El 11 de abril de 1945 el presidente Roosevelt pronunció un mensaje al pueblo de Estados Unidos que decía: “Hoy hemos aprendido en la agonía de la guerra que un gran poder conllevada una enorme responsabilidad.” Frase que más adelante fue popularizada por Stan Lee en la historieta de Spiderman cuando el tío Ben enseña a su sobrino que no puede escapar a su deber al tener un gran don. Rehusar al llamado sería ser responsable de la muerte de miles de personas.

Ahora bien, todo don divino nos hace responsables ante Dios de nuestra respuesta. El don más grande que Dios quiere dar al hombre es el de la salvación. La justicia divina demanda que a mayor revelación haya una mayor demanda de respuesta. Como a la mitad del ministerio Jesús pronunció una denuncia muy fuerte a las ciudades de Galilea donde comenzó su ministerio de predicación y milagros porque no se habían arrepentido (Mt. 11:20).

Jesús enuncia una condenación contra Corazín, Betsaida y Capernaum, ciudades marítimas al norte del mar de Galilea “… Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza.” (Mt. 11:21). Recordemos que Tiro y Sidón eran dos ciudades marítimas de Fenicia al norte de Galilea que eran paganas. Jesús no fue a predicarles a los gentiles de estos lugares porque su enfoque estaba en los hijos de Israel y fue al norte porque así estaba escrito que sucedería (Isaías 9:1-2).

El castigo era agravado porque Jesús conocía, en su conocimiento de todas las cosas, que los de Tiro y Sidón se hubieran arrepentido con prontitud y humillación, mientras que ellos no lo hicieron. Esto es similar a aquella historia de Jonás en que la gente de la malvada ciudad de Nínive se arrepintió con ayuno, en cilicio y ceniza por la amenaza de destrucción.

 Jesús les dijo “… que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras.” (Mt. 11:22). La revelación divina es un acto de gracia y no por la justicia de sus receptores. Por ello no se podría alegar que Dios fue injusto al no revelarse a los paganos de Tiro y Sidón. Ellos merecían la destrucción y la recibirían si no se arrepentían por la predicación de los apóstoles que salieron al mundo después de la resurrección. La justicia divina es que habrá un castigo más tolerable al que tuvo menos luz de revelación que para el que tuvo más y la rechazó.  

Jesús se lamentó por las ciudades no arrepentidas

Jesús se dirige a la ciudad de Capernaum que había sido levantada hasta el cielo con la llegada del Salvador y sus milagros, y la gran fama y riqueza que tenía como ciudad. Pero, “… hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy.” (Mt. 11:23). Si su estatus de privilegio era comparado al cielo, el abatimiento al Hades sería la destrucción y el lugar de muerte, humillación total. Jesús los compara con la terrible ciudad de Sodoma quienes cometieron nefandos pecados de homosexualidad, violencia y maldad. Ellos no tuvieron ninguna predicación y no tuvieron oportunidad y fueron destruidos por la justicia divina.

La permanencia de una ciudad o un pueblo tiene que ver con la gracia divina pero también con la conformación de las personas de esos lugares a la voluntad moral de Dios. Los milagros son obras extraordinarias que llamarían la atención a los sodomitas y se arrepentirían, y hasta la fecha seguirían existido dichas ciudades. Recordemos que cuando Abraham intercedió por estas ciudades le pidió que si hubiesen diez personas no destruyese la ciudad, pero no las había.

Por esto al igual que para Tiro y Sidón “… en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.” (Mt. 11:24). Tenemos que señalar que hay días de juicio terrenal en el que Dios desde el cielo permite que a través de guerras, desastres naturales o enormes crisis económicas las naciones desaparezcan, pero también habrá un día del juicio final en los que la gente será juzgada de acuerdo al grado de su revelación. Habrá muchos grados de castigo en el infierno.

Hasta la fecha no se sabe el lugar exacto de los asentamientos de Corazín y Betsaida, y el de Capernaum es inseguro pues el juicio cayó sobre ellos en pocas generaciones. El pecado de Capernaum fue la indiferencia a los milagros hechos y a la palabra predicada.

Esta palabra tiene relevancia para hoy ya que muchas naciones y ciudades han tenido el privilegio de ser visitadas por Dios a través de campañas de milagros, cruzadas, iglesias plantadas y de muchas otras maneras. Aquellos grandes pueblos que un día fueron creyentes y se han hecho indiferentes al llamado llevaran la culpa mayor que la de tantos que nunca escucharon y se perdieron. La realidad es que hoy hay millones de personas en el mundo que no han escuchado del nombre de Jesús y se irán a una condenación, la responsabilidad es nuestra pues Jesús nos ha enviado a llevar su nombre a los confines de la tierra.