La expresión adorar en espíritu (o en Espíritu) y en verdad (Jn. 4:20-24) la encontramos en el evangelio de Juan cuando Jesús habló con la samaritana y respondió a la pregunta ¿quién tiene la verdad en cuanto al lugar de adoración? ¿los judíos que adoraban en Jerusalén o los samaritanos que adoraban en Gerizim? (Jn. 4:20). Pero antes de entrar en materia diremos qué cosa no es adorar en espíritu y en verdad.

Adoración verdadera no es lo mismo que sincera, porque se puede estar sinceramente equivocados como lo están todos aquellos que tienen una religión que no está conforme a la verdad. Adoración en Espíritu no significa lo que se siente, porque hay religiones que expresan devoción y sentimientos y aún manifestaciones espirituales de cierto tipo y eso no quiere decir que sea el Espíritu de Dios.

Mucho tiene que ver cómo se traduzca la palabra “espíritu” (gr. pneuma) si como el espíritu del hombre, su parte inmaterial, o como Espíritu, el Espíritu Santo. Yo considero que la adoración no es en espíritu porque de hecho todo lo que hacemos lo hacemos con sentimientos, intelecto y voluntad humanos y esto no significa que sea agradable a Dios. Mejor debería decir conforme al Espíritu de Dios y no guiado por los deseos de la naturaleza humana, es decir, debe ser una adoración conforme a la persona, el poder, la dirección y voluntad del Espíritu Santo.

Primero respondamos qué quiere decir adoración verdadera. Recordemos que la pregunta de la samaritana era si en dónde deberían adorar. La adoración en Jerusalén era verdadera cuando David trasladó el arca del pacto y luego su hijo Salomón construyó un templo, el cual la presencia de Dios, el Espíritu Santo llenó (1 R. 8:10-11, 2 Cr. 7:1), por lo cual también era conforme al Espíritu. De aquí podemos ver que la adoración en Espíritu y en verdad es aquella que está ordenada por Dios y sellada por el Espíritu de acuerdo al pacto estipulado. Dios había ordenado construir un templo, ceremonias, sacrificios, un sacerdocio y maneras de acercarse a él lo cual confirmaba con su presencia.

Esa adoración verdadera degeneró en falsedad cuando el pueblo cayó en idolatría, en el descuido, en la invención de religiones falsas y en el ritualismo. ¿Cómo Jerusalén degeneró en una falsa adoración? (2 Cr. 7:19,20). Salomón se apartó de Dios (1 R. 11:1-8) por ello Dios dividiría el país en dos y una parte daría a Jeroboam. Luego Jeroboam en vez de buscar a Dios inventó su propia religión poniendo becerros de oro en Betel y Dan (1 R. 12:25-33), puso altares, sacerdotes y días especiales de fiesta lo que se convirtió en la idolatría del reino del norte con capital en Samaria.

¿Cómo surgió la adoración en Gerizim? Los samaritanos creían que en dicho monte residía la bendición de Dios y no donde David había escogido (Dt. 11:28,29). Hoy el judaísmo y el islamismo proclaman adorar al verdadero Dios, los hinduistas creen en infinidad de dioses. Unos van a Jerusalén, otros a la Meca, otros a India, otros a algún cerro. No todos los caminos llevan a Roma, no toda adoración va al Dios verdadero, la salvación viene de los judíos, del Dios de Jacob.

Años después, la adoración de Jerusalén se siguió corrompiendo y cayó en el ritualismo, de adoración externa (Is. 1:11-18) en cumplir con holocaustos, fiestas y ofrendas, pero oprimiendo al prójimo, derramando sangre, robando, despojando y agraviando a otros, adorando con sus bocas y con un corazón lejos del Señor. La Gloria de Dios abandonó su templo debido a las abominaciones que se hacían en su templo (Ez. 8-11). Posteriormente Dios los devuelve a su patria, les permite reconstruir el templo en Jerusalén y que la presencia resida en ella, pero de nuevo caen en una adoración descuidada. Su adoración muestra menosprecio y deshonra como los sacerdotes que daban ofrendas contaminadas (Mal. 1), con un sacerdocio corrupto (Mal. 2) y gente que robaba a Dios en diezmos y ofrendas (Mal. 3).

Dios prometió venir a su templo a limpiarlo (3:1-3). Por lo que al llegar Jesús llegó demandando a aquellos que habían hecho la casa del Señor cueva de ladrones cuando su casa era casa de oración para los pueblos y los echó. Luego Jesús abandonó el templo al ver su rechazo y habló de la destrucción del lugar junto con su falsa adoración por haberle rechazado a él y al Espíritu de gracia que les mostraba sus milagros.

La adoración verdadera en Cristo

Jesús dijo:

Pero llega la hora, y es ahora mismo, cuando los que de veras adoran al Padre lo harán de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios. Pues el Padre quiere que así lo hagan los que lo adoran. Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios.

(Jn. 4:23,24)

Dios es Espíritu, el existe como ser trascendente y sin imagen que le podamos hacer, no es materia sino es superior a ella en su esencia. Llena todo y está donde sea. Jesús refiriéndose al Espíritu dice que él es el Espíritu de verdad que nos enseña todas las cosas y nos guía a la verdad en Cristo (Jn. 14:17,26). Nos enseña que Jesús es el Señor, nos da convicción de pecado, nos dice que Cristo es el justo y que viene un juicio, y da testimonio de Jesús (Jn. 15:26). Significa que lo que el Espíritu reveló mediante los apóstoles en el resto del Nuevo Testamento es la verdad acerca de cómo podemos acercarnos al Padre y darle adoración que le agrade.

La adoración verdadera es la que se da al Padre en el nombre de Jesús por medio del Espíritu Santo. Es al Dios verdadero, trino y eterno, invisible, todopoderoso. No es por medio de imágenes es mediante Jesús. Él habló del templo de su cuerpo, él fue el sumo sacerdote de su ofrenda y sacrificio eterno cumpliendo la ley de Moisés. Completando aquello que la ley no podía hacer que era limpiar, expiar a los pecadores para darles acceso al Padre. Adoración en verdad es al verdadero Dios conforme a quien ha señalado en este tiempo. Ya no requiere de un lugar porque todos los sacrificios y ofrendas del tabernáculo eran solo sombras y tipos de lo que habría de venir lo cual se ha cumplido en Jesús.

Adoración en Espíritu

En el Nuevo Testamento se nos revela que somos su templo. La iglesia es templo del Espíritu, sacerdocio santo que presenta sacrificios espirituales (1 P. 2:5). Jesús habló a la samaritana de un agua que le daría le llenaría. Esa agua que Jesús dará es viva como la de un río bebible y saciable (Jn. 4:10,13,14), pero se convierte en río. Jesús llama a todos los sedientos a venir a las aguas (Is. 55:1). Se acostumbraba que en la fiesta de los tabernáculos del Siloé se sacaba agua y se derramaba en el templo citando Is. 12:3; ante esto Jesús hizo la invitación a venir a él y tomar de él (Jn. 7:37-39). En Jesús hallamos la fuente del Espíritu que sacia y corre generando vida.

Por tanto, no se trata de lugares, o rituales externos sino de quien nace de nuevo por el Espíritu y es santificado para buscar agradar a Dios en todo, ese que busca hacer su voluntad, que ora en el Espíritu y le sirve con los dones que él da conforme a su dirección, carácter santo, poder y presencia.

Todo depende de cómo interpretemos la palabra adoración porque si suponemos que solo es una acción y no un estilo de vida adoración, “en Espíritu” sería cuando sentimos vibrar nuestros cuerpos y corazones al levantar nuestras manos o cantar. Si lo pensamos como un estilo de vida es hacer la voluntad de Dios estando conscientes de su presencia a cada paso que damos durante el día. Ambas cosas son ciertas, requerimos de momentos especiales de devoción y de adorar con lo que comemos, bebemos o hacemos cualquier cosa.

Conclusión: adoración en Espíritu y en verdad es la que se da a partir de Cristo en todos aquellos que confían en él y se rinden a su señorío, convirtiéndose en su templo.