Jesús había dicho a sus seguidores que vinieran a él los cansados y trabajados por la dura carga legalista de los escribas y fariseos quienes imponían cargas que ellos mismos no movían con un dedo. Una muestra de cómo Jesús hizo descansar a sus discípulos fue precisamente en lo que correspondía al día de reposo (shabat). Los escribas y fariseos habían establecido una serie de disposiciones que definían qué constituía un trabajo, qué tanto se permitía caminar ese día, qué peso se permitía levantar, etc. En Mateo 12:1-14 tenemos dos casos en los cuales Jesús mostró la inconsistencia de sus tradiciones y la opresión que estas traían.

El primer caso lo tenemos en Mat 12:1-8 en el que los discípulos que pasaban por un camino tuvieron hambre y arrancaron espigas para comerlas. Los fariseos consideraban que esto era equivalente al trabajo de una cosecha porque tenían que arrancar y sacudir las espigas. Los fariseos que vieron esto señalaron que se trataba de una infracción al día de reposo ordenado en el cuarto mandamiento. Ante esto Jesús presentó cuatro argumentos para demostrar que ellos estaban malinterpretando la ley e imponían una ley humana opresiva:

A) David come los panes de los sacerdotes (vv. 3,4): Jesús preguntó si no habían leído acaso acerca de la ocasión en que David siendo perseguido por el rey Saúl entró en la casa de Dios y comió los panes de la proposición (1 S. 21:1-6) que no les era lícito comer ni a él ni a los que venían con él, sino solo a los sacerdotes (Lv. 24.5-9). Jesús apeló a un caso excepcional donde la ley ceremonial quedó a un lado debido a la urgencia humanitaria del hambre, del peligro de la persecución y porque dichas personas eran siervos santos de Dios.

B) El trabajo sacerdotal sin culpa (v. 5,6): Jesús pregunta si no han leído como en el día de reposo los sacerdotes trabajan ofreciendo sacrificios (Nm. 28:9,10) y son sin culpa. Ellos no podían descansar ese día porque Dios requería la presentación de holocaustos y libaciones todos los días. Cristo dijo “pues os digo que uno mayor que el templo está aquí” (Mt. 12:6), con esto quiso decir que él es superior a la institución del templo, el sacerdocio y toda su adoración. Él sería el perfecto sacrificio y el sumo sacerdote definitivo, y sus siervos quienes le siguen son sacerdotes de un nuevo pacto por tanto, ellos no estaban violando el día de descanso aún si ministraran ese día.

C) El recordatorio profético de la misericordia (v. 7): Cristo les dice que si supieran qué significa “Misericordia quiero, y no sacrificio” (Os. 6:6), no condenarían a los inocentes. Ellos actuaban como sus ancestros que olvidaron que el mejor sacrificio que podemos ofrecer es el humanitario, el de la misericordia a los necesitados. Ellos habían pensado que lo que más quería y necesitaba Dios eran los sacrificios ceremoniales aún si esto hacía sufrir a algunas personas. El no entender esto les hacía condenar a personas inocentes trayendo culpa, miedo y rechazo social y religioso.

D) Jesús es Señor del día de reposo (v. 8): Jesús dijo “porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.” Cristo como Señor de dicho día podía disponer que es lo que él quería que se hiciera. Su autoridad superior como autor de la ley lo hacía el perfecto intérprete de la ley y quien podía distinguir la prioridad de la misericordia antes que los sacrificios. Jesús es Señor porque él ordenó dicho día y por tanto debe ser servido haciéndose su voluntad.

El segundo caso que nos relata Mateo sobre las controversias con el día de reposo lo tenemos en los versículos 9 al 14 en la historia del hombre que Jesús sanó de la mano seca en un día de reposo cuando asistió a una sinagoga. Algunos en la reunión preguntaron para poder acusarle: “¿Es lícito sanar en el día de reposo?” O sea que la enseñanza de Cristo se había divulgado y querían ver si el Señor se atrevía a reafirmar sus convicciones y enseñanzas en la propia sinagoga. Los judíos decían que la actividad de un médico era considerado un trabajo por ello se prohibía hacer sanidad este día. Jesús los acusó de hipócritas al decirles: “¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja?”

Aquí Jesús apeló a casos personales que posiblemente él había observado. Ellos habrían tenido cuidado de no dejar una oveja ahí para que sufriera siquiera un día, sino que lo sacarían para evitar que se lastimase más y la pondrían a salvo ¡aunque fuera el día de reposo! ¿por qué ellos sí podían hacer esto con un animal y no con una persona enferma? porque en el fondo no consideraban que las personas fueran tan valiosas e importantes y los veían con menosprecio. Cristo decía que sacar una oveja en el día de reposo estaba bien pero hacer bien a un enfermo ese día era perfecto y no se quebrantaba en modo alguno dicho día.

Cristo sin importar el enojo y la incomprensión de dichas personas sanó a este hombre restaurando su mano así como la otra. El hecho de que Jesús haya expuesto su mezquindad llevó a que estas personas quisieran destruirle, y eso aún el día de reposo. Ellos no alabaron a Dios por lo asombroso de la sanidad ni se humillaron a Dios reconociendo que el Padre dio el permiso de que se sanase en ese día, pues Jesús no hacía nada por su cuenta, estaban molestos por la acusación de Cristo.

Nuestras ceremonias y cultos deberían ser flexibles ante la urgencia de la necesidad humana, es más deberían tener como prioridad atender la necesidad del prójimo. Deberíamos estar dispuestos a dejar nuestros momentos sacrosantos de descanso (por motivos religiosos o familiares) para poder ayudar al prójimo si tenemos la capacidad y la oportunidad de hacerlo. No deberíamos temer a quebrantar alguna ley humana por quedar bien con el Señor de la ley y cumplir la ley del amor. Que Dios nos dé el valor para enfrentarnos al legalismo y la hipocresía de muchos religiosos.