El Espíritu inmundo que regresa es una parábola a la que Jesús hizo alusión para referirse al estado espiritual de la nación de Israel. El contexto de esta dura verdad declarada es la liberación de una persona de un espíritu inmundo y la crítica contra Cristo en que esto era por obra de Satanás. Jesús explicó que esto no era así y que dicha blasfemia contra el Espíritu los condenaría.

Siguiendo en este tono y tomando el mismo ejemplo de una persona liberada de un espíritu inmundo Jesús dijo que:
“Cuando un espíritu impuro sale de un hombre, anda por lugares secos buscando descanso; y si no lo encuentra, piensa: ‘Regresaré a mi casa, de donde salí.’ (Mt. 12:43, 44a). Los judíos creían que los lugares secos y apartados eran los lugares preferidos de los demonios. Los demonios son seres espirituales impuros que gustan de habitar dentro de los cuerpos de ciertas personas. Al parecer los demonios no están cómodos en ciertos lugares, tienen voluntad e intelecto. El espíritu inmundo después de buscar un lugar y no hallarlo piensa en regresar a “su casa” de donde salió. Semejante a cómo el Espíritu Santo hace morada en el creyente así los espíritus malignos buscan un hogar donde se les permite.

Jesús se refirió al problema: “… Cuando regresa, encuentra a ese hombre como una casa desocupada, barrida y arreglada.” (Mt. 12:44b). El cuerpo de este hombre tenía cualidades muy atractivas para este espíritu. Primero estaba vacía, quiere decir sin ningún habitante que reclamara el lugar, luego estaba barrida y arreglada lo cual sugiere que una persona limpia y de buen gusto había purificado y compuesto el lugar que él antes había dejado como un desastre, pero por alguna razón no se había quedado a vivir.

¿Cuál fue la consecuencia? “Entonces va y reúne otros siete espíritus peores que él, y todos juntos se meten a vivir en aquel hombre, que al final queda peor que al principio. Eso mismo le va a suceder a esta gente malvada.” (Mt. 12:45) ¿Por qué toma sietes espíritus peores que él? Seguramente porque no querría ser expulsado de su hogar de nuevo, él desearía tener más fuerza para así poder resistir algún ataque. El resultado es que la persona termina peor que al principio pues ellos ocasionan más daño y destrucción pues los demonios no cuidan el lugar sino que lo toman como una base para sus maldades.

Jesús está señalando tres estados: el inicial de posesión, la liberación y limpieza sin habitación de un ser limpio, y el retorno con más suciedad y maldad. El Señor indica que esto mismo sucedería con aquella generación malvada. ¿A quiénes se refería? a quienes habían visto los milagros y liberaciones pero rechazaban a Jesús como Señor, esa generación blasfema que pedía señales pero no recibía las muestras de poder y gracia del salvador. Por consecuencia, pese a lo hecho por Jesús durante su ministerio el estado de Israel sería la debacle. La enseñanza es que Jesús pudo confrontar a Satanás en su terreno y lo venció, lo que no puede hacer es que las personas le prefieran a él pues él respeta su libre elección, entonces abandona la casa y la deja a voluntad del enemigo que roba, mata y destruye.

Israel fue liberada de Egipto, fue limpia, pero ellos volvieron a los ídolos (demonios detrás de ellos) entonces al rechazarlo Dios permitió que sus enemigos los atacaran y les envió libertadores, los jueces. Luego Dios envió a David quien conquistó a sus enemigos pero aún así ellos prefirieron el mal y la idolatría; entonces Dios permitió que ellos fueran a Babilonia donde ellos abandonaron la idolatría material no la de corazón. Dios envió a su Hijo para limpiar y arreglar su casa expulsando al enemigo, pero ellos amaron más las tinieblas que la luz, por ello su estado sería peor no porque Dios así lo deseara sino porque el enemigo tendría la oportunidad de destruir a sus anchas.

La seria advertencia de Pedro resume esto:

Si habiendo escapado de la contaminación del mundo por haber conocido a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, vuelven a enredarse en ella y son vencidos, terminan en peores condiciones que al principio. Más les hubiera valido no conocer el camino de la justicia, que abandonarlo después de haber conocido el santo mandamiento que se les dio. En su caso ha sucedido lo que acertadamente afirman estos proverbios: «El perro vuelve a su vómito», y «la puerca lavada, a revolcarse en el lodo».

(2 P. 2:20-22)

Un conocimiento superficial del Salvador no es suficiente, es peligroso.