Dentro del cristianismo hay posturas contrarias respecto a si se puede perder la salvación o no, en particular si se sigue el sistema teológico del calvinismo o del arminianismo. Pero antes de considerar este tema controversial debemos saber qué es la salvación. La Escritura nos dice que el ser humano por causa del pecado está perdido y bajo condenación, pero Dios decidió salvar al hombre y para ello envió a su Hijo a morir para pagar por los pecados y si él hombre cree en Jesucristo será salvo.

Pero, ¿cuándo comienza la salvación y cuándo se completa? La salvación comienza en el momento que uno cree pero se completa cuando uno llega a la presencia de Dios, Pablo dice que “por gracia sois salvos por medio de la fe” (Ef. 2:8), y Pedro asegura “que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 P. 1:5). Por tanto, la salvación se ve como algo ya obtenido y como algo aún futuro y el medio es la fe de principio a fin. Pablo dice en Ro. 8:24 que “en esperanza fuimos salvos”. El término más utilizado por Pablo en la carta a los romanos es el de la justificación, de la que si estamos justificados por su sangre “seremos salvos de la ira” (Ro. 5:9)

Hasta aquí podemos estar de acuerdo entre los que creen que la salvación no se pierde y los que sí. Del capítulo 8 de Romanos vemos que el hombre es adoptado por Dios como hijo y se le da la promesa de la herencia, Pablo se siente seguro de recibir esta promesa, entonces desarrolla un argumento para demostrar que nada podrá separarnos de su amor, en particular por causa de las tribulaciones presentes. Entonces nos dice que a los que antes conoció, los predestinó para ser como Jesús, a estos llamó, a estos justificó y a estos glorificó. El tiempo verbal es pasado con lo cual él da por seguro el estado de glorificación (la obtención de la salvación).

Surge la pregunta: si Dios conoció y predestinó a alguien para ser como Jesús ¿esta persona puede perder dicho propósito y así dejar de alcanzar la glorificación? Desde el punto de vista calvinista esto sería imposible porque sería invalidar el decreto eterno de Dios. Desde el punto de vista arminiano hay condicionantes como las que Pablo nos dice en la carta “andar en el Espíritu y no en la carne” (Ro. 8:1) o que somos herederos “si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Ro. 8:17). Pablo dice en Ro. 11:20-22 “… tú por la fe estás en pie… porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará… de otra manera tú también serás cortado”

De igual manera en el libro de Juan tenemos la declaración de Cristo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” (Jn. 10:27,28). Aquí el término vida eterna es sinónimo de salvación. Este texto aseguraría la protección divina para que no perezcan y no los arrebaten de la mano. Sin embargo Jn. 15 nos habla de la necesidad de permanencia de las ramas (los discípulos) a la vid (Cristo) para poder dar fruto pues en su defecto será cortado, de hecho “El que no permanece unido a mí, será echado fuera y se secará como las ramas que se recogen y se queman en el fuego.” (Jn. 15:6). Entonces ¿es posible que el que es de Cristo se separe y sea echado fuera? Al respecto calvinistas y arminianos tienen su respuesta.

El asunto de la apostasía

Apostasía significa negar la fe, pero para que uno la niegue tendría que haber confesado primero a Cristo como salvador. Esta es una realidad bíblica e histórica, basta mencionar el caso de Ananías y Safira quienes eran miembros de la iglesia de Jerusalén y perecieron al tratar de engañar al Espíritu (Hch. 5) y Simón el mago quien se convirtió y bautizó con Felipe pero que quiso comprar el don del Espíritu y por poco perece a juicio de Pedro (Hch. 8).

Pablo advierte que en el futuro algunos apostatarán de la fe siguiendo espíritus engañadores inventando doctrinas extrañas (1 Ti. 4:1), con lo cual no solo nos dice que esto es posible sino que sucederá. Por su parte Juan dice que los anticristos que estaban surgiendo “salieron de nosotros, pero no eran de nosotros…” (1 Jn. 2:19) con lo cual comprobaría que dichas personas en realidad no eran verdaderos creyentes como lo fue Judas Iscariote sino que solo lo fueron en lo externo.

Por otra parte Pablo usa el término “caer de la gracia” (Gá. 5:4) de aquellos que han dejado de depender de la fe para la salvación y se justifican por las obras de la ley. Pablo les dice que ellos se alejaron para seguir un evangelio diferente (Gá. 1:6) y quien predica tal mensaje es digno de maldición (Gá. 1:8). Cuestión semejante a la de los gálatas fue la de los hebreos quienes pretendían volver al ritualismo sacrificial de la ley judía como modo de justificación, ante tal situación el escritor a los Hebreos les dicen que no se deslicen, porque si los judíos no escaparon al descuidar el cumplimiento del pacto de la ley mucho menos si se descuida una salvación tan grande se podrá escapar (Heb. 2:1-3).

En Hebreos 6:4-8 se advierte que es imposible renovar para arrepentimiento a quienes ya probaron el don celestial, fueron iluminados y se hicieron partícipes del Espíritu, de la Palabra y del poder de Dios pero recayeron, aunque a ese grado no habían llegado (Heb. 6:9), pero estaba el peligro real de apartarse como le pasó a los judíos que salieron de Egipto pero no entraron a la tierra prometida (Heb. 3,4). Más adelante en Hebreos 10:26 se dice que si se peca voluntariamente después de recibir el conocimiento de la verdad ya no hay sacrificios por los pecados, porque los sacrificios de animales no podían quitarlos si volvían al judaísmo, sino esperar un horrible juicio. Ese era el peligro de tomar otro método de justificación después de conocer la verdad en Cristo.

Conclusión y reflexión

Hay muchos otros pasajes que podemos tomar en consideración para evaluar este tema pero hasta aquí notamos pasajes donde Dios promete y asegura la salvación y otros donde vemos la posibilidad de apartarse y apostatar. Los calvinistas dicen que quienes se apartan es que en realidad nunca conocieron a Dios verdaderamente y los arminianos asegurarán que sí se puede perder.

El enfoque de solución por parte de ambos es similar pues es invitar a la perseverancia lo cual aseguraría en realidad la verdadera elección (Ef. 4:1). El cristiano debe crecer en su carácter cristiano, en la fe y conocimiento de Dios porque así no solo se tendrán frutos sino que como dice Pedro:

Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

2 P. 1:10,11)