Luego de que Jesús formó el grupo de los doce apóstoles, los envió como una extensión de su propia misión y les dio autoridad para hacerlo. Aunque esta labor misionera tiene sus particularidades y podemos notar que no todo es normativo para toda época, tiene varias enseñanzas para la labor que hoy realiza la iglesia.

Tener un blanco definido

“A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” (Mt. 10:5,6)

No es que Jesús no estuviera interesado en la salvación de los gentiles y los samaritanos sino que él tenía claro su objetivo prioritario el cual era Israel. Esto no era falta de misericordia sino que tenía un enfoque. La voluntad de Dios era ir primero a aquellos perdidos de Israel que era el pueblo que tenía un pacto con él.

La enseñanza para nosotros es que aunque Jesús mandó ir a los confines de la tierra posteriormente es útil y sabio elegir un grupo étnico, ciudad o pueblo para llevar a cabo la misión sin desconcentrarse.

Tener un mensaje claro y sencillo

“Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.” (Mt. 10:7) 

Su tarea principal era ir a predicar lo cual significa que serían los encomendados y voceros del rey con el propósito de comunicar la cercanía del reino de los cielos, y como consecuencia hacer un llamado a la fe y al arrepentimiento. Los judíos esperaban la llegada del reino de Dios y por tanto ellos entendían el mensaje sencillo que se les anunciaba, si lo creían claro.

Hoy en día somos llamados a anunciar el mismo mensaje del evangelio pero a diferencia de los judíos tenemos que poner a la gente en contexto bíblico y teológico de lo que estamos anunciando. Nosotros debemos ser claros en mostrar la esperanza del evangelio y cómo Jesús lo hizo posible para todos los que creen, es así que se convierte en una buena noticia.

Manifestar el poder del reino

“Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”. (Mt. 10:8)

El Señor les había dado autoridad para sanar a los enfermos y para echar fuera demonios. Ellos debían usar este poder durante su gira evangelística dando de gracia lo que habían recibido de gracia. Como algo sencillo Jesús les encarga sanar, limpiar leprosos, resucitar muertos y echar fuera demonios. Debían hacerlo gratuitamente en donde hubiera necesidad. De este modo dejarían de manifiesto el poder del reino que anunciaba que ya había llegado.

Dios permite que en la actualidad aún se sigan haciendo poderosos milagros durante la presentación de su Palabra y para su gloria.

Confiar en la provisión divina

“No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.” (Mt. 10:9, 10)

Jesús les ordenó que no llevaran provisión económica (oro, plata o cobre), bolsa o ropa de más porque donde fueran Dios proveería por medio de aquellos a quienes ministrarían.

Esta es una enseñanza especial porque aunque no debemos predicar buscando ganancias deshonestas Dios bendice a quien le sirve, y le da derecho como obrero a recibir sustento mientras realiza su labor. Por tanto, debemos hacer la tarea con fe y dependencia en Dios.

¿Qué proceso seguirían para hacer contactos?
“Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis. Y al entrar en la casa, saludadla.” (Mt. 10:11, 12)

El primer paso era informarse sobre alguien digno de recibir la Palabra. Primero podían predicar al aire libre y de ahí conocer a personas que manifestaran fe en el mensaje ¿Quién era una persona digna? alguien noble, deseoso de recibir el mensaje. Lidia dijo a Pablo y a Silas “Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos.” (Hch. 16:15). Ellos debían posar en esa casa, sin pasarse de casa en casa.

Hoy en día es común comenzar la plantación de una iglesia siguiendo este método, buscando un contacto con una persona que abra su casa para la predicación de la palabra, lo cual tarde o temprano da resultado.


¿Qué pasará en caso de aceptación o rechazo?
“Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros.” (Mt. 10:13)

Ellos serían mensajeros de buenas nuevas de paz. Al llegar ellos saludarían deseando la paz a las personas. Entonces se nos habla de la dignidad del hogar, Pablo dice que el evangelio es “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos…” (1 Ti. 1:15). Jesús dice que si es recibido el mensaje la paz de los discípulos, la cual Cristo les había dado, vendría sobre ellos. Esta paz es la paz con Dios por medio de Jesucristo, si no, la paz se devolvería a los discípulos, pues “no hay paz para los malos, dijo Jehová” (Is. 48:22).

¿Qué debían hacer en caso de rechazo?

“Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.” (Mt. 10:14, 15)
El Señor nos habla de que si nadie nos recibe en su hogar y ni siquiera nadie quiere oír el mensaje que llevamos, debemos salir de la casa o ciudad sacudiendo el polvo de nuestros pies. Sacudirse los pies es señal de protesta contra las personas que han rechazado el mensaje, como diciendo que aún el polvo que se ha pegado a nuestras sandalias no nos lo llevaremos. Algo así hicieron los apóstoles contra los judíos de Antioquía en Hechos 13:51.

Jesús dice que debido a este rechazo el juicio de esta ciudad será más duro que el recibido por Sodoma y Gomorra a la que no se le predicó, pero que fue destruida por fuego y azufre que la arrasó completamente. Una generación será presentada en el juicio final y habrán de responder por este rechazo.

Conclusión

Cristo nos manda a ir a lugares definidos llevando su palabra sencilla, pero verdadera con el poder de su Espíritu. Al hacerlo debemos confiar en su provisión para nuestras necesidades. Esta provisión vendrá por hombres y mujeres de paz que abrirán sus hogares para la proclamación del mensaje. Somos portadores de paz, pero no para todos si no para quienes lo quieran recibir. Este mensaje es tan digno que requiere de hombres dignos pues si no enfrentarán un juicio muy duro.

Aunque este proceso fue seguido por los primeros discípulos, también fue imitado por Pablo y los demás misioneros de la iglesia primitiva, y sigue funcionando para este tiempo. Debemos preguntarnos ¿en qué estamos fallando? ¿qué nos está haciendo falta?