Muchos buscan este descanso a través de la sicología, mediante la auto motivación, el refugio en los placeres temporales, el engaño de las cosas vanas del mundo o sustancias nocivas que los llevan a tratar de escapar de la realidad. Otros tantos recurren a diversas religiones como el hinduísmo, el islamismo, el judaísmo o creencias como el esoterismo y la nueva era. ¿Cuál de estas opciones pueden traer paz y descanso al alma?

Hace dos mil años cuando Jesús vino a este mundo vio que su pueblo estaba cansado y agotado por el duro yugo de la religión judía que pretendía dar libertad y paz, pero en vez de eso los llenaba de reglas y leyes autoimpuestas por los líderes judíos que resultaban opresivas. Ante esta situación Jesús se presentó a sí mismo como la solución definitiva y real para el ser humano.

Descanso al ir a Jesús

Cristo dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mt. 11:28), En primer lugar nos enseña que ante el agobio y cansancio de lo que nos oprime debemos tomar la decisión de acudir en fe a Jesús para que él nos haga descansar. Como Jefe benevolente quitará el peso que nos asedia y permitirá que reposemos. La invitación es para todos y nos da libertad de elección. También se nos dice que él tiene el poder para quitarnos los pesos y los yugos de los amos malvados. No se trata de venir al amparo de la religión cristiana o de sus líderes, rituales o costumbres sino a la persona del Señor y Salvador Jesucristo.

Descanso al llevar su yugo y aprender de él

Ya definida la persona a la cual acudir Jesús nos dice que debemos imitar su ejemplo y seguir su camino para hallar esta paz: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mt. 11:29,30).

Un yugo es un objeto que se le coloca a los bueyes para que aren la tierra. Usualmente el yugo colocado en el cuello los unía a otros bueyes para caminar a la par y juntos compartir la fuerza y la dirección. Este yugo era el medio a través del cual el campesino ejercía dominio sobre el animal y así podía controlarlo.

Jesús nos invita a aceptar su yugo, el yugo de su enseñanza y el de su ejemplo en aceptar la voluntad de su Padre celestial. Llevar su yugo es sujetarnos a él en obediencia. Cristo nos invita a aprender de él en cuanto a su mansedumbre y humildad, la primera cualidad distinguible del Señor era esa fuerza en sujeción y disposición a la obediencia cual buey manso dirigido por su señor. La segunda cualidad, la humildad tiene que ver con una consideración prudente de nosotros mismos no vanagloriándonos o jactándonos de nada sino dándole la gloria a Dios y honrando a los demás.

El resultado de este aprendizaje será hallar el descanso. Todos somos siervos de algo, pero aquello a lo que servimos creemos que nos dará paz y alegría pero al final resulta en esclavitud, no obstante Jesús promete un yugo fácil y una carga ligera. No es cierto que seguir a Jesús sea difícil, es difícil porque no aprendemos mansedumbre y humildad, pensamos que tenemos derecho a decidir y hacer con nuestra vida lo que queramos y nos equivocamos porque somos malos jefes. En realidad su yugo es sencillo y fácil. Al cumplir su voluntad las cosas nos irán bien, tendremos paz con él y vida eterna y nuestra vida tendrá orden y sentido.

¿Qué nos impide buscar descanso en él? tal vez la autosuficiencia, el orgullo, la confianza propia en nuestra propia prudencia, el esperar a que tal vez la circunstancias cambien y nuestros amos por fin nos traigan satisfacción, mientras el tiempo avanza seguimos sufriendo pero cuando nos hartemos de esto miraremos a aquel que hace dos mil años vivió la vida más fácil y feliz de la historia, la del hombre más completo y quien más hizo por la humanidad. Con esto no quiero decir que siempre sea sencillo seguirle, pues aún Jesús aprendió a obedecer yendo a la cruz, pero siempre por el gozo que estaba puesto delante de él. Jesús dormía en la barca mientras los discípulos se angustiaban por la tormenta y al final de su vida después de decir consumado es, encomendó su alma al Padre y fue a descansar.

Descansar es confiar en Cristo y en su santa voluntad pues creemos que todo lo que él quiere para nosotros es bueno, agradable y perfecto, el alma ya no estará más turbada o sobrecargada por los asuntos y problemas de la vida. No se nos promete no pasar por problemas sino descansar en medio de lo que nos suceda.