¿Es el coronavirus un juicio particular a ciertos pecados actuales específicos o una prueba para la iglesia? Con el fin de responder esta pregunta definamos los términos. La palabra juicio significa discriminar o separar, entre lo bueno o malo, lo justo y lo injusto. Es un acto legal mediante el que se determina la culpabilidad de una persona o una sociedad y se le sentencia con condenación o castigo. Por su parte la prueba es el acto divino a través del cual Dios examina lo que hay en el corazón del hombre para ver si tiene fe y si obedece su Palabra en verdad mediante el sometimiento a dificultades, por lo que una prueba también es una especie de juicio. En 1 Pedro 1, por ejemplo, el apóstol llama a la persecución una prueba, mientras que en el capítulo 4 lo llama juicio sobre los creyentes.

En su trato con la humanidad Dios ha decretado ciertos juicios actuales temporales que están conectados con el juicio final. A nivel individual la muerte es la paga por el pecado (Ro. 6:23), pero después viene el juicio (Heb. 9:27). De igual modo el juicio o la paga por el pecado de un pueblo es el fin, la muerte y la destrucción de esa sociedad. El juicio no es algo extraordinario sino el destino de todo ser humano en el que algunos serán salvados justificados por la fe en Jesús y otros serán condenados eternamente. Dios suele soportar con paciencia al ser humano y a los países, ciudades y pueblos pecaminosos con el fin de esperar un cambio.

En ocasiones el cambio de vida en una generación puede significar el retraso de un juicio por muchos años o la conversión de cierto número de personas suele ser la salvación de una nación (véase el caso de Nínive en Jonás y la petición de Abraham por Sodoma y Gomorra). Estas constantes oportunidades de arrepentimiento son parte de la misericordia de Dios, no obstante, luego de muchos llamados y el incremento exponencial del mal en un pueblo Dios procede a borrar de la faz de la tierra a dicho pueblo. Este es un acto de justicia por el cual Dios hace un bien al resto de la humanidad y a su propia gloria al quitar esta maldad. Estos actos de juicio suelen ser mediante el uso de medios naturales o humanos como guerras, hambrunas, pestes o desastres naturales.

La misma justicia implica que Dios no tratará a todos de la misma manera sino dará a cada quien conforme a su obra. En Génesis 6 y 11 sin embargo vemos juicios universales pues el corazón humano era de continuo al pecado y a la rebeldía. La primera se refiere al diluvio universal y la segunda a la confusión de las lenguas. Por tanto, es posible que la humanidad completa caiga en grave y continuo pecado contra Dios. Un juicio similar es profetizado para el último tiempo.

Más adelante vemos el juicio contra Sodoma y Gomorra (Gén. 18), las prósperas ciudades de la llanura que fueron destruidas por la maldad cometida por ellos contra otras personas. Este juicio es anterior a la ley y quedó como ejemplo de lo que Dios puede hacer con las naciones.

El caso de las plagas de Egipto es especial pues sí hay un juicio contra los dioses de Egipto y duros castigos para los egipcios, pero el propósito de este trato a faraón fue para que Dios se glorificara en él y su poder fuera conocido en la tierra (Ex. 9:16). Dios en vez de ejecutar un solo juicio duro prefirió tratar pacientemente con el corazón endurecido del faraón y demostrar ante los pueblos idolátricos de aquel momento su gran poder. En todo caso ellos eran culpables de esclavismo, opresión e infanticidio, pero también de orgullo, idolatría y hechicería.

Dios también estableció maldiciones para su pueblo elegido si desobedecían sus leyes tales como la esterilidad, las plagas, la mortandad, etc. (Dt. 28). La misma ley de Dios es llamada juicio (Dt. 33:10) porque si era quebrantada el mismo pueblo debía ejecutar juicios mortales. A veces los juicios sobre Israel fueron más rápidos y duros que el dado a los paganos pues a mayor gracia y revelación mayor responsabilidad. Dios dijo a Salomón “si… envío una peste sobre mi pueblo” (2 Cr. 7:13). Ellos estaban sujetos a un pacto en que la obediencia les traería increíbles bendiciones pero la desobediencia terribles juicios de castigo. A parte de esto tenemos juicios predichos por los profetas a naciones antiguas como Babilonia, Tiro, Egipto, Etiopía, Edom, etc.

¿Puede Dios juzgar a personas, naciones o ciudades hoy en día o solo fue para el tiempo del Antiguo Testamento? En ninguna parte se nos enseña que Dios haya dejado su función de juez de toda la tierra para el A.T., sino que se nos enseña que Dios no cambia. A parte del juicio de la muerte, del infierno, de los juicios previos a su segunda venida y del juicio final el Nuevo Testamento da ejemplos de juicios particulares para el tiempo de los apóstoles. El juicio más claro decretado por Jesús fue la caída de Jerusalén en el contexto de Mateo 24, donde diría que no quedaría piedra sobre piedra (v. 2) por rechazar a su salvador y rey.

Otro juicio fue predicho contra Capernaum, Corazín y Betsaida (Mt. 11:21-24) por no recibir a Cristo a pesar de los milagros y la predicación. Jesús aludió a dos momentos de juicio: la caída de las ciudades y el día del juicio final donde el castigo sería menor para Tiro y Sidón que no vieron ni oyeron nada acerca de Dios. Un juicio hoy día podría ser la caída o destrucción de un nación, ciudad o sistema político- económico por causa de un pecado específico como idolatría, soberbia, crueldad, maldad, rechazo al evangelio, etc. Dios tiene el derecho de hacerlo.

Entonces, ¿podemos interpretar el coronavirus como un juicio a un mundo cada vez más secularizado, ateo, materialista, abortista, rebelde, relativizado en sus valores morales y sexuales, en síntesis apartado de Dios? Debemos proceder con cuidado pues sin duda que el mundo merece juicio pero aunque la pandemia ha sacudido el sistema y lo ha dañado, ha matado mucha gente y dañado la economía, no lo ha destruido del todo. Hemos de esperar a ver si algún falso dios postmoderno cae cual dios egipcio ante el poder divino. Tal vez el golpe sea contra el Dagón del orgullo humano y su confianza espúrea en su ciencia, su fuerza y sus riquezas. Si bien no vemos la caída y destrucción de países y naciones, por tanto de un juicio como tal, si hay un gran llamado de atención como al faraón en las primeras plagas.

¿Y qué respecto a la iglesia? ¿la está Dios juzgando? Hoy diríamos que ya no estamos bajo el pacto de la ley y que ninguna condenación hay para los que están en Cristo, sin embargo, sigue habiendo juicio físico para la iglesia: “es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 P. 4:17), refiriéndose a la persecución que experimentaban. Algunos miembros de la iglesia de Corinto sufrieron de muerte prematura, debilidad y enfermedad por sus pecados (1 Co. 11), “siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados por el mundo” (1 Co. 11:32). Por tanto, el juicio aplicado a la iglesia destruye el cuerpo, pero produce arrepentimiento, santificación del alma para salvación.

La iglesia no ha sido eximida de la enfermedad, muchos cristianos y pastores han enfermado y aún muerto en todo el mundo. Nos toca padecer el estrago de las consecuencias económicas de nuestras naciones y a parte tener que haber salido de nuestros templos construidos con tanto esfuerzo y tenidos casi como sinónimo de nuestro cristianismo.¿Puede ser el coronavirus una especie de juicio- prueba- disciplina para la iglesia? Muchos consideran que sí a causa del adormecimiento espiritual de la iglesia en los últimos años, de la falta de búsqueda de Dios, de la inercia en no participar del evangelismo y discipulado, del templocentrismo, etc. Recordemos que los juicios de Dios contra la iglesia no son para destruirla sino para santificarla.

Ahora bien, tenemos que ubicarnos en el tiempo, pues aunque no podemos saber los tiempos y las sazones que el Padre puso en su potestad, estamos cada vez más cerca de la venida de Cristo, estamos en el contexto de los últimos días que Juan identifica por la aparición de falsos profetas y anticristos (1 Jn. 2:18), lo cual según el discurso escatológico de Jesús en Mateo 24 es una de las señales de los principios de dolores. Dentro de estas señales están la persecución, las guerras, las hambres y las enfermedades en diversos lugares (Lc. 21:11); pero aún no es el fin. Si Juan ya veía aquellas señales como parte de lo que anticiparía a la segunda venida de Cristo en el siglo primero, significa que a lo largo de los siglos han acontecido señales que apuntan este magno acontecimiento, pero aún no llegamos al momento final.

Notemos que Jesús no dice en Mateo 24 que algunas guerras, enfermedades y algunos falsos profetas serían principios de dolores, sino que todas las grandes conmociones humanas irían alertando y anticipando el tiempo más crítico; pero no todas serían necesariamente como parte de un juicio directo o particular pero sí como parte de un juicio general a una sociedad cada vez más apartada. De aquí que podemos decir que el coronavirus es una señal que alerta acerca de la venida del Señor, pero no es una señal del fin.

Cada año hay terremotos, tornados, inundaciones, incendios, muertes por enfermedades diversas, etc. Pero lo que distinguirá los últimos tiempos será el grado y la frecuencia de estos acontecimientos. Los impíos no entenderán pero los justos deberían prepararse.

A veces, no obstante, las calamidades no son debido a un pecado específico sino como parte de una prueba y para que Dios sea glorificado como cuando en el desierto hallaron aguas amargas y Dios las sanó (Ex. 15) o como cuando Job fue probado aun siendo él justo y temeroso de Dios. Entre otras diferencias una prueba se distingue de un juicio en cuanto a intensidad, daño y propósito. Una prueba no llega a ser tan destructiva como lo es un juicio, la prueba tiene como fin mostrar lo que hay en el corazón de las personas mientras que el juicio tiene como fin el castigo o condenación de una persona, ciudad o pueblo. Israel en el desierto atravesó diversas pruebas que al final resultaron en enseñanza acerca de la confianza en la provisión divina, pero al atravesar la devastación babilónica experimentaron gran dolor y arrepentimiento.

Una prueba también actúa como disciplina y como tentación. En Hebreos 12:5-9 dice que la prueba de la persecución era una disciplina como medio para la purificación y santificación de la iglesia y en Santiago 1:12,13 se refiere a la prueba de Dios como una tentación del enemigo.

¿Podemos decir que esta es una prueba para la iglesia? Sin duda, Dios quiere ver cómo reaccionaremos, si lo haremos con fe, con oración, con más amor, con más ánimo para predicar, revalorando nuestra función eclesiástica en el mundo o permaneceremos indolentes haciendo como que no pasa nada.

Conclusión

Dios es el rey soberano, bueno y justo que interviene en la historia mediante actos providenciales, en este caso el coronavirus. Esto no le sorprendió en ninguna forma pues él está en control de todo. Esta pandemia se parece mucho a aquella hambruna en tiempos de faraón y como en aquel tiempos se requieren de creyentes prudentes y llenos del Espíritu que sepan ayudar a salvar a mucha gente tanto en lo físico, por medio del aislamiento, como en lo espiritual por la predicación y la oración.

Por otra parte podemos aseverar que es parte del principio de dolores por el que Dios llama, como lo hizo mediante las plagas a los egipcios, a un arrepentimiento a todas las naciones de la tierra. Todavía no es un juicio fuerte y definitivo, por tanto, la humanidad debería prestar atención pues el tiempo puede postergarse si hay conversión.

Para la iglesia no hay condenación pero sí un llamado a la reflexión, a un cambio de dirección, a buscar más a Dios, la iglesia está siendo puesta a prueba y su fe debe brillar como el oro.