Al igual que entre el sexto sello y el séptimo hay escenas intermedias, también hay un par de estas escenas entre la sexta trompeta y la séptima en el capítulo 10 y 11 que corresponden al ángel y el librito, y a los dos testigos. Ambas visiones tienen que ver con la proclamación de la Palabra en medio de tiempos de angustia.

La identidad del ángel

En esta Juan ve un ángel poderoso que baja del cielo envuelto en una nube, con un arcoiris en su cabeza, rostro brillante y piernas como columnas de fuego (v. 1). Algunos lo identifican con Jesús por descender en una nube, por el arcoíris que habla del pacto de Noé y por la gloria de su resplandor, por traer el rollo y rugir como león; pero es mejor identificarlo con “otro” ángel a menos que se piense que Jesús es representado como un ángel. Si bien en el A.T. Jesús aparece como el Ángel de Jehová, el N.T. Nos enseña que él es superior a los ángeles (Heb. 1:5-14).

Si este es un ángel poderoso es porque tiene un alto rango en la jerarquía angelical y por tanto su autoridad es grande para dar su mensaje. Él viene envuelto en la nube de la gloria de Dios y el arcoiris manifiesta a Juan que pese a los terribles juicios Dios sigue teniendo misericordia y guarda su pacto para salvar a quienes le temen. Las piernas como columnas de fuego colocadas con el pie derecho en el mar y el izquierdo (v. 2) en la tierra ponen de relieve que el juicio anunciado es firme y muy fuerte. El mar y la tierra se refieren al dominio universal sobre el que la predicación y el juicio abarcan.

Este ángel llevaba un librito abierto. Algunos sugieren que este rollo es algún escrito profético o el rollo que recibió el cordero que no tiene sellos y por eso está abierto. El ángel con el libro sobre el mar y la tierra representa a Dios reclamando todo lo que el diablo usurpó mediante ese título de propiedad que Jesús pudo abrir por su muerte en la cruz.

El rugido y el silencio

Él emitió un grito como de león y al hacerlo se oyeron 7 truenos que representa la voz de Dios (v. 3). El león es el rey de la selva y su voz es temible, resuena a lo lejos. El 7 representa perfección o plenitud y al acompañarlo confirman que el mensaje que se anunciará debe ponérsele mucha atención. Cuando Juan oyó la voz de estos siete truenos Juan iba a escribir pero una voz le dijo que no escribiera lo que oyó sino que lo guardara en secreto (v. 4). Recordemos que las cosas secretas pertenecen al Señor, más las reveladas son para nosotros y nuestros hijos. El libro del profeta Amós dice:

Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?

(Am. 3:7,8)

Esto implica que el mensaje era dado al profeta nada más, para su propia edificación. En Daniel 12:9 un ángel le dio un mensaje a Daniel y le dijo que las sellara (mantenidas en secreto) para el tiempo del fin, pues no le correspondía a su tiempo sino para la última generación. Pablo fue llevado al paraíso, donde oyó palabras tan secretas que a ningún hombre se le permite pronunciarlas (2 Co. 12:4).

El juramento

El ángel levantó la mano derecha (v. 5) y juró por el que vive para siempre que ya no habría más tiempo (dilación, tardanza) sino que al toque de la 7ma trompeta se cumplirá el designio secreto anunciado por los profetas (vv. 6,7). La séptima trompeta da inicio a las últimas plagas del día del Señor y se completará la salvación del pueblo de Dios.

Notemos que hay un juego de palabras entre las cosas secretas guardadas y las que en tiempo antiguo fueron dichas por los profetas antiguos como Isaías, Jeremías, Zacarías, etc. Estos son designios secretos o misterios ahora revelados en Cristo. Lo que Dios haría fue revelado a sus siervos los profetas (Am. 3:7) pero ahora quedaría consumado su cumplimiento al toque de la séptima trompeta, sin más dilación. Este mensaje sería de aliento para el pueblo sufriente de Dios pues él ejecutaría el juicio en breve y traería plena salvación. Dios juró y no se arrepentirá y al ángel así lo manifestó con solemne voz.

Come el rollo

Una voz ordenó a Juan tomar y comer el rollito (v. 8). El ángel le dijo que lo comiera y que le sabría dulce en la boca y amargo en el estómago (v. 9). Y así lo hizo Juan. Comer el rollo es semejante a la acción de Ezequiel (Ez. 3:1) al inicio de su ministerio, es un llamado a probar y anunciar lo dulce y amargo del juicio, para nosotros es esperanza y dolor mezclados. Para nosotros significa leer y meditar los mensajes proféticos y luego comunicarlo. Significa internalizar el mensaje del juicio final y sentir el dulce sabor de la liberación, la amargura de la ira y de la muerte que vendrán sobre la tierra.

En Ezequiel 1-3 el profeta fue llamado con la manifestación de la gloria de Dios y se le manda comer un rollo y predicar al obstinado pueblo de Israel. El contexto de Ezequiel es el cautiverio del profeta y los últimos días del reino de Judá que rehusaban arrepentirse. El paralelo es semejante, Juan está en cautiverio en una isla sufriendo persecución y según nos indican la trompeta 5 y 6 del capítulo 9 ni aún así la gente se arrepentía de su maldad. El profeta no es un espectador callado sino alguien que siente dolor y alegría, no es indiferente pues sabe lo que implica. Los profetas de Dios sufrieron por llevar el mensaje de juicio como Jeremías y Ezequiel la dureza del rechazo, la persecución y aún la muerte.

Entonces le dijeron a Juan que tenía que comunicar nuevos mensajes proféticos acerca de muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes (v. 11) y esto prepara el mensaje de la visión de los dos testigos que proclaman un mensaje en tiempos de gran tribulación. Juan proclama a nosotros mediante su libro de Apocalipsis lo que ha de acontecer pronto.

A veces los misterios de Dios se callan, siempre debemos comer lo revelado e ir a proclamar pues el tiempo es corto.