El alejamiento de Dios lleva a la humanidad hacia la degeneración y la violencia, en este caso podemos ver el primer asesinato producto de la envidia por razones religiosas. Adán se unió a su esposa y dio a luz un hijo al que le puso Caín, porque Dios se lo había dado (1), es decir, nuestros primeros padres reconocieron a Dios como el dador de vida. Quien diría que el primer ser humano nacido llegaría a ser asesino. Luego tuvieron a Abel. Caín era agricultor y Abel criaba ovejas (2).

Un día Caín llevó una ofrenda de su cosecha al Señor (3), es la primera vez mencionada en que alguien quiso dar adoración a Dios, algo que aprendieron de sus padres. También Abel llevó las primeras y mejores crías de ovejas. Dios vio con agrado a Abel y a su ofrenda (4), pero no a Caín y a su ofrenda (5). ¿Por qué Dios aceptó uno y rechazó otro? Dios rechazó al oferente y a la ofrenda misma porque quien ofrendaba no amaba a su hermano y porque su ofrenda al parecer no era como Dios lo había revelado en ese momento.

Ante este rechazo Caín se enojó muchísimo con su hermano por envidia. Al igual que hizo con Adán cuando se escondió Dios fue a hablar con él para hacerle recapacitar y le preguntó por qué estaba tan enojado (6). El Señor le enseña que si hacía el bien sería enaltecido, honrado, pero el no hacerlo estaba permitiendo que el pecado lo dominara, pero que él podía dominarlo (7). Las emociones no deben dominar al hombre, pero el deseo de control de la situación y de las personas nos puede llevar a ser controladores y violentos. Cada vez que nos enojamos debemos preguntarnos “¿por qué estoy molesto? ¿es realmente justa mi ira?” y estar conscientes que la emoción no es irrefrenable. Hay una fiera en nosotros que no podemos soltar.

Con engaño Caín llevó a su hermano a dar un paseo y lo atacó hasta matarlo. Cometió un asesinato con premeditación, alevosía y ventaja (8). El asesinato pasa por el proceso de ira, odio, violencia física o verbal y finalmente muerte. La ira puede ser controlada para que no sea pecaminosa. Jesús señaló que la ira descontrolada ya es un asesinato en potencia, Juan enseña que “todo el que odia a su hermano es un asesino” (1 Jn. 3:15).

Juicio y misericordia para Caín

De nuevo, Jehová se acerca a Caín para hacerlo recapacitar y guiarlo al arrepentimiento y le pregunta dónde está su hermano, pero con insolencia Caín responde que no es su obligación cuidar y estar al tanto del hermano cuando de hecho sí lo era (9). Aquí el miente al decir que no sabe, responde con insolencia y con total falta de amor. Dios le dice que la sangre de su hermano pedía justicia desde la tierra(10), por ello lo maldijo y lo expulsó de la tierra que bebió la sangre (11), no volvería a tener los mismos frutos de la tierra y vagaría por el mundo sin descanso (12). Su trabajo no le daría satisfacción y no podría estar con sus hermanos a causa de haber odiado y matado a su hermano. Odiar nos lleva a la soledad, el enojo nos lleva al aislamiento, el asesinato trae maldición, pobreza y perdición en quienes lo cometen. No puede haber descanso ni paz para los que destruyen al prójimo.

Caín expresó que este castigo era grande y que al vagar por la tierra cualquiera podría matarle en busca de venganza (13,14). Dios puso una señal para que nadie lo matara, y el que lo hiciera sería castigado siete veces (15). Dios quería contener más violencia en la tierra y por eso dispuso un castigo mayor a los vengadores. Esto fue una muestra de misericordia porque su acto podía desatar la ira de otros hermanos que quisieran vengarse.

La venganza de Lamec

Caín fue a vivir a Nod (16) donde se casó con una hermana, tuvo un hijo y fundó una ciudad (17). Uno de sus descendientes llamado Lamec tuvo dos esposas (18,19), la primera poligamia. La familia de Lamec fue prominente pues de sus hijos surgieron ganaderos, músicos y herreros (20-22). Un día Lamec dijo a sus esposas que él había matado a un hombre por herirlo y a un muchacho por golpearlo, que si a Caín lo iban a vengar siete veces a él lo vengarían 70 veces 7, pues él había hecho peor que Caín (23,24). En realidad, Lamec no era inocente de haber matado a estas personas, pero distorsionó la venganza divina, cuando lo que Dios deseaba es que él aprendiera a perdonar y tener paz con sus semejantes.

En sí Lamec decía que tenía justificación para matar a esas personas que lo habían lastimado y que si Dios vengaría al asesino de Caín 7 veces aunque fue con alevosía, él estaría más libre de pagar por esa culpa. Su actitud arrogante es la de quienes hoy en día se vengan diciendo “como me hizo, así le haré” (Pr. 24:29) queriendo tomar justicia en sus manos y causando mucho más daño que el recibido.

Set

Dios permitió a Adán y Eva tener un tercer hijo a quien pusieron Set pues Él les había dado otro hijo en lugar de Abel (25). El hijo perdido por asesinato les fue recompensado en Set, este fue un consuelo a su dolor. Set tuvo a Enós y desde entonces se comenzó a invocar a Jehová (26), la generación de Caín no lo hacía pues estaba pervertida en violencia y se alejaron de Dios a causa del enojo de su padre con Dios.

La adoración nos debe llevar a acercarnos a Dios y amar al prójimo, pero el odio nos aleja de Dios y destruye nuestra relación con los demás. No permitamos que nos domine la envidia, ni que los pecados de otros (sus ofensas y heridas) nos lleven a la venganza sino dejemos lugar a su ira y a las autoridades.