Esta pregunta se hace cada vez más necesaria abordarla desde el punto de vista teológico y bíblico debido a que hemos llegado a un tiempo donde la cultura pragmática y materialista (vales por lo que haces y por lo que tienes), ha reducido el valor del ser a un mero producto sobre el cual decidir. Los promotores del aborto esgrimen que es posible practicar el aborto desde el punto de vista bioético al tercer mes argumentando que antes de eso es imposible que el embrión tenga conciencia siquiera del dolor y por tanto no puede ser humano, puesto que no se ha formado la corteza cerebral. Lo anterior significa que el ser humano es un cuerpo con conciencia propia, antes de eso tendríamos solo tejidos de un ser vivo en formación. Como consecuencia quien hace aborto antes de ese tiempo no haría ningún mal, según este punto de vista. Otras organizaciones como la Asociación de médicos americanos dicen que la vida humana comienza desde la concepción, ¿qué nos dice la Biblia?

En la Biblia encontramos que cuando Dios hizo al hombre lo formó de la tierra y sopló en él aliento de vida, convirtiéndose en un ser viviente (Gén. 2:7). Aquí vemos dos pasos, el primero es la formación del cuerpo y segundo el aliento de vida (espíritu) impartido. Notemos que el producto de cuerpo mas el espíritu es un ser viviente, término que es usado para referirse a los animales (Gén. 1:20-24), también se utiliza el término alma viviente (1 Co. 15:45) esto para mostrar que tanto los humanos como los animales compartimos la capacidad de movernos y crecer. En Santiago 2:26 nos enseña que un cuerpo sin espíritu está muerto, esto implica que el espíritu es principio de vida (aliento). La Escritura declara que Dios “da a todos vida y aliento” (Hch. 17:25), también es “el que da aliento al pueblo que mora sobre ella; y espíritu a los que por ella andan” (Is. 42:5). Aquí aliento y espíritu son sinónimos y significan vida. Hasta aquí concluimos que Dios da vida al hombre por medio del espíritu que el pone en nosotros, por tanto, él nos da su espíritu de vida desde la concepción, somos desde que estamos vivos.

En Génesis 1:27 nos dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, esta es la gran diferencia en comparación a los animales. A nosotros se nos ha compartido voluntad, intelecto, sentimientos, conciencia, moralidad provenientes o comunicadas por el creador y estas son las características del espíritu humano. Esto es lo que da valor sagrado a la vida humana y lo hace superior en valor a un animal. También así podemos definir lo que es un ser humano, no en base a valores temporales o meramente biológicos sino tomando como referencia a la fuente inamovible de todo lo creado, el ser humano es aquel a quien Dios hizo a su imagen y semejanza.

Dios ordenó a Adán y Eva procrear, multiplicarse y llenar la tierra, haciendo uso de los elementos naturales con que fueron dotados para este fin. El primer cumplimiento lo tenemos en Gén. 4:1 donde Adán conoció a Eva (se unió en relaciones sexuales), concibió (se embarazó) y dio a luz a Caín. El proceso es: relaciones sexuales que dan como consecuencia la concepción o preñez y dar a luz que es el nacimiento. Adán y Eva reconocieron que por la voluntad de Dios habían adquirido a un varón y por eso le dieron ese nombre.

Hasta aquí vemos que la Biblia reconoce la participación humana y los procesos naturales para lograr la procreación de seres humanos, no obstante, la convicción de que Dios nos crea en el vientre lo tenemos en pasajes como Job 33:4 “el Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida”. Aquí se atribuye nuestra hechura al poder del Espíritu.

Hay dos puntos de vista respecto a la pregunta ¿de dónde procede el alma?, los creacionistas dicen que el alma es impartida por Dios en algún momento entre la concepción y el nacimiento, los traducionistas (generacionistas) dicen que tanto el cuerpo como el alma proceden de los padres desde el momento de la concepción. Nosotros leemos que la Biblia dice que los hijos son una herencia de Jehová (Sal. 127:3) lo cual nos indica que todo procede de él, el salmista dice “tú creaste mis entrañas, me formaste en el vientre de mi madre” (Sal. 139:13). Zacarías habla de Dios como el que “forma el espíritu del hombre dentro de él” (Zac. 12:1) y él es “el padre de los espíritus” (Heb. 12:9). Por tanto, considero que el creacionismo no necesariamente contradice al traducianismo en tanto que Dios puede crear usando la voluntad y la naturaleza humana (Jn. 1:13).

¿Considerando estos datos podemos llegar a la conclusión de cuándo empezamos a existir como seres humanos? Ya decíamos que si definimos al ser humano de acuerdo a su capacidad de conciencia y esta es percibida por los impulsos eléctricos del cerebro entonces esto sería hasta el tercer mes. Si razonamos que el ser humano es la composición de espíritu y cuerpo, y que el espíritu es impartido en la concepción como principio de vida entonces somos seres humanos desde el nacimiento. Podríamos pensar que el espíritu necesita de la base física (cerebral) para su subsistencia, pero ¡por qué no pensar que el espíritu está activo en cada célula del nuevo ser y desencadena el desarrollo de dicho embrión? Jesús dijo en Juan 6:63 “el espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha…”

Así pues la conciencia del yo “despierta” en la infancia temprana, luego tenemos un cerebro que madura a la adolescencia, hasta la juventud a sus 25 años en que el cerebro alcanza su madurez total. Esto no significa que el espíritu ya no pueda crecer en conocimiento o madurez hasta la vejez, pese a que el cerebro pierda vitalidad. Cuando una persona duerme (no es consciente), cuando pierde la memoria, cuando llega a estar en estado vegetativo o con muerte cerebral, no obstante, permanece su espíritu en él hasta su muerte donde hay separación, el polvo vuelve a la tierra y el espíritu vuelve a Dios (Ec. 12:7).

Ahora bien, el punto es que los hombres de fe bíblicos hablaron de un momento en que fueron formados o hechos en el vientre de su madre “entretejido en lo más profundo de la tierra” (Sal. 139:15) refiriéndose a lo oculto y el poder generativo del vientre tal y como la tierra con una planta. El salmista continúa diciendo:

Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas.

Salmo 139:16

Dios vio el embrión, lo cual nos habla del conocimiento perfecto y total de la vida humana. Luego nos dice de un libro que preveía todo lo que llegaría a formarse en el hombre, como el plano o el proyecto original de formación. Esto se asemeja al ADN que dispone todo el proceso de creación sin faltar alguna parte la cual es generada en el momento de la unión del óvulo con el espermatozoide.

La pregunta detrás de la anterior es ¿Vale lo mismo el ser humano en formación que el ser humano ya hecho? eso depende de quien lo mira o lo juzga y según qué elementos, para Dios sí vale mucho pues él mismo lo está haciendo, para los padres debería valer pues ellos lo están teniendo, pero esto no siempre es cierto.

Otra consideración es el propósito potencial que Dios ha determinado para cada persona. Dios dijo a Jeremías: «Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones.» (Jer. 1:5). El texto nos vuelve a referir a una formación en el vientre, sobre el tiempo es irrelevante en tanto que lo interesante es lo que Dios conoció (eligió) desde el pasado antes del nacimiento para cumplir un propósito especial. Él no toma en cuenta ni la voluntad de los padres o la del mismo Jeremías pero hace un llamado y le revela su plan a su tiempo. Esta elección es siempre por la gracia y no por los méritos, sin haber hecho aún bien o mal (Ro. 9:11).

Si bien, no podemos considerar pan todavía a la masa que está amasando el panadero, ni un vestido a la tela que está cortando y tejiendo una costurera, el asunto es que no es lo mismo una masa que una masa en proceso de transformación. La cuestión que nos distingue de una masa es que nosotros ya somos sin ser lo que seremos en el futuro. La cuestión es que un pan, una casa o un vestido son cosas que llegan a ser sin más cambio mientras que el hombre no deja de cambiar jamás ni en lo físico ni en lo mental. Pensemos en el texto de Juan que dice “ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser” (1 Jn. 3:2), ¿qué somos? esta pregunta la hacemos con el uso de nuestra conciencia, pero ¿ya eramos humanos antes de tener conciencia de nuestro yo como cuando teníamos un año o antes del vientre?, de nuevo esto es relativo al que está creando, somos sus hijos por creación. Somos seres en proceso, ni siquiera a los 25 años ya estamos terminados pues se está formando en nosotros (los creyentes) el nuevo hombre, y estaremos completos y perfectos en la venida de Cristo. Si una persona está haciendo un pan y alguien lo interrumpe tirándole la masa será una afrenta para él, lo mismo con Dios.

El problema del aborto es interrumpir el proceso creativo de Dios impidiendo la vida, el desarrollo humano y el posible cumplimiento de la voluntad de Dios y conocimiento de Dios lo cual constituye el objetivo de la vida. Si la meta es llegar a ser como Jesús (Ef. 4:13), interrumpir el proceso creativo después de la concepción es un pecado. Es un pecado porque es interrumpir la formación del templo de Dios que es el cuerpo, y la advertencia es “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.” (1 Co. 3.17) El término santo significa apartado o dedicado para Dios, lo cual implica que le pertenece a Dios y no al hombre.

¿Cómo debemos considerar entonces la parte embrionaria del desarrollo humano? como el tiempo en que Dios forma el cuerpo y el espíritu en nosotros, por el hecho de ser hijos de Dios su voluntad creativa nos da valor pues el conoce lo que seremos en su plan eterno, somos desde la concepción seres humanos en las primeras etapas de desarrollo. El hombre no es todavía lo que debería, le hace falta la vida de Dios (Ef. 2:1, Jn. 1:12), necesita la naturaleza divina al nacer de lo alto. Se entra a una nueva vida, se es nueva criatura, se es un espíritu con Cristo cuando recibimos a Dios y entablamos una relación viva con Dios mediante su Hijo, y llegaremos a ser todo para lo que fuimos creados cuando él venga. En suma somos seres humanos desde la concepción aunque aún no seamos lo que podemos ser. Tertuliano dijo ” es un ser humano aquel que lo será”.

Para una reflexión bioética en base a los descubrimientos genéticos consulte: