Hace un tiempo oí una conferencia del autor y pastor Miguel Núñez en la que él decía que la ideología de género tomaba parte de su filosofía en el gnosticismo. Me pregunté por qué y me puse a meditar un poco al respecto y veo que tiene cierto sentido.

Si bien el gnosticismo fue una filosofía religiosa que se desarrolló en el siglo II y III d.C. ya comenzaban a surgir enseñanzas acerca de esta en el siglo I. Los seguidores de esta filosofía pretendían tener un conocimiento (gnosis) completo y verdadero de la naturaleza y los atributos. Así afirmaban que el mundo físico fue hecho por un dios inferior y que se tenía que acceder al dios verdadero mediante el conocimiento que ellos pretendían revelar. Por tanto, el aspecto físico era considerado malo del cual se debía escapar, por ello negaban la humanidad y corporeidad de Cristo (1 Jn. 4:3). En lo moral este deseo de querer escapar del cuerpo podía llevar a algunos a un libertinaje, al cabo el cuerpo no importa, o el ascetismo, que pretendía sacrificar los deseos del cuerpo para que así el alma se elevase (1 Ti. 4:3, Col. 2:8-23).

Por su parte la ideología de género asevera que la naturaleza biológica de la persona no determina su identidad sexual sino en cómo se siente la persona (diríamos su alma o espíritu), ya sea inclinado a personas de su sexo u otras. Se habla del sexo biológico, orientación sexual, identidad de género, etc.

Entonces, ¿en qué sentido la ideología de género es gnosticismo moderno? en el sentido de hacer una ruptura entre el cuerpo y el espíritu afirmando que lo que importa es el espíritu (como se siente o percibe uno), el yo interior como algo independiente del cuerpo físico. El gnosticismo pretendía liberar al hombre de la prisión material de su cuerpo y elevarlo a Dios. La ideología por su parte dice que el mundo no es como se percibe con los sentidos sino como uno quiere concebirse, además, lo que se haga con el cuerpo no tiene ningún efecto contaminante del alma o es moralmente malo.

Esto no solo afecta a la humanidad en el sentido de introducir redefiniciones de la sexualidad humana sino incluso otros aspectos de la naturaleza como quienes se consideran de una menor edad, aquellos que se creen animal, objeto u otro personaje y que están plenamente convencidos de ello. Anteriormente esto sería tenido por locura o por lo menos de algún tipo de enfermedad o trastorno mental, pero hoy el mundo está siendo preparado para tomarlo como algo verdadero. Detrás de esto hay unas preguntas psicológicas y filosóficas: ¿qué es el hombre? ¿qué es la verdad? ¿quién la define?

La historia de la doctrina cristiana nos remite a aquellos siglos en que la iglesia luchó contra el dualismo del gnosticismo y ha afirmado que la humanidad es una unidad dinámica: un cuerpo personal, un yo corporal. Así la Biblia enseña en Génesis 2:7 que cuando Dios hizo al hombre del polvo de la tierra (materia), sopló en él aliento de vida (espíritu) y fue el hombre un ser viviente. Como dice el filósofo político, profesor e intelectual Roberto P. George ” El cuerpo comparte la dignidad personal; es un todo del cual nuestra alma es la forma sustancial.”1, no es meramente una caja del alma.

Otros peligros de afirmar el gnosticismo y el neo platonismo (Platón también pensaba que el alma estaba confinada a la prisión del cuerpo) es que no consideraríamos una persona a un recién nacido, a una persona con demencia por no tener una mente o alma sana o desarrollada.

Ante esta doctrina que redefine el concepto de la naturaleza, y por ende la relación entre cuerpo, espíritu, sexo y aún la humanidad misma, Pablo nos dice que estas son doctrinas de demonios proclamadas por gente hipócrita que tiene la conciencia encallecida por el pecado (1 Ti. 4:1-3). A los efesios les advierte que quienes practican relaciones sexuales ilícitas como la fornicación, adulterio u homosexualismo no tendrá herencia en el reino de Dios. Por tanto, que “nadie os engañe con palabras vanas…” (Ef. 5:6). Lo cual nos enseña que el engaño siempre ha sido parte de la humanidad, pero en este entonces es generalizado, abierto y proclamado a los cuatro vientos.

Es posible que nos equivoquemos si confiamos en los sentimientos o percepciones de nuestro propio corazón pues es engañoso y perverso (Jer. 17:9). Los gentiles andan en la vanidad de su mente, tienen el entendimiento entenebrecido, nos dice Pablo (Ef. 4:17,18), “los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza” (Ef. 4:19). Por tanto, debemos seguir la advertencia de “que nadie os engañe por medio de filosofías o huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Col. 2:8).

En la visión cristiana de las cosas, a diferencia del gnosticismo, el cuerpo es muy importante al punto que Pablo tiene que especificarle a los corintios que se limpiaran de toda contaminación de carne y de espíritu (2 Co. 7:1), pues había algunos que calculaban que era posible vivir en la inmoralidad sexual sin ninguna consecuencia espiritual.

Los corintios decían que si la comida era para el vientre y el vientre para la comida (1 Co. 6:13), del mismo modo los órganos sexuales habían sido hechos para tener relaciones sexuales sin importar cómo, y no podía ser dañino, como comer no lo era, al fin y al cabo era una necesidad humana más. Pablo les responde que la comida y el estómago son aspectos temporales de esta vida pero serán destruidos por Dios pues solo tienen un valor temporal.

Así que la pregunta no es cómo puede usarse el cuerpo (incluidos nuestros organos sexuales) sino también el por qué, para qué y para quién. Si partimos de que lo que importa es el yo y el ahora todo es permisible, pero si partimos de que Dios creó el cuerpo debemos usarlo para su gloria y para sus propósitos. Por ello Pablo concluye “… Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1 Co. 6:13). Debemos entender que el Señor resucitará nuestros cuerpos pues para él nuestro cuerpo es su templo donde mora el Espíritu. Nuestro cuerpo le pertenece pues él lo compró al morir en la cruz, por tanto, no podemos usar una parte de su cuerpo (el nuestro) para ser uno con una ramera o con otra persona que no sea nuestra pareja heterosexual (1 Co. 6:14-20).

En otras palabras, la percepción de nuestro ser es conforme a Dios la definió en Génesis 1:27 donde Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, haciéndonos varón y hembra. Nos dio un cuerpo para darle la gloria habitando en él, formando familias que le glorificaran. Por tanto, no es el placer la meta, ni siquiera el amor (eros), sino la gloria de Dios al final.

El hombre no debería tratar de redefinir aquello que Dios dispuso desde un principio, pues al intentar hacerlo se dañará. La doctrina del gnosticismo- ideología de género que pretende liberar al alma (mente y corazón) del cuerpo es un error derivado de aquello que tomamos como fuente de verdad. Si tomamos nuestro sentimiento o percepción mental corremos el riesgo del engaño propio, de la distorsión del enemigo. Mejor debemos tomar el punto de vista de nuestro creador y apegarnos a su diseño.

Al final si nosotros le presentamos nuestros cuerpos como sacrificios vivos, santos y agradables a él, y decidimos no amoldarnos a la forma de pensar de nuestra época sino renovamos nuestra forma de pensar descubriremos su buena voluntad para nuestra vida (Ro. 12:1,2) y conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres (Jn. 8:32).

Referencias