, y ya no deseos de seguir luchando, necesitamos sustituir estos pensamientos con palabras de ánimo, con las promesas divinas. El milagro de esta comida es que la fortaleció por 40 días hasta llegar hasta el monte Sinaí, el monte de Dios. Jesús dijo que sus palabras son espíritu y son vida, son un alimento sobrenatural, más poderosa que cualquier libro de automotivación o palabra humana de ánimo.

b) Dios se encuentra coontigo y te oye: ¿Qué es más fortalecedor que ser oído y entendido? Sin embargo, cuando una persona está en esta situación se coloca bajo un caparazón de pensamientos y sentimientos duro de traspasar por el apoyo de otras personas, pero la presencia de Dios puede hacerlo. Cuando Elías llegó al monte de Dios donde siglos antes se había manifestado a Moisés, se escondió en una cueva. Dios le preguntó qué hacía ahí. Esta pregunta buscaba hacerlo reflexionar sobre qué lo había llevado hasta ahí. Es importante que quien se deprime sepa definir en palabras qué lo ha llevado a su estado y si busca a Dios en oración qué es lo que desea. Elías honestamente contestó que su celo apasionado por la adoración a Dios lo hacía enojarse por el abandono de los hijos de Israel, pero ahora ya no quedaba más que él como verdadero adorador pues a los demás los habían matado.

Dios le pidió que saliera de la cueva porque él le manifestaría su presencia. Dios quería darle a conocer que estaba con él, pero su siervo tenía que dar un paso para salir de la cueva. Esto implica que él debía dar un paso al frente, abrir su corazón para que Dios pudiera hablarle. Dios hizo que pasara un poderoso viento que destrozaba las rocas pero su presencia no estaba en medio de este torbellino. Luego el Señor hizo que un terremoto sacudiera la tierra, pero tampoco estaba ahí. Posteriormente un fuego se manifestó pero Dios no estaba en él. Finalmente un suave susurro comenzó a sentirse y Dios estaba en él. Con esto Dios le estaba diciendo a su siervo que su presencia podía manifestarse no solo con poder sino de manera apacible para enseñarle que él no estaba enojado con él sino que con compasión quería oírlo. Si queremos ayudar a alguien en depresión debemos hacerlo con humildad, amabilidad y amor, sin exigencias, ni reclamos, sin forzar respuestas rápidas sino con compresión y compasión.

Dios volvió a preguntarle por qué estaba ahí pero esta vez Elías tuvo que taparse el rostro ante la presencia de Dios.  Su perspectiva cambió, aunque dio la misma respuesta ya no se miraba a si mismo, tenía que darse cuenta que estaba ante un Dios santo, poderoso y a la vez amoroso. Si vemos a Dios nuestra perspectiva cambia. 

c) Dios te da nuevas tareas y te hace ver que la obra es suya: Dios le dijo a Elías, ante semejante queja, y situación de desilusión y aparente fracaso, que él debía ungir a Hazael como rey de Siria, a Jehú como rey de Israel, y a Eliseo como rey de Israel quienes habrían de pelear contra el gobierno de Acab y su malvada esposa Jezabel. No solo esto sino que Dios prometió que al final dejaría 7000 personas que no se habrían arrodillado ante el falso dios Baal. 

Elías tenía que discipular a Eliseo y llegar a la meta, debía comprender que la tarea misionera y profética no dependía de él sino de Dios. El Señor tenía y tiene el control de todo. Cuando nosotros pensamos que todo ha fracasado, no debemos olvidar que la obra es de Dios y no nuestra. Pero Dios no fracasará, si falla el plan A (Hazael), usará el plan B (Jehú), y falla el plan B usará el C (Eliseo), pero él no fallará jamás. 

Él debía estar satisfecho con ser un siervo de Dios y no desilusionado por las falsas expectativas ministeriales. Nosotros nos sentimos fracasados porque no logramos algo, pero a veces, muchas veces, no hemos fallado nosotros ni Dios, es solo que Dios tiene su tiempo y usará a otras personas. 

Conclusión: Sí podemos salir de la depresión y del desánimo en el ministerio si acudimos a la Palabra, si descansamos en Dios, si hacemos el esfuerzo de salir de la cueva por encontrarnos de verdad con Dios, y si comprendemos que aunque no podemos cambiar el mundo podemos tener un papel en dejar un legado de gente ungida que continuaran la labor. 

No debemos ser críticos de los siervos que se encuentran en este estado, pues podemos encontrarnos ahí cuando menos lo esperemos. Tampoco debemos culpabilizar a estas personas, ni pensar que hay algún pecado pues solo Dios sabe todo. Lo que podemos hacer es orar por ellos, servir de apoyo, dar nuestra atención y palabras de consolación con la ayuda de Dios.

Reflexión basada en 1 Reyes 19.