La historia de Jacob en su lucha con el ángel por una bendición es una de las más extraordinarias y misteriosas de la Biblia, pero que nos muestra la tensión entre la soberanía divina y el libre albedrío, entre la búsqueda de por la bendición y el deseo divino de bendecirnos.

Desde antes de nacer Dios le había revelado a su madre que habían dos naciones en su seno y el mayor serviría al menor contrariando la tradición de que el mayor tenía la primogenitura, el derecho de la mayor herencia. Años después Jacob le compró la primogenitura a su hermano Esaú por un plato de lentajas. No contento con esto engañó a su padre para que lo bendijera a él en vez de a Esaú, por ello le declaró sentencia de muerte cuando muriera su papá. Jacob huye de su hermano y va con su tío y luego de veinte difíciles años sale con dos esposas, once hijos y muchísimos animales.

Dios le ordenó volver a su tierra y su parentela, y por ella sale a encontrarse con su hermano con el fin de hacer la paz (Gén. 32). En su regreso se le aparece un campamento de ángeles y ora a Dios pidiendo protección al saber que Esaú viene hacia él con 400 hombres, entónces se le aparece un misterioso hombre con el cual pelea por una bendición.

¿Tenía necesidad de luchar por una bendición si ya tenía la promesa desde antes de nacer, si ya había comprado la primogenitura y había robado la bendición, si Dios le había prometido bendecirlo en su huida de Esaú? Dios tenía un propósito para Jacob como soberano lo cual fue sin que ninguno de los hermanos hiciera bien o mal, pero en cierta manera la búsqueda de esta bendición en la primera parte de su vida fue carnal haciendo uso de trampas y engaños, en todo un usurpador. Ahora lo que deseaba más que nada era una bendición que no viniera por su propio esfuerzo sino viniera de arriba. Ya era bendecido, llevaba hijos y grandes riquezas, pero estaba en peligro de perderla.

Luego de pasar a toda su familia y a sus siervos del otro lado del arroyo de Jaboc se encuentra solo y se encontró con un hombre con el cual luchó por toda la noche. No sabemos por qué comenzaría esta lucha pero Jacob le dijo que no le dejaría hasta que lo bendijera. Esto implica que Jacob se dio cuenta que este personaje tenía una autoridad espiritual para declarar una palabra de bendición. Pienso que al hallarse a esta persona le contaría hacia dónde se dirigía y le diría su historia, y este personaje le hablara de la promesa de Dios y le motivaría a perseverar y a no salir huyendo de su hermano. Es podible que aquel varón le dijera que él podía bendecirle y que Jacob al ver que este se iba sin decirle nada más haya procurado que se quedara a ayudarle y le bendijera.

El varon se da cuenta que no lo podría vencer le descoyuntó la cadera. El hombre desconocido le pregunta el nombre, y Jacob le da su nombre, ante lo cual le pone por nombre “Israel” porque ha peleado con Dios y los hombres, y venció. Aquí vemos un reconocimiento a Jacob por parte de este ser desconocido en cuanto a su historia de lucha, ya dejaría de ser Jacob (usurpador) y sería Israel (el que lucha con Dios). Había vencido a su hermano y a su suegro, había vencido al ángel de Dios que Oseas 12:4 nos revela que se trata de Dios mismo. Israel mismo confiesa que ha visto a Dios y quedó con vida (Gn. 32:29). El ángel no le quiso dar el nombre pero lo bendijo como Jacob había pedido.

¿Por qué Dios fue a Jacob en la noche como hombre y permitió esta lucha, y lo dejó lidiar con él toda esa noche? Solo podemos decir que fue la gracia y condescendencia de Dios y su deseo de probar la fe de Jacob. Dios no vio la perseverancia de Israel como una ofensa, pero lo dejó marcado en su cuerpo como una señal de que debería temerle, pero con misericordia lo bendijo y le cambió la identidad por medio de un nombre nuevo.

¿Qué podemos aprender? Que Dios quiere bendecir a todos pero no todos lo anhelan, lo buscan y pelean por esta bendición. Si bien la identidad carnal de Jacob no nos llevará más que a huir, porque por la fuerza humana nada lograremos, debemos luchar con armas espirituales en humildad pero también con perseverancia ante Dios y ante los hombres. Las promesas de Dios se arrebatan a solas y con constancia en oración. Que Dios nos dé fuertes deseos por alcanzar aquellas cosas que él desea darnos.