Los dones del Espíritu son habilidades especiales que da el Espíritu Santo a los creyentes cuando se convierten para servir a los demás y así la iglesia crezca. No son talentos o habilidades naturales aunque algunas de ellas no parezcan extraordinarias como el servicio y la administración. Estas habilidades son llamadas en griego jarismas, lo que conocemos como carismas, en español, dones o regalos de Dios.

¿Por qué son llamados dones o regalos? y ¿por qué era necesario que Dios diera dones a la iglesia? Son llamado dones de gracia porque el hombre no los merece pero los requiere dentro del nuevo orden de ser el pueblo de Dios. Citando el Salmo 68:18 Pablo dice “… Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.” (Ef. 4:8). Pablo explica que esto se refiere a su venida y ascensión al cielo donde al sentarse a la diestra de Dios envía su Espíritu y este llenando a su pueblo otorga regalos de gracia a quienes no lo merecían por ser pecadores.

Dios decidió dar estos dones temporales (“las profecías se acabarán” (1 Co. 13:8)) hasta que llegue lo perfecto. Cuando Adán y Eva pecaron perdieron el derecho de ser llamados hijos de Dios y por tanto, no merecía dones espirituales. Con los dones los creyentes podemos acceder a los poderes del mundo venidero (Heb. 6:5). Pablo dice que en parte conocemos y en parte profetizamos (1 Co. 13:9), podríamos decir que en parte somos sanos, en parte tenemos milagros, en parte tenemos fe.

Los dones entonces son manifestaciones extraordinarias del poder del reino venidero introducidos en este mundo caído para beneficio de la iglesia en su crecimiento espiritual. A diferencia de los dones naturales como la vida, la comida, el habla, el dinero, etc., todo lo que el hombre en general tiene, los dones del Espíritu lo conectan con lo alto y quienes los reciben únicamente son los hijos del Rey como una introducción a este nuevo reino y suplen lo que hace falta hasta la llegada de lo completo.