Juan vio un rollo escrito por dentro y por fuera sellado por siete sellos en la mano derecha del Padre que estaba sentado en el trono (v. 1). Antiguamente los títulos de propiedad, actas de matrimonio, testamentos y préstamos venían con el contrato en la parte interior y un resumen en la parte externa con letras más grandes. Este libro representa el título de propiedad de herencia de la tierra otros creen que simboliza el plan de Dios en la historia final que estaría por desarrollarse. Los romanos ponían en estos rollos hasta siete sellos que aseguraban que personas no adecuadas lo abrieran, el hecho de que el rollo de Dios tuviera esa cantidad nos habla de la importancia de este título el cual no podía ser roto sino por quien tuviera la autoridad.

Por ello ante la pregunta de un ángel de quién era digno de abrir el libro y romper sus sellos no se halló nadie ni en el cielo ni en la tierra (vv. 2,3), pues nadie tiene la dignidad para recibir dicho título y desatar los juicios para el inicio de esta nueva tierra.

Juan lloraba al ver que nadie era digno de recibir esta herencia (v. 4), pero un anciano le dijo que no llorara porque el león de la tribu de Judá, el Hijo de David venció y puede abrir los sellos (v. 5). Se refiere a Jesucristo quien era de la tribu de Judá, heredero del trono como había sido profetizado (Gén. 49:8-12, Is. 11.1-10) venció al mundo para ser rey. Jesús en su primera venida no fue reconocido como rey ni por hacer uso de la fuerza por tanto la batalla conquistada por Cristo fue su obediencia a través de la cual trajo salvación, conquistó las almas, derrotó a Satanás por su sangre, no fue vencido por sus adversarios ni por la muerte. Esto lo ha capacitado para recibir el título de propiedad que ya tiene.

Juan vio a un cordero de pie, pero se veía sacrificado, símbolo de su muerte, la victoria de Jesús fue su muerte. Primero se dijo que se presentaría un león pero aparece un cordero frente al altar, en medio de los ancianos y de los cuatros seres vivientes. Este animal manso y sacrificado tenía siete cuernos y siete ojos que son los siete espíritus de Dios, los cuernos representan su poder perfecto y los ojos su conocimiento infinito, son los siete espíritus, la plenitud del Espíritu en él (6).

La adoración: Cuando el cordero tomó el rollo del que estaba en el trono los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos se arrodillaron ante él. Ellos tenían arpas y copas de oro con incienso que son las oraciones de los santos (vv. 7,8). Esto nos indica que son sacerdotes que le alaban y presentan las oraciones de los justos.

El cantico nuevo: en su cantico nuevo alababan al cordero por ser digno de abrir el rollo porque fue sacrificado y con la sangre redimió a un pueblo de todas las naciones formando un reino y sacerdotes para Dios (Vv. 9,10)

“Tú eres digno de tomar el rollo y de romper sus sellos,
porque fuiste sacrificado;
y derramando tu sangre redimiste para Dios
gentes de toda raza, lengua, pueblo y nación.
De ellos hiciste un reino,
hiciste sacerdotes para nuestro Dios,
y reinarán sobre la tierra.”

No solo el Señor del trono reconoció que él era digno sino los seres celestiales pues no podría existir reino sino hubiera súbditos y estos son aquellos que fueron rescatados a precio de sangre para formar parte activa en su reino

Declaración de los millones de ángeles: Luego los ángeles que estaban alrededor decían que el cordero es digno de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza (v. 11,12). Por tanto, al abrir el rollo y sus sellos esto es lo que el cordero recibirá. Sin duda que a él le pertenece pero aún no lo recibe de sus criaturas como debería.

Declaración de las cosas creadas en el cielo, la tierra y el mar: el que está sentado en el trono y el cordero son signos de recibir la alabanza, el honor, la gloria y el poder por siempre (v. 13). Pareciera que hay un cambio de escena y aquí oye a las criaturas formadas por Dios expresarse de este modo con respecto al Padre y al Hijo.

Después de estas declaraciones los 4 seres vivientes dijeron amén y los 24 ancianos se postraron y adoraron (v. 14). Los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos como consejo celestial aprobaron la declaración de los millones de ángeles y de las cosas creadas por lo cual no pudieron hacer más que postrarse y adorarle.