En el Nuevo Testamento encontramos muchas veces la idea de que la ley no justifica al hombre sino la gracia. Para el contexto que se escribió en que el judaísmo daba por sentado que sin la obediencia completa de la ley no se podría ser salvo esta era una doctrina novedosa y controversial, por tanto de mucho interés para los primeros oyentes. Hoy en día la parte cristianizada de la población tiende más bien a menospreciar los mandamientos de la ley y a ignorarlos. Pero eso no es bueno, pues aunque la ley no justifica es Palabra de Dios. Al no tomar la ley muy en serio entonces no nos damos cuenta de la libertad que trae saber que la ley no justifica.

¿Pero qué significa la justificación? La justificación es el acto mediante el cual Dios nos declara como justos ante él. Entonces tiene que ver con el juicio divino hacia nosotros en nuestro actuar. Dios nos juzga o bien como justos o como pecadores pero ¿cómo podemos ser declarados justos? la respuesta más simple y lógica sería haciendo lo justo, lo bueno, lo agradable a él, su voluntad, cumplir sus mandamientos, en otras palabras guardando la ley. La Escritura dice, no obstante, contra todos la lógica humana “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Ro. 3:20).

Pablo explica por qué razón la ley no puede justificar y por qué Dios escogió la fe como medio para la justificación. Si la justificación fuera por obras al guardar la ley entonces la salvación sería ganada por nosotros lo cual nos produciría orgullo (Ef. 2:8,9), además nosotros mismos no somos capaces de guardar toda la ley aunque quisiéramos (Ro. 7). La ley sirve para darnos conciencia del pecado, para darnos conocimiento de lo bueno y lo malo, y mostrarnos el castigo que se merece pero no sirve para que Dios nos declare justos.

Ahora bien, nosotros al carecer de la educación cristiana en cuanto a la ley ignoramos sus exigencias y sus alcances, pero las iglesias han impuesto cierto decálogo de exigencias cristianas como ir al templo, orar, leer la Biblia, no ir a los bailes, no tomar, vestirse modestamente, etc. Hay personas que creen que cumpliendo esto se irán al cielo sin necesidad de confiar en Jesús. No saber que la ley divina nos puede justificar por sí misma puede llevarnos al orgullo, al legalismo e incluso a la perdición de nuestras almas por confiar erróneamente en el cumplimiento de ciertas exigencias morales o moralistas.

Una vez que sabemos que el cumplimiento de la ley no puede justificarnos ante Dios solo nos queda recurrir al método divino, a lo ordenado que es poner la plena confianza en el sacrificio y la persona de Jesucristo para la salvación el cual es el mejor regalo.