Dentro de las parábolas del reino, una de las más famosas y hermosas es la parábola del sembrador que Jesús enseñó sentado desde una barca en el lago mientras la gente lo oía en la playa (Mt. 13:1,2). Mateo 13 es un capítulo que concentra las principales parábolas del reino de los cielos. Para los judíos que creían que el reino sería para todos los judíos, Jesús señaló que no era así, sino que dependería del receptor a la predicación del evangelio.

En esta parábola hay tres elementos principales: el sembrador, la semilla y la tierra. “El sembrador salió a sembrar” dijo Jesús, refiriéndose primero a sí mismo como el sembrador de la Palabra y luego a quienes anunciarían su mensaje. La semilla es la Palabra de Dios (Lc. 8:11), que produce frutos en las vidas de quienes lo reciben. Si el juicio será quitar la paja del trigo, la separación del justo del injusto, lo que produce la vida y los frutos del justo es la Palabra. Por tanto, de ahí la necesidad de predicar y la importancia de los predicadores que valoren el poder de la Palabra. Pero aunque el evangelio es poder de Dios para salvación, no en todos produce el mismo efecto. Si bien la Palabra no volverá a él vacía, hay diferentes oidores, distintos tipos de corazones. Jesús menciona cuatro, veamos:

  1. Los cerrados de junto al camino

Dentro de los receptores de la Palabra estarán aquellos que serán como la semilla que cayó en el camino, que llegaron las aves y se las comieron (Mt. 13:4). Jesús explica que estos son los que oyen el mensaje del reino pero lamentablemente no lo entienden, así que viene el maligno y les quita el mensaje sembrado en el corazón (v. 19). Los de junto al camino son aquellos que ya sea voluntaria o involuntariamente no quieren entender. Algunos escuchan por obligación, otros oyen con prejuicios, otros lo hacen llenos de orgullo, con desinterés, con miedo, otros tienen corazones cerrados, otros no quieren hacer el esfuerzo de entender, otros aman demasiado el pecado, se sienten bien como están. ¿Por qué en este caso el enemigo es capaz de arrebatar la semilla? Porque simplemente es una semilla que no entra al corazón, es tan fácil para él desviar la atención, engañar o hacer que la gente se aleje de la predicación con facilidad. El diablo se roba la Palabra porque ellos no están en el terreno de Dios.

Algunos de estos son de los que se sientan hasta atrás en los templos, los que se están durmiendo, los distraídos, los que salen cada rato, los que están chateando en el celular a la hora del mensaje, etc. Los que están cerca pero con corazones muy alejados de Dios.

2. Los superficiales de los pedregales

Los lugares pedregosos son inadecuados para la siembra porque aunque la semilla brote pronto, no pueden echar raíces por la dureza del suelo, esto genera un nacimiento rápido, pero una pronta sequía y muerte a causa del sol (Mt. 13:5,6). Usualmente la superficie no guarda la suficiente humedad y por tanto no hay crecimiento, y mucho menos frutos. Jesús dijo que esto se refiere a que ellos que escuchan la palabra con gusto, pero como no tienen suficiente raíz, no se mantienen firmes; y al venir las pruebas o la persecución fallan (Mt. 13:20,21).

En este grupo entran los emocionalistas, los que no meditan en el costo, los que toman decisiones sin pensar, los que no tienen suficiente convicción o compromiso, los que se confunden pensando que en Cristo solo tendrán bendiciones y victorias, etc. La superficialidad de su fe es demostrada por la prueba y la persecución que demuestra lo que realmente está en su corazón. Muchos pensaríamos hoy en día que aquellos que “aceptan a Cristo” requieren de un trato super especial porque si no, no resistirán, pero en las primeras semanas se descubre quienes tienen verdadera fe y quienes no. Nos sentimos tristes cuando dejan de asistir porque alguien les vio mal, porque tuvieran problemas en el hogar o porque entran en graves conflictos por oraciones no respondidas, pero muchos de estos son de los que la semilla cae entre piedras.

Estos también representan a los cristianos que no oran, no leen la Biblia, que viven de la espiritualidad de otros, son superficiales en su relación con Dios; solo tropiezan y tropiezan.

3. Los que se ahogan entre espinos

La semilla que cae entre espinas crece un poco, pero la mala hierba y los espinos le roban el agua, la luz y el oxígeno (Mt. 13:7) Esto representan a los que oyen la Palabra, pero los negocios de la vida les preocupan demasiado y el amor por las riquezas les engañan, por ello el mensaje se ahoga y les impide dar frutos (Mt. 13:22). Las riquezas y los afanes se roban el tiempo, el dinero y la preocupación de ellos. El corazón de ellos está apegado a estas cosas, hay idolatría por las cosas vanas. Lamentablemente esta es la realidad de gran parte de los cristianos los cuales no tienen tiempo para buscar a Dios ni en lo público ni en lo privado, van poco al templo, muchas veces solo por cumplir o para obtener un beneficio emocional o social no para adorar realmente.

Puede que haya una buena intención, pero lamentablemente hay cosas que los drenan, los secan, les chupan la bendición y ellos lo permiten. Esta es la posición de los hermanos materialistas, de los que siempre trabajan y no descansan, de los que siempre están preocupados por lo que no tienen control, de los que viven para el deleite temporal, de los que algún día quisieran servir, evangelizar o tener tiempo para Dios, pero no ahora, ni mañana. Ellos lamentablemente no darán frutos.

4. Los productivos de la buena tierra

Hay una parte que cae en buena tierra, y estos son los que dan cosecha para Dios. Algunas espigas dan cien granos por semilla, otros sesenta y otros treinta (Mt. 13:8), hay diferentes grados de fructificación, pero lo importante es que dan frutos para Dios. Esto representa a quienes oyen el mensaje, lo entienden y dan una buena cosecha (Mt. 13:23).

Los productivos son los que escuchan, entienden la voluntad divina y la llevan a cabo haciendo que Dios se sienta satisfecho. El fin de la semilla es producir más semillas, por tanto ellos no solo son transformados sino que ellos mismos ganan otras almas para Dios. Estos están experimentando cambios en su vida, ellos tienen un crecimiento, ellos avanzan venciendo los obstáculos de las pruebas, estos no están atados por las preocupaciones o las riquezas, ellos son buenos mayordomos del tiempo, de las relaciones y el dinero. Tienen una fe firme, si bien, no son perfectos, tienen fallas, se levantan y vencen. Tienen frutos de servicio y obediencia fiel al Señor.

Conclusión

Podemos decir que afortunadamente tenemos a un labrador que puede preparar la tierra y hacer que nosotros quitemos las espinas y piedras, y así ser buena tierra. Pedro al principio era alguien superficial, de ánimo pronto pero arrastrado por el viento, pero Dios lo afirmó como roca. También estaba Marta que vivía afanada con muchos quehaceres pero vio la gloria de Dios al creer. Lamentablemente están los Judas que estarán en un templo pero no serán reales y los fariseos que simplemente no conocen a Cristo. Hoy en día nosotros medimos la espiritualidad de las personas por las apariencias, por si cumplen con leyes religiosas, pero al final de cuenta lo que Dios mira es si damos frutos o no. ¿Qué tipo de oidor eres tú? ¿Cómo oyes la Palabra? ¿cómo la recibes?

Otra enseñanza es que no debemos desanimarnos por las diferentes reacciones al mensaje porque al final cada persona dará cuenta de su vida. Más bien, debemos seguir orando para que Dios prepare las almas y sembrando por medio de la predicación.