La expectativa no cumplida muchas veces conduce a la frustración, a la duda y la confusión. Como cuando esperas que tal lugar, que tal evento o tal persona resulte como tú la soñaste o esperaste, pero no es así, ¡qué desilusión y tristeza!. En lo espiritual mucho se dice acerca de Cristo, se predica, se escribe, se enseña, y ¿en la fe de un cristiano común? ¿concuerda nuestra realidad de la relación con Dios con nuestra teología? ¿chocan? ¿nos equivocamos al respecto?

Preguntas semejantes comenzó a hacerse aquel gran profeta llamado Juan, a quien conocemos más como el bautista, desde la cárcel donde Herodes lo había metido por denunciar su adulterio. Al principio Juan predicaba del Mesías como aquel que vendría a juzgar a todo mundo, que sería muy poderoso, que echaría la paja en el fuego y limpiaría su era. Luego después de ver la paloma descendiendo sobre Jesús, Juan declaró que él era el Hijo de Dios porque así se le había dicho que sobre quien viera tal señal este era el Mesías (Jn. 1:34). También testificó que Jesús era el cordero de Dios (Jn. 1:29) y que bautizaría con el Espíritu Santo y fuego (Jn. 1:33). Al principio habían certezas solamente.

Pero estando en la cárcel, mientras Jesús reanudaría su ministerio de predicación y enseñanza en Galilea con ayuda de los apóstoles que había establecido recién (Mt. 11:1), Juan mandó a dos discípulos suyos “para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” (Mt. 11:3). ¿Qué estaba pasando? ¿por qué Juan hacía esta pregunta? Notemos que no hay una negación, pero Juan necesita una confirmación que lo ayude a sostenerse en su fe en medio de su prueba. Su situación no parecía cambiar y Jesús no estaba tomando el reino en el sentido político, ni juzgando a sus enemigos a como él lo había visto. ¿Acaso me he equivocado?,- tal vez preguntaría Juan. A veces necesitamos un signo de confirmación para que nuestra fe no naufrague ante las dudas que las pruebas nos imponen.

Jesús no responde con un simple “sí, soy yo”; sino pidiéndoles que lleven el testimonio de lo que han visto y oído “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;” “(Mt. 11:5). Esto es una realidad y un cumplimiento profético del profeta Isaías (Is. 29:18,19; 35:5,6). Lo que hay que analizar es que antes que suceda el juicio de los malos (Is. 29:20), primero se manifestaría el poder de Dios en masivos actos de milagros y misericordia divina destruyendo los efectos del pecado en el hombre.

Juan conocía las palabras de Isaías pues él mismo se había identificado en la realidad como la voz del que clama en el desierto y que hacía caminos al Señor (Is. 40:3,4, cf. Mt. 3:3). Su teología no era perfecta ciertamente pues no podía comprender tampoco acerca del siervo sufriente que derramaría su vida por su pueblo en Isaías 53. Pero era un hombre fiel que servía al Señor hasta el final.

Jesús dijo “y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.” (Mt. 11:6), ¿cómo Jesús podría ser motivo de tropiezo?, Pedro responde “y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.” (1 P. 2:8, citando Isaías 8:14). Ciertamente los judíos tropezaron en Jesús porque no podían reconocer como él cumplía las profecías. Pero en aquellos no había duda sino incredulidad. Juan, sin embargo, era un hombre de fe en la búsqueda de certezas y sus preguntas contestadas lo llevaron a la paz en la tormenta.

¿Cómo recuperamos las certezas en nuestro Salvador Jesucristo? entendiendo que su plan se desarrolla según la sabiduría y el plan divino dispuesto en su corazón. Hay dos etapas, el del rechazo y humillación; aún no llega el reino visible y manifiesto que destruye y aplasta todo mal de forma definitiva. ¿Te has sentido desilusionado porque Jesús no te sanó como tú esperabas? ¿tal vez porque no respondió a alguna oración que hiciste? ¿porque piensas que él no actúa como otros dicen o como tú mismo has predicado? No hay porque turbarse, las señales de su reino están visibles y manifiestas a tu alrededor, lo vez en aquel que sanó, en el otro que salvó, en el otro que bautizó con su Espíritu.

¿Parece acaso contradictorio? No lo es para Cristo. Preguntemos, ¿acaso el que resucitó a un muerto no podía con una palabra mandar que las puertas de la cárcel se abrieran y la corona le fuera dada a Juan? claro que sí, pero el tiempo aún no llega de la gloria y de la reivindicación. Ahora es el tiempo de predicar y enseñar esta realidad y era a lo que Jesús y sus discípulos se dedicaban. No dudes solo cree. Hasta los hombres más fuertes y santos han pasado por la oscura noche del alma en que no se ve la salida. No tropieces en Jesús, afirmate en él.